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Prevención de Brotes de Sarampión en Personas Desplazadas

A pesar del gran progreso logrado en las Américas al reducir la incidencia del sarampión, esta enfermedad sigue circulando en ciertos países de las Américas y en la mayoría de los otros países del mundo. La reciente emergencia de salud pública que tuvo lugar en América Central provocó el desplazamiento de muchas personas, especialmente en Honduras y Nicaragua.

Muchos seres humanos desplazados se congregaron en campamentos en búsqueda de protección contra los elementos y de nutrición básica. La experiencia ha revelado que, debido a la elevada densidad demográfica de los campamentos, las personas que residen en ellos están en alto riesgo de contraer enfermedades infecciosas, como el sarampión. Es más, el creciente arribo en Centroamérica de grandes números de personal que se ocupa de operaciones de socorro incrementa el riesgo de importar virus de sarampión. Muchos de los trabajadores de salud pública que están llegando a la región proceden de regiones del mundo donde el sarampión sigue siendo endémico.

En ocasiones anteriores se habían notificado altísimas tasas de mortalidad vinculadas con el sarampión en personas desplazadas que se alojaban en campamentos. La mortalidad por sarampión es, sin embargo, prevenible, y en los programas de alivio de urgencia deberá asignarse alta prioridad a la inmunización contra la enfermedad. No cabe duda de la necesidad de hacer todo lo posible para prevenir brotes de sarampión en los campamentos donde residen personas desplazadas.

El grupo con mayor riesgo de muerte por sarampión está constituido por los niños menores de un año de edad. En general, los anticuerpos maternos que protegen contra el sarampión comienzan a desaparecer entre los seis y los nueve meses de edad. Por lo tanto, se recomienda reducir la edad de aplicación de la vacuna antisarampionosa a seis meses de edad en los campamentos. Los lactantes vacunados antes de los 12 meses de edad deben recibir una segunda dosis de la vacuna después de cumplir su primer año de vida.

Si bien es cierto que la mayoría de los centroamericanos de 2 a 20 años de edad probablemente ya fueron vacunados en campañas de erradicación del sarampión, es probable que algunos hayan escapado a la vacunación y que otros, aunque vacunados, por una razón u otra no han respondido a la vacuna y siguen siendo susceptibles a la enfermedad. El fuerte brote de sarampión que ocurrió recientemente en Brasil indica que puede existir un número relativamente grande de adultos jóvenes en América Latina que no son inmunes al sarampión. Los adultos jóvenes que viven en las condiciones habituales de un campamento de personas desplazadas pueden encontrarse en alto riesgo de contacto con el virus del sarampión. La mayoría de las personas nacidas antes de 1960, sin embargo, probablemente padecieron naturalmente la enfermedad y no necesitan vacunarse. Por las razones expuestas, se justificaría la administración indiscriminada de la vacuna antisarampionosa a los lactantes, niños, adolescentes y adultos jóvenes que residen en campamentos de personas desplazadas.

Con base en lo anterior, se presentan las siguientes recomendaciones específicas:

  1. Los programas de alivio deberán basarse en información fiable sobre salud y nutrición y deberán centrarse en la provisión de refugio, alimentos, agua, saneamiento y programas de salud pública apropiados para evitar la morbilidad y la mortalidad por diarrea, sarampión y otras enfermedades transmisibles, especialmente en los niños pequeños y las mujeres.

  2. Para prevenir brotes de sarampión, deberá administrarse la vacuna antisarampionosa a todas las personas de 6 meses a 35 años de edad que estén viviendo en campamentos para desplazados. La vacuna debe ser administrada tan pronto ingresen al campamento o a asentamientos humanos organizados. El hecho de estar vacunado o haber padecido ya la enfermedad no constituyen contraindicaciones para recibir una nueva vacuna.

  3. Deberá vacunarse contra el sarampión, como medida preventiva general, a todo el personal de salud pública de urgencia, tanto nacional e internacional, independientemente de la edad.

  4. Las opciones preferentes son la vacuna contra sarampión-rubéola (MR) o sarampión-parotiditis-rubéola (MMR). Si no se dispone de ninguna de ellas, podrá administrarse la vacuna antisarampionosa con un solo antígeno.

  5. El hecho de que haya un brote de sarampión en un campamento de personas desplazadas no es una contraindicación para realizar una campaña de inmunización. Por otra parte, puede reducirse la mortalidad y morbilidad en los niños con sarampión clínico administrando altas dosis de vitamina A.

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