Revista Perspectivas de Salud
La revista de la Organización Panamericana de la Salud
Volumen 8, Número 1, 2003

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Por el bien de los niños

 Kids at Glicério Shantytown
Los vecinos de Jardim Paraná, en las afueras de San Pablo, lograron organizar su comunidad y obtener agua potable y servicios de saneamiento del gobierno de la ciudad. Mejorar la salud de los niños es su mejor motivación.
Jardim Paraná es una comunidad de alrededor de 1.400 familias fundada hace ocho años en el lejano oeste de la ciudad de San Pablo. En una tarde soleada dos equipos de niñas compiten en un torneo de fútbol en el polvoriento campo de juegos de la comunidad.

"Canu", un entusiasta del fútbol de 23 años, sale del campo donde ha estado ayudando con el torneo. Le confía a un visitante que está aguardando la noticia más importante de su vida, si le darán o no un contrato para jugar profesionalmente con un equipo en el estado de Santa Catarina, o si su representante logra negociar con el equipo del pueblo de Guaratingueta, en el estado de San Pablo.

El verdadero nombre de este mediocampista derecho de 1,82 metros de alto es José Nilton Adelino Pereira. Explica que este improvisado terreno de fútbol también sirve como lugar de reunión para la comunidad, pero lo más importante es que aquí mismo el gobierno municipal construirá un proyecto educacional de 3,8 millones de dólares que contará con jardín infantil, escuela primaria (será la tercera escuela en este barrio), centro cultural y deportivo, y un espacio comunitario con el nombre de Centro Educacional Unificado, cuya sigla, CEU, también significa "cielo" en portugués.

"Será muy bueno porque sacará a muchos niños de las calles y eso es exactamente lo que necesitamos", dice Pereira.

Pereira habla de las necesidades de los niños con la autoridad que le da su reciente ingreso a la edad adulta y las responsabilidades consiguientes. Vive con su hermana y juntos pagan el equivalente de 25 dólares al mes por un terreno de 60 metros cuadrados. También pagan por el agua corriente y la electricidad. Cuando el nuevo sistema de alcantarillado y drenaje esté listo, en un futuro cercano, también pagarán por el servicio y se beneficiarán con su utilización.

Jardim Paraná no siempre ha sido como ahora. "Llegué aquí cuando tenía 16 años y la violencia era habitual —recuerda Pereira—. Además de las pandillas que traficaban con drogas, había rateros y peleas por la tierra debido a que los líderes comunitarios intentaban frenar los nuevos asentamientos. En esa época mataron a uno de mis amigos, porque la joven que estaba robando el bar disparó accidentalmente. Yo me mantuve alejado de los problemas porque suelo ser amigo de todos".

También recuerda los largos viajes a los centros de salud y hospitales, y las largas horas de espera para recibir tratamiento. Sus malestares principales solían ser la gripe y los dolores de estómago. Las malas condiciones ambientales no ayudaban. Cuenta: "En esa época debíamos filtrar el agua y luego hervirla para poder beberla, pero mucha gente no lo hacía".

La transformación de Jardim Paraná fue difícil pero no muy larga. La comunidad surgió a principios de los años 90, cuando el aumento de los alquileres y la falta de opciones de vivienda impulsaron a 180 familias a invadir tierras privadas. En 1995, una orden de desalojo del tribunal obligó a los ocupantes a organizarse y, al final, ellos y centenares de nuevos invasores compraron la tierra por un poco más de 570.000 dólares, a pagar en 10 años. Al legalizar la situación mejoraron las condiciones de vida. "El mandato de desalojo fue la gota que rebasó el vaso y desde aquel momento nos organizamos", dice Antonio Calisto, un conductor de autobús y líder comunitario.

Otro momento crucial en la corta historia de este barrio ocurrió en el año 2000, cuando un niño y un adulto murieron a causa de la hepatitis contraída por beber agua contaminada. Estas muertes hicieron que se exigiera al gobierno la instalación del servicio de agua corriente y sistemas de recolección de aguas servidas. En octubre de 2001, luego de varios meses de negociaciones y protestas, todo el vecindario empezó a recibir agua potable y a utilizar un sistema rudimentario de alcantarillado, suministrados por la empresa de saneamiento del estado de San Pablo. Ahora la comunidad está negociando un sistema de drenaje de aguas de lluvias y la instalación de un dispensario médico, y está recaudando fondos para construir un jardín infantil que será administrado por el centro comunitario, agrega Calisto.

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