

¿Por qué la esperanza de vida de los niños varía tanto en la región de las Américas?
Washington, DC, 11 de julio de 2002--Al nacer, un niño haitiano tiene una esperanza de vida de 53 años, mientras a un canadiense le quedan 79 por delante. Estas diferencias a veces se expresan al interior de los países, con zonas geográficas donde la mortalidad infantil alcanza 130 por cada 1.000 nacidos vivos. Aunque los indicadores generales de salud han experimentado una mejoría en las Américas, las causas de estas desigualdades siguen siendo un reto para la salud pública de la región.
"Diversos análisis indican que tras las inquietantes distancias entre diversas áreas geográficas y grupos de población subyacen, entre otras causas, marcadas carencias en aspectos cruciales para la salud pública. El acceso a agua potable, instalaciones sanitarias, alcantarillado y energía eléctrica es limitado para amplios sectores. Ello crea factores de riesgo de mucho peso en la salud. Se estima que 130 millones de personas carecen de agua potable. Por otra parte, el costo del agua para los pobres es mucho mayor que para las clases medias y altas", dijo Bernardo Kliksberg, del Banco Interamericano de Desarrollo, en un estudio publicado en la Revista Panamericana de Salud Pública de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
La esperanza de vida en la región desciende desde 74 a 79 años en países como Estados Unidos, Uruguay, Cuba, Costa Rica, Panamá, hasta 54 a 62 en Haití y Bolivia, según estadísticas de la OPS.
Sólo con respecto a la tasa de mortalidad infantil en el año 2000, la media va de un mínimo de 5.3 defunciones por 1.000 nacidos vivos en Canadá a 80 en Haití. Esto significa que la probabilidad de morir de menores de un año en el país con peor situación es 15 veces mayor que en el país con mejor situación. Aun así, 14 de 18 países alcanzaron la meta propuesta de Salud para Todos en el Año 2000 de reducir los niveles de mortalidad infantil por debajo de 30 por 1000. Sin embargo, los promedios así presentados suelen enmascarar o representar erróneamente una situación que no da cuenta de importantes diferencias que están ocurriendo al interior de los países, consta en un estudio del Programa Especial de Análisis de Salud de la OPS.
El análisis de causas tiene que incluir una mirada al entorno y a los determinantes biológicos, socioeconómicos y culturales de la sociedad. Las características demográficas y socioeconómicas de una población son factores determinantes de sus condiciones de vida. El estudio del Programa Especial de Análisis de Salud muestra cómo "en unidades subnacionales del Perú se observa una relación inversa entre la tasa de mortalidad infantil [TMI] y la proporción de población con acceso a agua potable, con correlaciones de -0,65 y 0,66 respectivamente. La correlación negativa indica que la TMI se reduce a medida que incrementa el acceso a agua potable".
Las diferencias en la esperanza de vida tienen una relación directamente proporcional con la falta de equidad en el acceso a la atención médica y con la pobreza y todas sus implicaciones, tanto a escala regional como nacional.
La falta de agua potable y de instalaciones adecuadas de eliminación de excretas es esencial en todo orden de riesgos para la salud, en particular para la población infantil, entre otras expresiones, a través de las infecciones intestinales. En 11 países de la Región la diarrea es una de las dos principales causas de muerte en niños de menos de un año. Asimismo, las carencias de agua potable facilitaron la extensión del cólera en los años noventa, que en tres años causó 811.000 casos, dice Kliksberg.
También se detectan en la Región grandes problemas alimentarios con importantes repercusiones en la salud. Un informe conjunto de la OPS y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) señaló que "se observa en casi todos los países de la región un incremento en enfermedades no transmisibles crónicas asociadas con alimentación y nutrición". El informe puntualizó que "las medidas de ajuste implementadas por los países han afectado la disponibilidad nacional de alimentos y han tenido repercusiones negativas sobre el poder de compra de los grupos más pobres, amenazando la seguridad alimentaria".
Los factores anteriores causan riesgos considerables para la salud de diversos sectores de la población. A su vez, la cobertura de salud es restringida para los sectores más afectados por esos factores de riesgo. La OPS ha estimado que 130 millones de latinoamericanos carecen de acceso regular a servicios de salud.
Por otra parte, persisten diferencias marcadas entre los países. En los de ingreso más alto, el gasto nacional en salud promedio representa más del 10% del Producto Interno Bruto (PIB) y en términos per cápita supera los 1.600 dólares estadounidenses anuales, mientras que en los de ingreso mediano y bajo es inferior a US$ 90 y US$ 35, respectivamente, lo que representa cerca del 6% del PIB. En términos generales, los países con mayor ingreso por habitante gastan 45 veces más en salud que los de menor ingreso, especificó la OPS.
"Además, se observa que tanto la accesibilidad como la cobertura y la disponibilidad de atención médica disminuyen al reducirse el PIB per cápita. Esta situación también es apreciable en las diferencias según la residencia de la población. En algunos países en desarrollo, solo de 5% a 10% de los trabajadores tienen acceso a los servicios de salud ocupacional, en comparación con 20% a 50% en los países industrializados", puntualizó la OPS en su publicación sobre Orientaciones estratégicas y programáticas 1999-2002.
La OPS, que funciona como la Oficina Regional para las Américas de la Organización Mundial de la Salud, fue establecida oficialmente en 1902 y es la organización de salud más antigua del mundo, trabaja con todos los países de las Américas para mejorar la salud y elevar los estándares de vida.
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