Perspectivas de Salud
La revista de la Organización Panamericana de la Salud
Edición Especial del Centenario
Volumen 7, Número 2, 2002

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La próxima revolución
¿Quién está preparado? ¿Quién no?
por Juan Enríquez and Rodrigo Martínez

La genómica está revolucionando la salud y la medicina. Pero sólo los países que preparen a sus ciudadanos para que participen en esta revolución podrán cosechar sus incalculables frutos.

 Illustration Imagínese sentado en un café al aire libre en una ciudad europea, bebiendo té y charlando sobre el futuro con algunos amigos. Ahora imagine que es el 12 de octubre de 1492, el día en que Cristóbal Colón desembarcó en América y la historia del mundo cambió para siempre. Aunque hubieran escuchado sobre este acontecimiento, usted y sus amigos tendrían poca idea de su significado o de sus implicaciones descomunales para el futuro. No obstante, si usted lo entendiera, aunque fuera en parte y pudiera actuar basándose en lo que supiera se beneficiaría considerablemente.

Algo similar está sucediendo hoy, en los albores del siglo XXI. Desde el 12 de febrero de 2001, cualquier persona puede acceder a través de Internet al genoma humano, el mapa del código de genes que nos hace humanos. Sin embargo, pocos de nosotros entendemos lo que significa el poder tener acceso a él. Aquellos que sí lo entiendan - individuos, países, regiones - obviamente estarán en condiciones ventajosas para cosechar los frutos de esta revolución.

La genómica revolucionó las ciencias de la vida a tal punto que cambiará nuestra visión del mundo y el modo en que vivimos. Ya ha tenido repercusiones importantes en la agricultura y la ganadería, pero su influencia se extenderá pronto a practicamente toda la industria: desde los productos químicos y la energía hasta los seguros, los cosméticos y las fuerzas armadas se verán afectados. Sin embargo, ningún cambio será más intenso que el que experimentarán la medicina y la salud.

Gracias a la genómica, estamos comenzando a aprender mucho acerca de nosotros mismos, aunque todavía ignoramos el significado de la mayor parte de la información genética y de las funciones que desempeñan muchos de los genes. Cuando hayamos aprendido más, ¿qué sucederá? La atención de la salud pasará de ser reactiva a ser preventiva. Gradualmente, los médicos y los técnicos se volverán expertos en interpretar probabilidades en lugar de síntomas. Conocerán nuestra predisposición a padecer ciertas enfermedades y sabrán lo que debemos hacer para prevenir su aparición, así como también posibles efectos secundarios a ciertos fármacos. Llevaremos tarjetas de identificación genética y consumiremos medicamentos cada vez más personalizados. Por consiguiente, la relación entre el costo de médicos y el de medicinas, que actualmente es 9:1, podría cambiar notablemente a cerca de 1:1 en los próximos 25 años. Las cirugías no serán tan necesarias. Tendremos una vida mucho más larga y gozaremos de mejor salud.

Actualmente, podemos ver estos cambios fundamentales en proceso. Empresas de biotecnología están elaborando biochips de silicón con ADN (ácido desoxirribonucleico) incrustado capaces de hacer pruebas sobre miles de enfermedades genéticas. Con el tiempo, estos microcircuitos del tamaño de una moneda podrán detectar casi todas las enfermedades y los defectos de origen genético. Es de preverse que la genómica también estimule nuevas vías de administración de los "remedios". Los bienes de consumo tales como los jabones, los champús, los cosméticos, los aerosoles, los alimentos y las bebidas podrían proporcionarnos las dosis diarias de medicamentos. Los productos para la salud formulados genéticamente podrían venderse en los supermercados y en los clubes deportivos, no sólo en hospitales y farmacias.

Beneficios de los genes
Estos acontecimientos, con sus futuros beneficios, están ocurriendo principalmente en las naciones más ricas del mundo. Pero los países en desarrollo no deben aislarse de la revolución de las ciencias de la vida. La genómica, al ayudarnos a trazar los mapas de los microbios y los virus, nos enseñará más acerca de las enfermedades y las epidemias que azotan al mundo en desarrollo y nos ayudará a idear tratamientos más eficaces.

Ya son más de 250 millones las personas en el mundo que se han beneficiado por los 130 fármacos y vacunas producidas por las empresas de biotecnología, según la Organización de la Industria Biotecnológica. Y actualmente, hay más de 350 productos biotecnológicos y vacunas en desarrollo. En tanto, la computación y la bioinformática - el uso de software para facilitar el descubrimiento de medicamentos - prometen seguir acelerando los adelantos en materia de fármacos, que beneficiarán por igual a los países ricos y pobres.

Aunque se reconoce ampliamente el potencial que tendrán los cultivos genéticamente modificados para favorecer a los países más pobres, una esfera igualmente importante de la genómica para los países ricos y pobres es la convergencia entre alimentos y medicinas. Así como los cultivos se pueden alterar genéticamente para que sean resistentes a los insectos o aumenten su valor nutritivo, también se pueden alterar para darles determinadas cualidades medicinales.

Por ejemplo, algunas compañías agroindustriales están aprovechando las cualidades excepcionales del brócoli italiano silvestre para combatir el cáncer y alterando las variedades comerciales del brócoli para que tengan esas propiedades. Otros están trabajando en un maíz modificado genéticamente capaz de atacar las células cancerígenas, combatir la osteoporosis y reducir enfermedades del corazón.

En otros países, hay investigaciones en curso para reprogramar los genes de ciertas frutas y hortalizas y convertirlos en vacunas contra el tétanos, la difteria, la hepatitis B y el cólera. Para deleite de los niños del mundo, recibir una vacuna pronto podrá ser cuestión de comerse una manzana, un plátano o una papa, en lugar de tener que inyectarse.

Esta convergencia entre el sector agropecuario y la medicina no se limitará a las plantas. Algunas empresas de biotecnología ya están diseñando genéticamente cabras que producen leche con proteínas y anticuerpos que combatan enfermedades humanas, incluyendo el cáncer. Y otras empresas buscan más recursos de avanzada: están tratando de producir antígenos en la saliva de mosquitos para que estos se conviertan en vacunas vivas contra una serie de enfermedades.

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