 Por el bien de los niños
Peligro inminente
 Niños de Glicério juegan ante la cámara del fotógrafo. | Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de las Naciones Unidas, 117 millones de niños viven en condiciones de pobreza. En su mayoría viven hacinados, en viviendas precarias y en vecindarios sin la infraestructura mínima. Por consiguiente se ven expuestos a infecciones respiratorias y del tracto intestinal, y a la diarrea, enfermedades que figuran entre las principales causas de defunción de niños menores de cinco años en la región.
La falta de sitios para jugar, de actividades formales de recreación y, a menudo, hasta de acceso a la escuela, exponen a los niños pobres a otra serie de riesgos ambientales. Entre estos se cuentan accidentes, como caídas, accidentes de tránsito, electrocución y asfixia, que sólo en Brasil causan 100.000 muertes infantiles al año, según notifica el grupo religioso Pastoral da Criança. La pobreza también aumenta los riesgos de exposición a la violencia, lo que incluye balas perdidas, abuso doméstico y homicidios.
Estos problemas son particularmente graves en las ciudades. "Los niños generalmente juegan en las calles porque no tienen otro lugar adonde ir —comenta Katia Edmundo, del Centro para la Promoción de la Salud (CEDAPS), una organización no gubernamental con sede en Río de Janeiro, la segunda ciudad de Brasil—. También hay casos de niños que permanecen todo el día encerrados porque sus padres temen la violencia de las calles, pero tienen que ir a trabajar y no pueden pagar una guardería".
Sin embargo, hay indicios de que la situación ha cambiado un poco durante el último decenio. Según el Centro Panamericano de Ingeniería Sanitaria y Ciencias del Ambiente (CEPIS), la cobertura de alcantarillado sanitario en la región aumentó del 66% de la población, en 1990, al 79% en 2000, mientras que la distribución del agua potable pasó del 80% a 85% en ese mismo período. Estas mejoras contribuyeron a la disminución de la mortalidad infantil y de la mortalidad de niños menores de 5 años en toda la región en la última década.
Brasil es uno de los países que logró una mayor reducción. La mortalidad de niños menores de 5 años bajó de 64 por 1.000 nacidos vivos en 1994, a 45.2 por 1.000 en 1999. En comparación, Colombia alcanzó una tasa más baja de 34 por 1.000 en 1999, pero había empezado con una tasa de 42 por 1.000 en 1994. Entre los principales factores que han contribuido al mejoramiento están el mayor acceso al agua potable y las iniciativas para la promoción de la salud, introducidas en 1991 e intensificadas considerablemente en los últimos siete años. El aumento en la matrícula escolar también ha ayudado.
Pero aún hay mucho camino por andar. "Alrededor del 20% de la población urbana disfruta de los niveles de vida del siglo XXI, pero el resto está muy marcado por las condiciones ambientales en que viven —dice Iván Estribí, consultor de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en Brasil y experto en salud ambiental—. En las ciudades, la gente tiene mayor acceso al agua potable, lo cual tiene gran influencia en la reducción de las muertes por enfermedades prevenibles. Pero habitan en viviendas insalubres y están expuestos a peligros como la contaminación industrial y los deslizamientos de tierra debido a los lugares donde están situadas las viviendas".
En cuanto a las zonas rurales de Brasil, se considera que 20 millones de personas, aproximadamente el 12% de la población, están fuera del alcance de los programas gubernamentales. "No hay información oficial acerca de cómo vive esta gente ni de cómo obtiene el agua", dice Estribí.
En el pasado se consideraba que los programas gubernamentales en gran escala eran la manera de abordar estos problemas. Pero hasta ahora su alcance ha sido limitado en sacar a los niños de los riesgos ambientales. Las crisis financieras crónicas hacen que sea difícil para los gobiernos federal, estatal y local detectar los problemas, y mucho menos resolverlos. Tito Nery, un neumólogo adscrito a la oficina del Alcalde de San Pablo, ofrece el siguiente diagnóstico: según el gobierno de la ciudad, hay dos millones de personas que viven en chozas o viviendas precarias en las favelas o barriadas pobres de la ciudad. La última vez que fueron relevadas había más de 2.000 favelas. Si el gobierno local empieza a diagnosticar problemas y a ejecutar soluciones al ritmo de una comunidad cada mes, llevaría más de 150 años atender a toda la ciudad. Para Nery y otros defensores de los niños, la única manera de lograr mejoras es por medio de la movilización comunitaria.
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