Hay razones tanto prácticas como morales para vincular el tratamiento con la prevención. "Sabemos que el tratamiento refuerza la prevención –dice Paulo Lyra, especialista en comunicación del programa de VIH/sida de la OPS–. Es más probable que la gente se haga las pruebas si sabe que existen tratamientos. Si la prueba es negativa, es más lógico que eviten los comportamientos de riesgo para seguir sanos. Si la prueba es positiva, pueden tomar precauciones para no infectar a otros".
Carol Vlassoff, jefa del programa de la OPS, agrega que la disponibilidad de tratamiento ha sido un factor clave para reducir el estigma asociado con la enfermedad.
"Si hay tratamiento, el sida ya no es una sentencia de muerte y la gente acepta más fácilmente a los que son VIH positivos". A medida que disminuye el estigma, dice, la gente estará más dispuesta a someterse a las pruebas. Más aún, "el tratamiento aumenta la confianza de la gente en el sistema de salud en general y le da más credibilidad a sus mensajes. Si ves a alguien que tiene sida y el sistema de salud no está ayudándolo, entonces ¿por qué escuchar los mensajes de prevención? El tratamiento es parte integral de todo el plan".