En pleno corazón de Adams Morgan, en Washington, D.C., está La Clínica del Pueblo. Enfrente, la iglesia del barrio tiene las puertas de su enorme salón habitualmente abiertas. Esa radiante mañana de sábado hay un grupo de jóvenes con pañuelos atados a la cabeza y cara de pocos amigos que, curiosamente, tienen cada uno una curita en un brazo.
Es que el salón de la iglesia del barrio sirve como improvisado centro de prevención. La gente ha estado haciendo cola desde las 6 de la mañana, pero no para aprovechar una promoción de ropa o recibir algún regalo, sino para que le extraigan sangre, le tomen la presión, le midan el azúcar en sangre, le enseñen cómo protegerse del agua contaminada con plomo.
Se trata de una de las tantas ferias de salud que organiza la clínica y que convoca las mañanas de sábado a más de 500 personas. “Desde 1983 –explica Juan Romagoza, su director– venimos ofreciendo un espacio de salud gratuito para los latinos que no tienen seguro ni alguien que los comprenda en su propio idioma”.
El número de pacientes de la clínica se ha incrementado de 4.500 en 2001 a 8.000 en 2003. Para satisfacer esta demanda creciente, un equipo de 45 empleados coordina a alrededor de un centenar de voluntarios, la mayoría bilingüe. El 86% de los pacientes que se acercan a la clínica son emigrantes recién llegados de Centro y Sudamérica, y de ellos el 55% viene de El Salvador. Casi el 90% carece de seguro médico y sus ingresos se hallan en los niveles de pobreza. Más del 50% no ha superado el nivel de educación primaria.
El 62% son mujeres y el 20% tiene menos de 20 años. El 90% se siente más seguro si habla en español.
La Clínica del Pueblo es un modelo. Ofrece atención gratuita y consejerías, y trabaja también con familias latinas en programas de prevención de la violencia y en iniciativas de salud mental. Desde el primer día, su filosofía fue la de abrir sus puertas a la comunidad y, es más, salir a buscarla. “No hay como el boca a boca para lograr que algo llegue a la comunidad; los latinos nos contamos entre nosotros las novedades y hemos logrado que este básico pero eficiente sistema de comunicación tenga éxito”, asegura Romagoza.