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 PAHO TODAY            El boletín de la Organización Panamericana de la Salud   -   Julio de 2008

CONVERSAMOS CON

Dr. Jarbas Barbosa da Silva Jr.

Gerente de Área, Vigilancia Sanitaria y
Atención de las Enfermedades
Organización Panamericana de la Salud

 Dr. Jarbas Barbosa
Foto © Sonia Mey-Schmidt/OPS

En 2007, Jarbas Barbosa da Silva Jr. fue nombrado gerente del Área de Vigilancia Sanitaria y Atención de las Enfermedades en la OPS. Nacido en Brasil, se graduó de médico en la Universidad Federal de Pernambuco y estudió salud pública y epidemiología en la Fundación Oswaldo Cruz (FIOCRUZ). Tiene una maestría en ciencias médicas y un doctorado en salud pública de la Universidad Estatal de Campinas, en el estado de São Paulo. Ha trabajado como coordinador del Programa de VIH/sida de Pernambuco, secretario de Salud del municipio de Olinda, secretario de Salud de Pernambuco, director del Centro Nacional de Epidemiología, secretario de Vigilancia de Salud Pública a nivel federal y secretario ejecutivo del Ministerio de Salud.

¿Cómo se interesó por la salud pública?
Mi abuelo era médico. Trabajó en el Ministerio de Salud en los años 40 como neumólogo, en cuestiones de control de la tuberculosis. Murió joven, pero mi padre también era médico clínico. Cuando estaba en la Facultad de Medicina, me interesó primero la psiquiatría; luego me gustó la cirugía y en los dos últimos años de la carrera, me incliné por la pediatría. Eso fue antes de tomar mi primer curso en salud pública y darme cuenta de que eso era lo que quería hacer. En la Escuela Nacional de Salud Pública, FIOCRUZ, me fascinaron las técnicas epidemiológicas, la investigación de los brotes y el tratamiento colectivo de los problemas de salud. Mi primer trabajo fue en la unidad de epidemiología de la Secretaría de Salud de Pernambuco, pero dos o tres meses después, me pidieron que coordinara y básicamente creara un programa sobre el sida y las enfermedades de transmisión sexual. Más tarde, fui jefe de un distrito epidemiológico en São Paulo por un período corto. En 1993, fui nombrado secretario de Salud de Olinda, un municipio de unas 400.000 personas y, más tarde, fui secretario de Salud de Pernambuco. En 1997, me invitaron a dirigir el Centro Nacional de Epidemiología, donde me pidieron que me quedara bajo los mandatos de cuatro ministros de salud.

¿Cuál es su impresión de haber empezado a trabajar en la OPS en este momento?
Ha sido muy interesante porque desde que llegué hemos venido trabajando en la Agenda de Salud para las Américas y en el Plan Estratégico. He logrado una visión muy clara de todos los objetivos de la OPS, de nuestras áreas de trabajo y nuestros compromisos. Pienso que la directora no tiene dudas en cuanto a su visión de la OPS y sus prioridades. Sus ideas y sus observaciones son muy directas y eso también ayuda. El cambio es bueno, y aunque a veces produzca ansiedad, tenemos que estar abiertos al cambio. Pienso que se trata de un buen momento para reflexionar si lo que estamos haciendo es lo mejor. Espero que pueda aportar algo gracias a mi experiencia en un país con tanta diversidad y tantos proyectos, con tantos problemas, pero que también ha sabido construir algo digno de emulación.

¿Qué puede aprenderse de la experiencia de Brasil?
Brasil vivió un proceso muy interesante en el que la democratización incluía la participación de la sociedad en la salud. Cada cuatro años organizamos una conferencia nacional sobre salud. A la de 2003 asistió el entonces director general de la OMS, Jong-wook Lee, y se quedó impresionado de ver a un público de 5.000 personas. Antes de la conferencia nacional hay conferencias en municipios y estados. Esto constituye una base muy importante para el sector salud. Y en el Congreso hay un grupo especial sobre salud que es muy activo apoyando a la salud. Sus miembros vienen desde la izquierda hasta la derecha. Las universidades también participan activamente en los servicios de salud y tuvieron gran influencia en la formulación del nuevo sistema de salud de Brasil.

¿Cómo ha evolucionado el sistema de salud de Brasil?
Hoy en día las condiciones del sector salud son mucho mejores que antes. A comienzos de los años noventa, el Ministerio de Salud era muy frágil. Ahora el presupuesto ha aumentado y la descentralización ha creado una estructura más fuerte. Los departamentos de salud a nivel municipal, que no tenían ninguna función en los años setenta, ahora son los principales actores. Los alcaldes controlan los presupuestos y esa dimensión pública es muy importante. También lo es la participación comunitaria, de asociaciones, sindicatos y otros. Como ya he dicho, los medios académicos, que ahora son muy fuertes técnicamente luego de un proceso de renovación, también colaboran muy de cerca. Por ejemplo, solamente en epidemiología tenemos más de 30 programas de doctorado. Al Congreso de Salud Pública del Brasil asisten entre nueve y diez mil personas. Las universidades en Brasil no sólo tienen niveles técnicos muy altos sino que trabajan activamente para mantener la calidad de los servicios de salud.

¿Cuáles son los retos para la salud en Brasil?
Todavía queda mucho por hacer. Necesitamos más recursos. A pesar de todos los aumentos presupuestarios, Brasil sigue gastando una suma menor, expresada como porcentaje del PIB, de la que se necesitaría para financiar un sistema universal de salud como el de Canadá o del Reino Unido. Un sistema que cubra todo, desde las vacunas hasta los trasplantes de corazón y las necesidades en quimioterapia, necesita más fondos a medida que crece. Pero creo que hay una comprensión y un consenso en Brasil de que necesitamos un sistema universal, que hay que llegar hasta ese nivel. Los brasileños de hoy están orgullosos, por ejemplo, de nuestro programa de vacunación, que ha sido muy exitoso; también de nuestro programa de sida. Nuestro programa de trasplantes es el segundo más grande del mundo, ya que 98% de los trasplantes los financia el sistema de salud (los seguros privados no pagan los trasplantes de corazón ni de hígado). Pero hasta en Inglaterra y Canadá la gente tiene que esperar por las operaciones quirúrgicas que no sean urgentes. Otro problema es que nuestras ciudades han crecido tan rápido que es muy difícil que la infraestructura de salud crezca al mismo ritmo. Además, la descentralización crea ciertos problemas porque el Ministerio de Salud tiene sus proyectos, los estados tienen los suyos, y los municipios también y para que funcionen bien los tres niveles tienen que trabajar unidos.

¿Qué cambio le gustaría ver en la región en cinco años?
Creo que todos los países de la región tienen que estar cumpliendo el Reglamento Sanitario Internacional. Necesitamos que todos puedan detectar y controlar rápidamente cualquier amenaza grave para la salud. Éste es un gran reto tanto para la región como para el mundo. También debemos estar cerca del logro de la agenda inconclusa en el ámbito de las enfermedades transmisibles, como la malaria y la tuberculosis, y otras enfermedades, como la lepra, que afectan más a las personas desatendidas. Otro reto importante es el que plantean las enfermedades no transmisibles debido a su elevada carga de morbilidad y mortalidad. La gente sigue pensando que las enfermedades no transmisibles son una consecuencia natural del envejecimiento, pero no es cierto; hay demasiadas muertes prematuras. Esto exige mejores servicios de salud, más promoción de la salud para abordar los determinantes, y la vigilancia mejorada de los factores de riesgo.

¿Cuáles considera que son los aspectos fuertes de la OPS?
Considero que la función tradicional de la OPS de ofrecer liderazgo con calidad técnica es muy importante. La OPS no es la única, pero es diferente de otras organizaciones debido a su tradición y a la alta calidad técnica de su personal. Se trata de un organismo descentralizado que trabaja en casi todos los países. Pienso que lo que ha hecho la OPS en los últimos años, de tratar de afrontar los nuevos retos, satisfacer las necesidades de los países en cuanto a la cooperación técnica al tiempo que cumple los mandatos del Consejo Directivo, es muy importante. Hoy en día no basta con seguir haciendo lo que hicimos bien hace 40 ó 50 años. Tenemos que seguir haciendo eso bien, pero también tenemos que afrontar los retos nuevos para que los países sigan considerando a la OPS como su referencia principal en materia de salud en las Américas.

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