En el año 2000, 189 países firmaron la Declaración del Milenio de las Naciones Unidas. Este histórico llamamiento a la acción —en los albores del nuevo siglo— establecía un programa ambicioso para que en 2015, y gracias al esfuerzo conjunto de los países tanto desarrollados como en desarrollo, se lograran mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos más pobres del mundo. Desde entonces, los objetivos fundamentales esbozados en la declaración se han ampliado, perfeccionado y llevado a la práctica como los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Basados en metas concretas y en un cronograma específico, los objetivos exigen resultados y responsabilidad a todos los niveles: internacional, regional y nacional, así como municipal y comunitario. Demuestran que los países del mundo consideran que las brechas profundas en el desarrollo son inaceptables y peligrosas para el futuro de la humanidad. Afirman que podemos y debemos ser la generación que encuentra soluciones.
Los Objetivos del Milenio representan un desafío particular para las Américas. Nos recuerdan que si bien la región de las Américas no es la más pobre, es aquí donde se observa la mayor desigualdad en el mundo. Los datos sobre la distribución del ingreso revelan que, en promedio, el 10% más rico de la población de Latinoamérica percibe el 36,1% de todo el ingreso familiar, mientras que el 40% más pobre recibe apenas el 13,6%. En la República Dominicana, en 2002, el ingreso per cápita del 20% más adinerado de la población sobrepasaba en 24,6 veces el ingreso per cápita del 20% más pobre; en Colombia el factor era de 29,6 y en Bolivia, de 44,2.
Estas desigualdades económicas tienen un marcado impacto en la salud. A finales de los '90, la brecha en la esperanza de vida entre los grupos de población más ricos y los más pobres de las Américas era de 9,8 años. Para un recién nacido perteneciente al quintilo de menores ingresos, el riesgo de morir antes de cumplir un año era tres veces mayor que para un recién nacido del quintilo más alto. Factores como el sexo, el grupo étnico, la raza y la situación geográfica contribuyen a exacerbar más estas desigualdades en materia de salud. Estas disparidades, inaceptables por sí mismas, inciden además en la poca cohesión social y ponen en peligro los procesos democráticos en las Américas.
Para abordar estas desigualdades es necesario que los países de la región se comprometan firmemente con los principios de la equidad y la solidaridad. Por su parte, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) está concentrando esfuerzos especiales en los cinco países más necesitados de la región, a saber: Bolivia, Guyana, Haití, Honduras y Nicaragua. En ésta y en otras iniciativas, la OPS ha colocado los Objetivos del Milenio en el centro de su enfoque estratégico.
Una de las principales contribuciones de los Objetivos del Milenio es la nueva visión del desarrollo que le otorga a la salud una función primordial. Tres de los ocho objetivos y siete de las 18 metas entran en el ámbito de responsabilidad del sector salud. Todas las metas del milenio pueden considerarse como macrodeterminantes que tienen repercusiones importantes en la salud mundial. Esta importancia que se asigna a la salud y a la función que desempeña en el desarrollo, unidas al claro llamamiento de los Objetivos del Milenio para lograr un mundo más justo, renuevan la urgencia y la legitimidad de la lucha contra las desigualdades en salud y aumentan la participación de los grupos desatendidos que plantean sus inquietudes.
Los Objetivos del Milenio constituyen un llamamiento poderoso en pro de la acción intersectorial, integrada y orientada hacia el logro de la equidad. Con esta perspectiva, la OPS ha formulado una estrategia para apoyar a los países miembros en la consecución de los objetivos, que hace hincapié en aquéllos que están explícitamente relacionados con la salud, pero que procura además fortalecer la contribución de la salud al desarrollo integral. La OPS, junto con sus países miembros y sus muchos socios, está comprometida a cumplir su función, para lograr que, en 2015, la región haya alcanzado todos los Objetivos del Milenio y se haya convertido en un continente considerablemente más equitativo. Asignaremos particular importancia a los grupos de población marginados y a los países con los indicadores de salud menos favorables. Si sus condiciones pueden mejorarse, todos nos beneficiaremos. La meta que abarca a todas las otras — mejor salud y mejor calidad de vida para toda la población de las Américas— ha sido el objetivo fundamental de la OPS desde su fundación hace más de un siglo.

Mirta Roses Periago
Directora