Revista Perspectivas de Salud
La revista de la Organización Panamericana de la Salud
Volumen 8, Número 1, 2003

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La nueva ola del sida


"El nuevo blanco de la epidemia son las mujeres, en especial las mujeres monógamas que se contagian de sus propios maridos", Fernando Zacarías, jefe de la Unidad de VIH/sida de la OPS
En América Latina y el Caribe la epidemia ha hecho hasta ahora un camino lento y constantemente creciente. Las tasas de prevalencia en algunos países del Caribe se encuentran entre las más altas del mundo, después del Africa subsahariana. En las dos décadas que han pasado desde el comienzo de la epidemia, el continente ha sufrido crisis sociopolíticas, guerras y quiebres de sistemas. Sin embargo, la epidemia no tuvo la misma explosión que en otras regiones. Para explicar esto, Zacarías cruza razones genéticas, sociales y culturales, "En estos momentos, hay dos grandes grupos del virus que circulan por el mundo, el VIH1 y el VIH2. Ya se conocen 10 subtipos del VIH1 y 5 subtipos del VIH2. Ahora bien, en las Américas está circulando la misma cepa que circula en Europa occidental (el VIH1 subtipo B) que, al parecer, es algo menos virulenta que las cepas del VIH2, las que circulan más comúnmente en África".

Las cepas africanas del virus, completa Zacarías, serían más patogénicas y podrían diseminarse más fácilmente por vía heterosexual, lo que explicaría, sólo en parte, la violenta aceleración de la epidemia. De todas formas, aclara, el virus tiene la capacidad de mutar con tanta facilidad que este escenario perfectamente podría cambiar en los próximos años.

También es cierto, agrega Zacarías, que muchos países de la región se tomaron muy en serio a "la nueva enfermedad", ya a comienzos de los años ochenta. "En Brasil, por ejemplo, hubo decisiones concertadas desde el principio a todo nivel, ministerial, de salud pública, en las comunidades; y las campañas y acciones eficaces de intervención lograron que la epidemia desacelerara su progresión. También en Cuba se tomaron medidas drásticas, que fueron muy criticadas, pero que permitieron que en los primeros años de la epidemia el virus no entrara en la isla". Sin embargo, hoy en día, en un mundo de viajes, turismo y globalización, los científicos aseguran que los cercos epidemiológicos de hace dos décadas ya no tienen efecto.

Y los resultados en los países son dispares. El informe 2002 de ONUSIDA indica que uno de los factores que favorecen la propagación del VIH en la Región es la combinación de desarrollo socioeconómico desigual y alta movilidad de la población.

Como pocas, esta epidemia también enfrentó al hombre con la necesidad de modificar conductas, de explorar su cultura. Y hacia las conductas también enfoca Zacarías a la hora de explicar el devenir del virus en la región. "La transmisión heterosexual se está convirtiendo en una muy importante vía de infección. Y el blanco más reciente de la epidemia son las mujeres, en especial las mujeres monógamas que se contagian de sus propias parejas, que en muchos casos tienen sexo con otros hombres. Lo que ocurre es que la cadena de contagio termina ahí, en la esposa o novia". En esta cuestión básicamente cultural Zacarías encuentra otra razón que desacelera el desarrollo de la epidemia.

Un grito hacia los varones
Hace dos años, el lema de la campaña mundial de ONUSIDA reclamó que los hombres tomaran las riendas de su sexualidad. Lejos de tratarse de un regreso al control sexual masculino, fue un grito hacia los varones, para que tomaran conciencia de que el uso del preservativo evita el propio contagio, y el de sus parejas. Que usar el preservativo es, en algún sentido, hacerse cargo de la parte de compromiso que les toca en esta lucha.

Y este enfoque no es caprichoso, ya que el uso del condón sigue siendo crucial para prevenir la infección. Sin embargo, es un elemento sobre el que no todas las mujeres tienen poder. "En muchos países, de todos los continentes, las mujeres no tienen el estatus social como para tomar sus propias decisiones acerca del sexo seguro. Y estos escenarios coinciden con las sociedades que más han negado la existencia del VIH y que lo han considerado durante mucho tiempo como un mal del afuera, que viene de otra parte, de otro país. Por eso hay que seguir educando, porque romper esas barreras culturales llevará años", explica Fauci.

En Sudáfrica (en donde una de cada 4 personas está infectada), un rey tribal puede tener hasta docenas de hijos y varias mujeres ¿un rey usará preservativo? ¿Lo usará un camionero que atraviesa varios países de América Latina trasladando mercancías? ¿O un campesino de la provincia de Jilin, en China, que dona sangre una vez por mes como una forma de ingreso fijo? Zacarías, para completar el concepto de Fauci, agrega que para educar, hay que utilizar las herramientas que ofrece la propia comunidad, "en Haití hemos hecho campañas en las que el mismo sacerdote vudú explicaba, con su propio lenguaje y rituales, cómo utilizar bien un condón. Las intervenciones deben realizarse sobre las poblaciones, las nuevas cohortes, en especial en los nuevos grupos vulnerables, las poblaciones móviles (hay muchas en el continente), las trabajadoras sexuales, las maquiladoras, y los grupos indígenas, entre los que el virus se ha expandido dramáticamente en los últimos tiempos. Por ejemplo, la población de la etnia garífuna de Honduras tiene entre un 15% y un 20% de prevalencia de VIH".

Entonces, ¿en qué punto del camino nos encontramos? Los expertos coinciden: en una encrucijada. Esto quiere decir que es un momento perfecto para hacer las cosas bien, para lograr que la epidemia no explote, para tomar el camino correcto.

Según Fauci, un gesto claro en este sentido es un compromiso político y económico. "En los Estados Unidos se destinan muchos recursos al VIH/sida. En mi instituto, alcanza al 50% de los recursos. Y eso ocurre porque el Presidente y los congresistas aprobaron ese uso. Los líderes políticos del país apoyaron los esfuerzos en esta lucha. Y esto es así, según el informe del Consejo Nacional de Inteligencia, y yo tengo la misma percepción, porque se trata de una epidemia que está esperando estallar". Por ahora, la epidemia es global y, por ende, hay un interés global. La preocupación de Zacarías es qué pasará cuando el sida deje de ser un problema para los países ricos.

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