
¿Qué le viene a la mente cuando piensa en unas vacaciones en el Caribe? ¿Aire puro, paisajes espectaculares, relajación, revitalización y renovación? Lamentablemente, ésta no es la realidad para muchos residentes de las islas más pobres del Caribe. En varios países del Caribe, entre el 15% y el 30% de la población vive por debajo del umbral de pobreza. Las tasas de mortalidad infantil de la región varían de un país a otro, desde 10 a 12 por 1.000 nacidos vivos en Barbados y Santa Lucía, a 24 en Jamaica y hasta 52 en Guyana. Y la infección por el VIH/sida es particularmente grave en el Caribe, con tasas de prevalencia superadas sólo en el África subsahariana.
Después de la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas, los primeros ministros de la Comunidad del Caribe (CARICOM) se reunieron en Nassau, en 2001, para examinar las prioridades de salud de la región y declararon su convicción de que "la salud de la Nación es la riqueza de la Nación". Inspirados por esta declaración —y por el espíritu de los Objetivos de Desarrollo del Milenio— los gobiernos del Caribe formularon nuevos planes estratégicos para la salud. ¿Cuán realistas son sus objetivos en el entorno político y económico actual? ¿Qué probabilidades tienen estas estrategias de lograr el mejoramiento de la calidad de vida de los pobres del Caribe?
Transición epidemiológicaEn el siglo pasado ocurrieron cambios drásticos en la situación de la salud en toda esa región. Las condiciones lamentables vigentes en el momento de la emancipación de los esclavos en 1838 prácticamente no han variado durante cien años —lo que puede llamarse "el siglo oscuro" de subdesarrollo del Caribe. Por ejemplo, durante ese período, la mortalidad infantil en Barbados era de más de 300 por 1.000 nacidos vivos. Fue apenas en 1937, cuado estallaron disturbios civiles en la región, cuando los gobiernos del Caribe instauraron las tan necesarias reformas sociales y gubernamentales.
Sin embargo, pasaron muchos años antes de que los indicadores de salud comenzaran a mostrar cambios sustanciales. Esto ocurrió en el decenio de 1960, después del establecimiento de los primeros servicios modernos de salud pública en la región, gracias a la labor de Sir Maurice Byer. El trabajo de Byer asignaba particular importancia a la salud maternoinfantil mediante el establecimiento de clínicas de salud pública atendidas principalmente por inspectores de salud pública y enfermeras; estos esfuerzos tuvieron repercusiones en toda la región. En la década de 1970 se eliminaron —excepto en Haití— varias características del subdesarrollo, como la malnutrición infantil.
También desapareció la mayoría de las enfermedades infecciosas más graves como tétanos, difteria, tos ferina, fiebre tifoidea, sífilis, neumonía estreptocócica y escarlatina. Estos logros estuvieron acompañados por cambios demográficos igualmente drásticos. Al mejorar las oportunidades económicas, la atención de la salud y la nutrición, aumentó la esperanza de vida en toda la región. Pero esto tuvo como consecuencia un aumento de las enfermedades crónicas, no transmisibles, asociadas a una población que envejece.
También ocurrieron cambios económicos y políticos importantes. Cuando los países lograron su independencia de Gran Bretaña en la década del ’60 se aceleró el desarrollo económico. Estalló el turismo, el trabajo mal remunerado fue remplazado por empleos mejor pagados en la industria liviana y en el área de servicios, y en consecuencia, la cultura del Caribe se transformó.
Una de las repercusiones del nuevo modo de vida fue pasar de un consumo de pocas calorías y de niveles de mucha actividad, a un mayor consumo de alimentos y poca actividad, un modelo que se observa hoy en día en cualquiera de las capitales del Caribe. En efecto, la mayoría de las mujeres del Caribe tienen sobrepeso, y una tercera parte son obesas. Varios estudios epidemiológicos revelan que las tasas de hipertensión y diabetes en el Caribe se encuentran entre las más altas del mundo. Las complicaciones de la hipertensión, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares son las principales causas de enfermedad y muerte.
Durante la última parte de esta transición epidemiológica —que ocurrió a lo largo de 30 a 40 años— el flagelo del VIH/sida se convirtió en el asesino número uno de los jóvenes adultos caribeños. La mayor amenaza del sida, junto con la enorme magnitud de las enfermedades no transmisibles, en constante aumento, constituyen una doble carga para los países de la región. No obstante, las realidades económicas y políticas hacen que la ayuda principal sólo llegue a los más pobres, y nunca en cantidades adecuadas para modificar de manera significativa el statu quo.

La mayoría de los países del Caribe ha concentrado sus recursos financieros en el desarrollo de la infraestructura y en la educación, en los niveles primario y secundario, y no están preparados para hacer frente a las aplastantes cargas de las enfermedades crónicas y del VIH/sida. Si bien algunos países tienen economías más sanas —por ejemplo Trinidad y Tobago y las Bahamas—, y otros cuentan con sólidas bases educativas —como Barbados—, ningún país del Caribe está libre de pobreza ni cuenta con los recursos humanos adecuados para la atención de la salud. En realidad algunos países, como Guyana, no sólo tienen que afrontar las enfermedades crónicas y el VIH/sida, sino que también deben luchar contra la malaria y otras infecciosas, al tiempo que se hallan muy limitados por una economía paralizada. Aunque los líderes de la región finalmente han admitido la importancia de una población saludable para el desarrollo nacional, este reconocimiento tardío quizá no baste para alcanzar las metas.
Los Objetivos de Desarrollo del Milenio hacen hincapié en los grandes temas, como la sostenibilidad ambiental, la cooperación mundial en materia de ayuda y comercio, y el alivio de la deuda. En estas cuestiones, los países del Caribe parecen ser meros instrumentos de otros intereses. Sus pequeñas y paradisíacas islas son un lugar donde se divierten los turistas de Europa y América del Norte; sobre todo los pasajeros de los cruceros que, en muchos de esos destinos turísticos, superan en número a los visitantes que se quedan varios días. Es la población local la que sufre las terribles consecuencias de la contaminación ambiental, la destrucción de los arrecifes, el desarrollo excesivo de algunas islas y las condiciones injustas del comercio, lo que amenaza la sostenibilidad de las economías basadas en el turismo.
Los países angloparlantes de la CARICOM tienen una tradición de larga data en materia de cooperación para la planificación de la salud, con el apoyo de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). En la actualidad, todos los planes estratégicos de salud, a nivel regional y nacional, asignan prioridad al principal problema de salud planteado en los Objetivos de Desarrollo del Milenio: detener y revertir la propagación de la infección por el VIH/sida. Pero esos planes también deben abarcar la lucha contra la carga cada vez mayor de las enfermedades crónicas no transmisibles y atender además otras áreas clave como el medio ambiente, la nutrición y los recursos humanos.
Hasta la fecha, sólo Bahamas y Barbados han logrado organizar una respuesta fuerte al VIH/sida, que parece haber frenado la epidemia. Barbados consiguió reducir en forma sustancial la transmisión de la madre al niño. Y ambos países suministran tratamiento antirretroviral a casi todos los que lo necesitan. Pero estos medicamentos y el apoyo médico y técnico para administrar su uso están prácticamente fuera del alcance de la mayoría de los pacientes en otros lugares del Caribe. Se han creado comités y comisiones nacionales en toda la región, con eficacia variable.
Gracias a la ayuda internacional ha aumentado la capacidad en recursos humanos en el sector salud de la región. La lucha contra el VIH/sida fue encabezada por la University of the West Indies, con el apoyo de la Unión Europea. En junio de este año, la conferencia científica "HIV/AIDS: Research Partnerships for Action" (auspiciada por el Programa de Respuesta al VIH/sida de la University of the West Indies), reunió a interesados clave en este terreno para compartir avances en programas de investigación y manejo de la enfermedad, como también para planificar estrategias futuras. Sus planes apuntan a vencer el estigma del sida; transformar el conocimiento en cambios de conducta; mejorar el tamizaje, la vigilancia y la evaluación. La conferencia también reveló un aspecto cultural de la vulnerabilidad del Caribe al sida: las actitudes liberales en materia de relaciones sexuales, a lo que suele superponerse el turismo sexual.
Enfermedades crónicasEl VIH/sida ha seguido un curso alarmante, tiene consecuencias dramáticas y produce emociones intensas. Pero al mismo tiempo, las enfermedades crónicas no transmisibles están siempre presentes y tienen un impacto en el empleo, la pobreza, la productividad y los recursos nacionales del Caribe. La hipertensión, llamada el "asesino silencioso", afecta a casi la mitad de los caribeños de más de 40 años, y más del 20% de ellos padece de diabetes. Por irónico que parezca, esta prevalencia ha conducido a un nivel de tolerancia y aceptación que por sí mismo representa una barrera a las intervenciones enérgicas. Y no es la única. Las iniciativas de los últimos años del siglo XX se dedicaron a mejorar la atención de la salud, mientras que la promoción de la salud recibió muy pocos recursos. A pesar de que en la actualidad los gobiernos del Caribe reconocen que "más vale una onza de prevención que una libra de curación", siguen faltando los recursos y la infraestructura necesarios para la prevención eficaz.
La OPS y el Consejo del Caribe para la Investigación Sanitaria han trabajado en la formulación de programas regionales de cooperación para afrontar los principales problemas de salud del Caribe: diabetes e hipertensión. Pero la mala situación económica de los países impide atacar el problema de manera seria y eficaz. Hoy en día, el personal capacitado en promoción de la salud sigue siendo insuficiente; hay un número reducido de fisioterapeutas, nutricionistas y profesores de educación física; los entrenadores son pocos y no suelen estar bien capacitados; las instalaciones para hacer ejercicio en las zonas urbanas son deficientes; y no hay políticas agrícolas que promuevan una alimentación saludable y de bajo costo. La situación se agrava debido a la delincuencia en las ciudades y otros obstáculos administrativos, ambientales y sociales.

A pesar de todo hay historias de logros en el Caribe. El progreso alcanzado alcanzado en Barbados y en Bahamas para combatir el VIH/sida es alentador. El éxito de los programas nacionales mejorados se debe en gran parte al sólido y continuo compromiso del primer ministro y del secretario permanente, con "puntos focales" en los ministerios pertinentes y presupuestos asignados en forma específica a los problemas del VIH/sida. Según un paradigma similar, el Ministerio de Salud de Barbados designó en fecha reciente un equipo de trabajo para elaborar el marco de referencia de la Comisión de Enfermedades Crónicas. Únicamente de un organismo con esas características —con un mandato claro y financiamiento del gobierno — cabe esperar la adopción de un enfoque integral e intersectorial para la prevención y el control de estas enfermedades. También será crucial el papel de los economistas de la salud para evaluar la eficacia en función de los costos de las estrategias preventivas.
Para abordar la situación general de la salud a través de una iniciativa pancaribeña, los gobiernos de la CARICOM crearon un Grupo de Trabajo Regional sobre Salud y Desarrollo, presidido por Sir George Alleyne, ex director de la OPS y actual rector de la University of the West Indies. El grupo está encargado de examinar las principales prioridades de salud y de formular un plan estratégico que haga hincapié en las realidades económicas. Con la publicación de un informe en los próximos meses, las pruebas presentadas deberían fortalecer estos programas, y ayudar a consolidar las asociaciones y el financiamiento necesarios para la creación de programas eficaces.
El Caribe es percibido por el resto del mundo como un paraíso tropical para la búsqueda de placeres saludables (y algunos no tanto). Es hora de que la gran mayoría de la propia gente de la región coseche los verdaderos beneficios de este paraíso y empiece a vivir de manera más sana. Mientras muchos de los Objetivos de Desarrollo del Milenio se alcanzarán en los países más desarrollados de la región, otros todavía tienen un largo camino por recorrer en cuestiones clave como el VIH/sida, la ayuda y el comercio, y la sostenibilidad ambiental. Para sus vecinos más grandes, el Caribe es a la vez vulnerable e importante, y el progreso de los próximos años será fundamental para alcanzar nuestro desarrollo definitivo.
Henry Fraser es decano de la Escuela de Medicina Clínica e Investigación y director del Centro de Investigaciones sobre Enfermedades Crónicas, Instituto de Investigación en Medicina Tropical, en la University of the West Indies, Recinto de Cave Hill, en Bridgetown, Barbados.