Perspectivas de Salud - La revista de la Organización Panamericana de la Salud
Volumen 9, Número 1, 2004
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El desafío de una "salud latina" en Estados Unidos

Como primera minoría en Estados Unidos, los hispanos son un grupo diverso, pero que comparte una herencia común que tiene un alto impacto en su salud.
 Latinos en los Estados Unidos

La maleta está llena de ilusiones, esperanzas de trabajo, educación para los hijos, dinero, tranquilidad, una tierra con promesas y oportunidades. Pero los latinos que llegan y echan raíces en Estados Unidos no sólo tienen en común sus sueños, sino también sus hábitos de vida, conductas, comidas, genes… su salud y sus patologías. Las comunidades no sólo se diferencian por rasgos físicos y culturales sino también por tener mayor incidencia de algunas enfermedades, menor predisposición a otras y distintas actitudes frente a lo que significa estar sano o estar enfermo.

Según proyecciones realizadas a partir del último censo, en 2002 vivían en Estados Unidos 38,8 millones de hispanos, lo que representa el 13% de la población (la primera minoría) y evidencia un crecimiento del 58% respecto de 1990. Para ponerlo en perspectiva, el número de hispanos en Estados Unidos supera a la población de Argentina (36,2 millones) y es mucho más de dos veces la de Chile (15,7 millones). En este escenario de explosión demográfica, California, Texas, Nueva York, Florida e Illinois –en ese orden– concentran el 70% de la población hispana. Mexicanos, puertorriqueños, cubanos y salvadoreños encabezan la lista de comunidades latinas en este país.

Al hablar de salud, ¿qué diferencia a la comunidad hispana de otras comunidades? El último censo registró que los latinos ostentan una mayor expectativa de vida respecto a otros grupos de población. Las mujeres latinas tienen una esperanza de vida de 83,7 años y los hombres de 77,2 comparado con 75,1 y 68,4 de los afroamericanos, y 80,1 y 74,7 de los blancos no hispanos. Lo curioso es que la comunidad latina tiene, en general, menos acceso a los servicios y cuidados de salud, bajo acceso a tratamientos (el 63% de los latinos que trabajan no tiene seguro) y a medicamentos de última generación, y el 22% vive por debajo de la línea de pobreza. Por supuesto, las cifras oficiales no incluyen a los indocumentados, para quienes la realidad se mira a través de otro cristal.

Como se explica en el libro "Latinos, remaking America", escrito por expertos de la Universidad de Harvard, "si bien se podría asumir que, por sus más bajos ingresos, los latinos tienen indicadores de salud adversos, en realidad ocurre lo contrario… Lo impredecible de la salud latina se refleja, por ejemplo, en los recién nacidos". Aunque las latinas tienen menos educación, ingresos más bajos y menor cuidado durante el primer trimestre del embarazo, sus bebés nacen con mejor peso. Esta "paradoja epidemiológica", como se la denomina, se refleja en múltiples indicadores.

Una clínica modelo para el pueblo
En pleno corazón de Adams Morgan, en Washington, D.C., está La Clínica del Pueblo. Enfrente, la iglesia del barrio tiene las puertas de su enorme salón habitualmente abiertas... [Más...]

Para René Rodríguez, jefe de Ortopedia del Hospital de Veteranos de Miami, Florida, y presidente del Colegio Interamericano de Médicos y Cirujanos, una de las explicaciones de este signo positivo es cultural: "El sentido de familia es lo que sostiene la salud de los latinos. Los vínculos familiares solidarios son esenciales para preservar la salud. Cuando una persona de origen hispano se enferma, toda la familia llega preocupada al consultorio o al hospital. Esa contención, ese apoyo, es esencia de vida".

Aunque los latinos se han ido arraigando en Estados Unidos por más de medio siglo, hacia fines de los 80 todavía no se sabía demasiado sobre sus características epidemiológicas. "Recién en 1989 se incorpora a los hispanos como un grupo aparte en las encuestas de salud –explica Jane Delgado, presidenta de la National Alliance for Hispanic Health–. Hasta ese momento no sabíamos cuántos nos moríamos ni de qué nos enfermábamos".

Desde entonces, los indicadores están un poco más claros. Por razones que se encuentran en causas tan diversas como el estilo de vida, las conductas, la nutrición, la fe, la familia, la genética y la comunidad, los hispanos –según estadísticas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC)– tienen mayor prevalencia de asma (especialmente los puertorriqueños), VIH y otras enfermedades de transmisión sexual, de obesidad y de enfermedad pulmonar obstructiva. A pesar de que comparten con otros grupos de población las dos primeras causas de muerte –trastornos cardíacos y cáncer– se diferencian en las que siguen inmediatamente en la lista: mueren más a causa de lesiones accidentales, accidentes cerebrovasculares, diabetes, cirrosis hepática y homicidios. De hecho, en Estados Unidos, los accidentes de tránsito son la principal causa de muerte entre los hispanos varones menores de 34 años.

Juan Romagoza dirige La Clínica del Pueblo en Adams Morgan, el barrio latino de Washington, D.C., desde su fundación en 1983, y ha sido testigo de un cambio importante en el perfil del inmigrante en su ciudad. Hasta comienzos de los 80, había un porcentaje mayor de personal diplomático y funcionarios de organismos internacionales, "con buena situación legal y buen inglés –explica–. Después, las guerras de Centroamérica desplazaron a miles de personas que fueron arrancadas de sus valles para llegar a distintas partes del país, y especialmente a la capital. Muchos de ellos vieron por primera vez a un médico en este país".

 Foto de Juan Romagoza, director de la "Clínica del Pueblo"

Juan Romagoza, director de La Clínica del Pueblo en Washington, D.C., explica los peligros del plomo en el agua a los participantes de una feria comunitaria de salud. (Fotos ©Armando Waak/OPS)

La clínica recibió en 2003 a 8.000 pacientes hispanos, el 86% de ellos de origen salvadoreño. "Los inmigrantes que llegaron en los 80 no percibían la salud como un valor, su principal objetivo era sobrevivir. A la vez, no eran aceptados por el sistema de salud. Pero, poco a poco, la comunidad comenzó a organizarse, a hacer valer el "boca a boca" –una herramienta esencial de difusión entre la comunidad hispana – y hoy tenemos ferias de salud a las que asisten más de 500 personas", cuenta.

A partir de su experiencia, Romagoza asegura que los trastornos emocionales y la violencia de las pandillas están entre los principales problemas de salud que afectan hoy a la comunidad latina. Y el gran desafío es que incorporen la prevención y los exámenes médicos periódicos como un sinónimo de salud. "El latino tiene el concepto fatalista de que a veces es mejor no saber –opina–. Por eso, muchos llegan al servicio de salud después de haber pasado por terapias alternativas ineficaces, o cuando el mal ya es irremediable".

Un grupo heterogéneo pero semejante
¿Qué es ser latino? ¿Qué significa? Las respuestas serían diferentes en boca de un dominicano, un panameño, un colombiano, un argentino, un hondureño, un brasileño. Es que la fuerza de las estadísticas obliga a agrupar. Pero lo curioso es que esta agrupación, en el caso de los hispanos, también define una identidad... [Más...]

Un ejemplo de la afirmación anterior está presente en el informe 2001 de la Sociedad Americana del Cáncer. El capítulo sobre el uso reportado de las pruebas de detección temprana muestra que el 54% de las hispanas se realiza mamografías, comparado con el 59,5% de las blancas no hispanas y el 59,4% de las afroamericanas. En el caso del examen clínico de los senos, la diferencia es mayor: 59,9% contra 68% y 67% respectivamente. Diferencias similares se presentan en los exámenes preventivos de cáncer de cuello uterino; y de colon, recto y próstata en el caso de los hombres.

Otro elemento que juega en contra de la prevención es el pensamiento mágico que impera en muchos grupos latinos, la idea de que "dentro de la comunidad no hay riesgo". Un terrible principio para, por ejemplo, las enfermedades de transmisión sexual.

La atención de salud implica un puente entre culturas, en el que el médico tiene que interpretar las necesidades del paciente en su contexto. "Debemos ampliar los servicios para hispanos teniendo en cuenta el lenguaje y las cuestiones culturales", remarca la congresista por California Hilda Solís.

"También se debe realizar más investigaciones sobre la salud de los latinos mayores en este país", agrega.

 Latinos en los Estados Unidos

El último informe de la National Alliance for Hispanic Health –Genes, Cultura y Medicinas: cerrando brechas en el tratamiento para los hispanoamericanos– destaca que hay enormes disparidades en los tratamientos. Un ejemplo: el 55% de los pacientes hispanos que llegan a una emergencia con fracturas, en su mayoría adultos mayores, no recibe medicación para paliar el dolor, contra el 26% de blancos no hispanos. Lo mismo ocurre con medicamentos para postoperatorios, remedios para el corazón y drogas contra el VIH.

El reporte remarca también que el 43% de los hispanos informa al menos tener un problema de comunicación con su médico, comparado con el 33% de los afroamericanos y el 16% de los blancos no hispanos, lo que representa un gran obstáculo a la hora de describir un síntoma o prescribir un tratamiento. Parte del problema es, como indicó la Comisión Sullivan que investigó el rol de las minorías en los cuidados de salud, que, a pesar de que los afroamericanos e hispanoamericanos representan casi el 25% de la población del país, sólo el 6% de los médicos en ejercicio son de esos orígenes.

"Incluso las medicinas deben ser recetadas de distinta forma –explica Jóxel García, director adjunto de la Organización Panamericana de la Salud (OPS)–. Además, muchos latinos, y no sólo los indocumentados, no van al médico porque temen a las preguntas que les hacen para construir su historia clínica y, por eso, llegan a la sala de emergencia en caso de necesidad extrema en vez de tener proveedores de salud regulares. Por eso, es necesario que los médicos tengan una competencia cultural para lidiar con esta diversidad, ya que somos de todos los colores, de todos los países, somos primera, segunda y tercera generación de inmigrantes; y todos esos componentes definen nuestra salud".

Comunicar es mucho más que traducir. Por esa razón, para García, el trabajo técnico de la OPS es esencial para cambiar positivamente los indicadores de salud de los latinos en Estados Unidos: "La OPS puede iluminar con conocimiento técnico acerca de las mejores prácticas de salud que han tenido éxito en nuestras comunidades de origen".

Uno de estos objetivos es acercar al latino a la consulta. Según el informe 2003 de la Commonwealth Fund, sólo el 69% de los adultos hispanos con problemas de salud hace al menos una visita médica durante el año, comparado con el 83% de blancos no hispanos y el 84% de afroamericanos. Por supuesto, además de derribar las barreras culturales, todos los expertos consultados aseguran que el camino es lograr que más hispanos accedan a una cobertura médica.

Y, al parecer, esta problemática se profundiza en las ciudades de frontera. Un estudio de los CDC conocido en marzo de 2003 reveló que sólo el 47% de las mujeres hispanas que viven en ciudades a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México se había hecho un Papanicolau, o exámenes para detectar cánceres de mama y de cuello uterino. El trabajo también reveló que cerca del 61% de las mujeres hispanas que viven en estas áreas tiene un ingreso familiar anual de 15.000 dólares o menos; que más de la tercera parte de las familias vive por debajo del nivel de pobreza; y que la tasa de desempleo es de 2,5 a 3 veces más alta que en el resto del país.

Según una encuesta de la Hispanic Federation realizada en junio de 2003 entre 800 adultos hispanos residentes en Nueva York, la falta de seguro médico es el principal problema que encara la comunidad latina. Este trabajo también resaltó dramáticamente la vulnerabilidad de los hispanos frente al VIH: el 54% de los encuestados conocía a alguien (de origen latino) que se había infectado o que había muerto a causa del sida. La baja conciencia de riesgo apareció como uno de los principales problemas.

El mosaico es complejo. Otro de los puntos críticos en el que no cuentan los genes es la salud ocupacional, según indica Elena Ríos, presidenta de la National Hispanic Medical Association. "De 1992 a 2001, 6.800 hispanos, muchos de ellos trabajadores de la construcción mexicanos, murieron mientras trataban de ganarse la vida. La tasa de mortalidad para los latinos en esta área fue del 15%, un porcentaje notoriamente mayor al de otros grupos de población", dice en un artículo para La Prensa de San Diego.

Para Jane Delgado, la salud de los latinos en Estados Unidos está configurada por tantas influencias interrelacionadas y cambiantes que la necesidad de comprenderlas bien es esencial para proteger los aspectos positivos, y reducir los negativos, del perfil de salud latino.

"Quizá por el instinto de supervivencia –explica Delgado–, la primera generación de inmigrantes que llega al país es más fuerte, en términos de salud, que la primera que nace aquí. Pero aquellos valores fundamentales del inmigrante, su sólido sentido de comunidad y de familia, no pueden perderlos las nuevas generaciones porque se trata de valores que también garantizan la salud".

Paula Andaló es periodista del Área de Información Pública de la Organización Panamericana de la Salud, en Washington, D.C.


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