
La Declaración del Milenio —firmada por 189 gobiernos y jefes de Estado en la Cumbre del Milenio organizada en 2000 por las Naciones Unidas, en Nueva York— establece un marco de referencia que fue perfeccionado y llevado a la práctica como los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
La Declaración del Milenio y los objetivos son la culminación de décadas de forja de consenso en el sistema de las Naciones Unidas y en las cumbres mundiales y conferencias de las Naciones Unidas. Su marco de referencia se deriva de un amplio cuerpo de conocimiento y de la experiencia lograda durante muchos años de cooperación para el desarrollo.
La Declaración y los objetivos expresan una visión ampliada del desarrollo para el siglo, basada en los valores fundamentales de libertad, igualdad, solidaridad, tolerancia, respeto por la naturaleza y responsabilidad compartida. Se reconocen allí los desafíos y el costo de la globalización, como así también la necesidad de fortalecer y compartir sus beneficios para lograr que también se beneficien los países en desarrollo o en transición.
En la Declaración se afirma que no se debe escatimar esfuerzos para liberar al mundo de la pobreza extrema y se define al desarrollo como un derecho. Para alcanzar los objetivos es necesario aumentar la asistencia para el desarrollo y el alivio de la deuda, al igual que la gobernabilidad adecuada en cada país y a nivel internacional. También se requiere transparencia en los sistemas financieros, monetarios y comerciales del mundo. Sólo así, afirma la Declaración, se puede garantizar que "la mundialización se convierta en una fuerza positiva para todos los habitantes del mundo".