Primera palabra
Encarar la tragedia con la verdad
Arrolladores muros de agua destrozaron la vida de decenas de miles de habitantes de una inmensa franja de tierra del sur de Asia. El impacto y las repercusiones de un poderoso maremoto y un tsunami causaron sufrimientos indecibles entre los hombres, mujeres y niños de esa región. Fue un final trágico para el año 2004. Sin embargo, pudimos ver lo mejor del alma humana cuando el mundo se unió para ayudar a los sobrevivientes. Este número de Perspectivas de Salud está dedicado a la gente del tsunami: a los que murieron, a los que perdieron a sus seres queridos, y a los miles que acudieron para ayudar a los sobrevivientes a reconstruir sus vidas.
Los expertos en socorro y los especialistas en salud pública respondieron como siempre ante un desastre —con una voluntad inquebrantable para hacer cuanto fuera necesario a fin de atender a los afectados, reconstruir los establecimientos sanitarios y acumular conocimientos para que en futuras ocasiones sean menos quienes tengan que sufrir estas penurias. Nosotros, aquí en las Américas, sabemos de qué se trata porque hemos sido testigos de terremotos en América Central, de erupciones volcánicas que azotan la costa del Pacífico, y de huracanes que destruyen islas y zonas costeras desde el Caribe hasta el litoral oriental de Estados Unidos.
Antes de que el desastre azotara el sur de Asia, nuestro artículo principal, "Desastres: mitos que no mueren", ya estaba en preparación. Su propósito es aclarar las repetidas imprecisiones que surgen después de cada desastre —no sólo en defensa de las bases científicas, sino también porque estos mitos pueden generar medidas sin fundamento científico que aumentan el sufrimiento de los sobrevivientes.
En una región tras otra, y cada vez que ocurre un desastre, las notas en los medios de comunicación siguen el mismo esquema. Comienzan con notas sobre el impacto inicial, después viene el recuento de las víctimas en el lugar de la tragedia. Parece inevitable que a continuación se publiquen artículos escritos por periodistas, que sin duda tienen buenas intenciones, para alertar sobre el peligro de los cadáveres y sobre las enfermedades que supuestamente transmiten. Estas notas suelen incluir citas de funcionarios que explican la urgencia de eliminar los cadáveres lo más rápido posible. Después de cada desastre, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) recuerda a la población que los cadáveres no causan enfermedades y exhorta a quienes se encuentran en el sitio de la tragedia a dejar de lado los mitos y encarar la realidad: sobrevivientes que buscan ansiosamente entre los escombros a sus seres queridos, con la esperanza de encontrarlos vivos o para sepultarlos como se merecen, de acuerdo con sus creencias. Muy a menudo sus esperanzas se esfuman en el anonimato de una fosa común.
La cobertura mediática inicial del tsunami del sur de Asia no fue diferente. En respuesta, la OPS publicó un comunicado de prensa en el cual se destacaba que el miedo a los cadáveres no tenía fundamentos científicos, y que la amenaza de enfermedad provenía principalmente del agua contaminada y de las precarias condiciones de vida resultantes del desastre. Más de 500 medios de comunicación de todo el mundo publicaron el comunicado. El resultado fue un cambio apreciable en la cobertura realizada por los medios y una marcada disminución de los artículos acerca de los cadáveres como fuente potencial de epidemias. Los socorristas y las autoridades todavía debían hacer frente a las dificultades planteadas por el gran número de cadáveres, pero los temores infundados parecían haberse disipado, y para la población afectada era un foco menos de angustia.
Nuestro artículo principal aborda otros mitos relacionados con los desastres, como por ejemplo, la idea de que cualquier tipo de ayuda es útil siempre y cuando sea inmediata. Según se señala en nuestro artículo, la OPS ha tratado de disipar este tipo de mitos durante casi 20 años. Así como deseamos que el mundo nunca vuelva a ver otro desastre, esperamos que estos mitos finalmente desparezcan. Nuestra meta es colaborar para lograr que los esfuerzos bien intencionados culminen en buenos resultados.
Como siempre, Perspectivas de Salud agradece las ideas, sugerencias y comentarios de nuestros lectores. Una de nuestras metas es que esta revista sea un foro para el debate y el diálogo. En este nuevo año, que comenzó de manera tan trágica, les deseamos a todos buena salud.
Bryna Brennan
Gerente de Área, Información Pública, OPS
