Sin la esperanza real
de salir adelante,
la juventud tiene poco
incentivo para invertir en
su propia educación y
evitar caer en algunos de
los hábitos dañinos
que podrían adquirir
durante la adolescencia.(OPS, 1998)
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En el pasado, las políticas oficiales
descartaban con demasiada frecuencia
a la población adolescente,
y sólo le prestaban atención cuando sus
comportamientos perturbaban a los
grupos de mayor edad. En comparación
con los niños y los ancianos, los
adolescentes sufren de pocos
trastornos que amenacen su vida. La
adopción de algunos hábitos que
tienen consecuencias negativas para la
salud a largo plazo —tales como el
tabaquismo, el consumo de drogas
adictivas, y la actividad sexual sin protección contra el
riesgo de infecciones de transmisión sexual (ITS) y el VIH/sida— no
causa, por lo general, morbilidad o mortalidad durante el
período mismo de la adolescencia, sino que sus efectos y
costos se evidencian más adelante en la vida. Así, cuando
las sociedades han de tomar decisiones sobre cómo invertir
los recursos de salud, generalmente asignan escasa
importancia a la población adolescente, a pesar de que,
después de la infancia temprana, la adolescencia es la
etapa más vulnerable hasta que se llega a la vejez.
Otro aspecto determinante lo constituyen los programas
de ayuda al adolescente que funcionan en los países
de América Latina y en otras partes del mundo. La atención
que el adolescente recibe normalmente, si recibe
alguna, se centra con frecuencia en comportamientos
problemáticos muy específicos, cuando éstos
están bien arraigados. Como los programas de prevención
son relativamente raros, en su lugar se desarrollan programas
de "atención terciaria", los que intentan enmendar
algo que está demasiado estropeado (Barker and Fuentes,
1995).
Resulta significativo que esos esfuerzos terciarios
se concentren usualmente en conductas problemáticas
aisladas, tales como el embarazo prematuro, el abuso de
drogas o la criminalidad, sin utilizar el enfoque holístico
orientado hacia el adolescente, su familia, su entorno
y el contexto general en que ocurre el comportamiento.
Tareas para el desarrollo integral de los y las adolescentes
Así como sucede en todas las etapas de la vida, la adolescencia
conlleva algunas tareas claves que aprovechan
un desarrollo exitoso de fases anteriores. Puesto que la
adolescencia es el período de transición entre la niñez y la
edad adulta, todas las tareas de ese período han de estar
dirigidas a completar tal transición. La adolescencia es la
etapa en que el individuo debe hacer frente a las tareas de
establecer una identidad personal satisfactoria y de forjar
lazos interpersonales fuera de la familia, tareas que
incluyen formar pareja, aprender a controlar de manera
responsable la sexualidad en desarrollo, y promover adecuadamente la capacidad de viabilidad económica a
través de la educación, las actitudes y los hábitos. La
familia del adolescente, sus pares, el vecindario, la escuela
y otros grupos pueden ayudar a realizar estas tareas,como
pueden crear obstáculos que muchos jóvenes no pueden
superar por sí mismos. Leer más
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