Dra. Cristina V. Beato
Directora Adjunta de la
Organización Panamericana de la Salud

Foto © Sonia Mey-Schmidt/OPS
Cristina Beato asumió en abril el cargo de directora adjunta de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Con anterioridad fue subsecretaria interina de Salud del Departamento de Salud y Servicios Sociales de Estados Unidos y subdirectora general de Sanidad. Nació en Cuba y creció en Panamá y Estados Unidos. Obtuvo una licenciatura en química y biología y luego se graduó de medicina en la Universidad de Nuevo México. Como directora adjunta de la OPS, orienta la política general y la dirección estratégica de la OPS junto con la directora. Además, supervisa programas clave como los de Preparativos para Situaciones de Emergencia y Socorro en Casos de Desastre; Gobernanza, Políticas y Asociaciones; Planificación, Presupuesto por Programas y Apoyo a Proyectos; y Asuntos Jurídicos. También es responsable de las relaciones entre la OPS y los gobiernos de Canadá, Estados Unidos y Puerto Rico.
¿Cómo se interesó en la medicina y la salud pública?
Fui una niña muy enfermiza. Salí de Cuba en un vuelo humanitario de la Cruz Roja porque pensaron que ya no se podía hacer mucho por mí. Tenía 6 años y ni siquiera pesaba 40 libras. Tenía las piernas muy arqueadas y no podía caminar porque mis huesos eran muy débiles. Me llevaron al Jackson Memorial Hospital de Miami, donde por primera vez en mi vida los médicos y las enfermeras me trataron muy bien. Las enfermeras fueron tan buenas que quise ser como ellas. Hasta entonces quería ser bailarina, pero como no podía caminar muy bien eso no iba a ser posible. Luego nos mudamos a Panamá, donde el sistema médico era diferente. Cuando tenía 8 años me fracturé un tobillo y terminé en la sala de urgencias. Recuerdo que llegó otra niña como de mi edad con una herida grave de machete en una pierna. La niña lloraba mucho, pero no la atendían. La dejaron ahí sentada. Ya no quise ser enfermera: quería ser la persona al mando.
¿Cómo fue su educación?
Mi mamá me enseñó a leer y a escribir a los 5 años, así que empecé temprano la escuela. En Panamá fui a un colegio de monjas francesas y me fue muy bien en ciencias y en matemáticas. Suelo observar el mundo desde la perspectiva de las ciencias y las matemáticas. Para mí no hay nada más fascinante que el cuerpo humano, de ahí mi interés en la medicina. Y luego está eso que se llama el componente humano: la compasión, el amor, la pasión. ¡Qué gran regalo nos ha dado Dios...! A los 14 años nos mudamos a Estados Unidos y estudié en un colegio católico en Nuevo México. Trabajé para pagar la mitad de mis estudios porque quería ir a esa escuela. Mi primer año fue duro porque tuve dificultad para aprender inglés. En francés y álgebra me fue muy bien, pero reprobé todas las otras materias de mi primer año. Estaba completamente traumatizada porque de verdad que no entendía. Pero creo en la inmersión total; así es como se aprende. Finalmente, me gradué segunda o tercera de mi clase. Me ofrecieron varias becas y acepté la de la Universidad de Nuevo México para estar cerca de casa y de mi madre, que sufría de mal de Parkinson.
¿Cuál fue la primera vez que oyó hablar de la OPS?
Cuando era niña. En las afueras de la Ciudad de Panamá había una mujer que tenía una clínica rural para vacunar a los niños y que estaba asociada con la OPS. Un par de fines de semana fui a su clínica para ayudarla a limpiar, poner vendas y ese tipo de cosas. En verdad pienso que lo mejor de la OPS es el programa de vacunación. La OPS debería recordar sus raíces históricas porque de allí proviene su fortaleza. La manera como se llega a la gente es tocando su vida, dándole algo real. La OPS puede tener un impacto increíble, no sólo en América Latina sino también en las comunidades latinas de Estados Unidos, que tienen estrechos vínculos con América Latina. Hay que empoderar a las comunidades y para lograrlo hay que hacerlas independientes, dándoles las herramientas y enseñándoles a que sean sus mejores proveedores de servicios.
¿Cuál es el principal desafío en salud que afronta la región de la OPS?
Las enfermedades crónicas. En los próximos 10 años estas van a ejercer una presión increíble, tanto en la longevidad y calidad de vida como en los sistemas económicos que están luchando por competir en los mercados mundiales. Nuestras sociedades sufrirán cargas increíbles si no empezamos a controlar enfermedades como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y el cáncer. Sufrirán también las oportunidades al desarrollo y no habrá mejoras en la atención de salud a menos que también se logre avanzar en lo económico, ya que ambos están relacionados. Una población sana se traduce en economías mejores. La otra clave es la educación, ya sea leer y escribir, o la educación en salud. Hay que enseñar a la gente por qué hay que tomar dos píldoras al día por 10 días, o que el agua limpia es crucial o por qué la leche materna es tan importante. Para mí, los factores principales van a ser: uno, la educación, la promoción de la salud; dos, crear sistemas que permitan el acceso a la salud pública y a la prestación de servicios básicos de salud; y tres, apoyar y fomentar oportunidades para el desarrollo económico. La gente tiene que estar preparada para participar libremente en el sistema de mercado y en la globalización, que está impulsando a todo el mundo. También está creando herramientas que necesitamos aplicar en salud pública, como sistemas satelitales y teléfonos que pueden recordar a la gente la fecha de vacunación de sus hijos o que deben hervir el agua.
¿Cuál cree que será el papel de la OPS en este proceso?
La OPS tiene una función crucial de participar, de llegar al público, de promover, contribuir y ayudar de cualquier forma posible. Necesita forjar alianzas, organizar la colaboración y ser un participante visible. No son sólo los ministros de salud. También son las comunidades y los interesados directos. Podemos asociarnos con universidades, con las ONG, con la Fundación Gates... Todas las fundaciones del mundo están participando en salud. Soy defensora de las asociaciones entre el sector público y el privado. Hay funciones muy específicas de los gobiernos que estos desempeñan muy bien; y otras que las entidades y las corporaciones privadas han desempeñado sumamente bien. Ambos se pueden unir para formar un equipo que disponga de una gran capacidad de servicio. No me cabe duda de que gracias a las asociaciones corporativas podremos agregar millones de dólares en 365 días si demostramos que podemos ser flexibles y adaptables, si garantizamos transparencia y responsabilidad, y si obtenemos resultados. El problema no es el dinero. Se trata de organizarnos y de trabajar unidos como un equipo y declarar que esto es importante para nosotros, éste es el mundo en que vivimos ahora. Tenemos una deuda con el pasado, con el presente y con las futuras generaciones de las Américas.
¿Cuáles son las ventajas comparativas de una organización como la OPS?
Nuestra especialidad es la ciencia y la salud pública. ¿Cómo hacerlo mejor? Se pueden compilar estadísticas, hacer cálculos sobre poblaciones, incorporar tecnologías, elaborar modelos, ser los mejores en estudios sobre población, en proyectos piloto. Para mí la clave está en la población a la que debemos servir. ¿Cuál es la diferencia entre Ecuador y Paraguay? ¿Cuáles son los mejores métodos comprobados, las mejores prácticas? ¿Cómo se hace para difundirlos rápidamente? ¿Cómo ser los mejores en ciencia y ponerlo en práctica? La fortaleza de la OPS viene de la ciencia y de la capacidad para trabajar en la comunidad y lograr resultados.
Cuéntenos sobre su familia.
Tengo una hija de 19 años que está en su primer año en el Boston College y un hijo de 17 que está en su penúltimo año en Georgetown Preparatory School. Ambos son centros jesuitas. Creo firmemente en la educación jesuita. Son muy buenos en pensamiento crítico, en entender realmente los valores, y muy orientados hacia asuntos de justicia social y libertad. Mi hija quiere estudiar medicina y mi hijo quiere hacer bioingeniería, biofísica. El quiere descubrir la cura para el cáncer; eso es lo que me cuenta. Ya veremos; quizás algún día. En cierta forma es algo que me sorprende porque he estado llevando a estos niños por todos lados —a hospitales, salas de emergencia, clínicas— día y noche. Es realmente bueno que todavía estén interesados en medicina.
