La adolescencia es la
etapa en que el individuo debe hacer frente a las tareas de
establecer una identidad personal satisfactoria y de forjar
lazos interpersonales fuera de la familia, tareas que
incluyen formar pareja, aprender a controlar de manera
responsable la sexualidad en desarrollo, y promover adecuadamente la capacidad de viabilidad económica a
través de la educación, las actitudes y los hábitos. La
familia del adolescente, sus pares, el vecindario, la escuela
y otros grupos pueden ayudar a realizar estas tareas,como
pueden crear obstáculos que muchos jóvenes no pueden
superar por sí mismos
Publicaciones relacionadas
|
.gif) |
Las organizaciones y programas internacionales que trabajan en las áreas de salud reproductiva
(SR) y prevención del VIH entre los jóvenes han comenzado a reconocer la
importancia de hacer que los jóvenes participen en todos los aspectos de la programación. En
la Conferencia Internacional sobre el Sida (2002) que se realizó en Barcelona, España,
Peter Piot, el Director Ejecutivo del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre
VIH/sida (ONUSIDA) declaró: “Estamos trabajando con la gente joven y no para la gente
joven”. La declaración de Piot ilustra un cambio gradual de paradigma: en lugar de tratar a la
gente joven como si fueran un problema, deben considerarse miembros competentes de una
comunidad con capacidades y recursos.
Los programas utilizan muchas estrategias diferentes para lograr que los jóvenes participen.
En el pasado, la participación juvenil generalmente incluía la educación entre pares, juntas
asesoras de jóvenes y grupos de enfoque de jóvenes. En años recientes, las organizaciones se
han esforzado para integrar a los jóvenes en la programación, e incluso a trabajos en las áreas
de defensa, liderazgo y evaluación. La Organización Mundial de la Salud aconseja que los
jóvenes deben participar desde el inicio como aliados integrales y activos en todas las etapas,
desde la conceptualización, el diseño, la implementación y la retroalimentación, hasta el
seguimiento.
Así como sucede en todas las etapas de la vida, la adolescencia
conlleva algunas tareas claves que aprovechan
un desarrollo exitoso de fases anteriores. Puesto que la
adolescencia es el período de transición entre la niñez y la
edad adulta, todas las tareas de ese período han de estar
dirigidas a completar tal transición.
La participación de los adolescentes puede verse como un medio para lograr un fin, o como
un fin en sí mismo. UNICEF y otros organismos hacen hincapié en la participación de los
jóvenes como un derecho básico. Si se diseña un programa para beneficiar a la gente joven,
ellos deben tener injerencia y participación directa en la forma en que se desarrolla y administra.
Otros ven la participación de la juventud como un medio para contribuir al logro de las
metas de programas para la gente joven o la comunidad. Con el fin de evaluar esta meta, los
investigadores buscan pruebas para demostrar que hacer que los jóvenes participen en los programas,
puede conducir a resultados más categóricos. En los campos de la salud reproductiva
y el VIH/sida, la meta es demostrar que una mayor participación de los jóvenes puede llevar
a mejores resultados en cuanto al conocimiento, las actitudes, destrezas y conductas.
Muchos analistas consideran que ambos puntos de vista son igualmente importantes. Si
bien un enfoque basado en los derechos es el fundamento de la participación de los jóvenes,
su participación también debe lograr mejoras en los resultados del programa con el
fin de justificar el tiempo del personal y los recursos financieros invertidos.
* Este texto ha sido extraido de la Guía para la Participación de los Jóvenes: evaluación, planificación e implementación elaborada por YouthNet/Family Health International y la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Leer más
|