 COMUNICADO DE PRENSA
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Latinos en Estados Unidos, un perfil de salud
en clave de familia
Washington, D.C., 9 de junio de 2004 de 2004 (OPS)—Los latinos
que viven en Estados Unidos tienen más baja cobertura médica y reciben
menos cuidados de salud. Sin embargo, tienen mayor expectativa de vida que otras
comunidades. Esta “paradoja epidemiológica”, como se la denomina,
se refleja en múltiples indicadores y está siendo objeto de análisis
con el fin de diseñar un perfil de la “salud latina” y de sus
necesidades específicas.
La paradoja, y sus datos más reveladores, se presentan en el artículo
de tapa del último número de la revista Perspectivas
de Salud, titulado El desafío de una “salud latina” en
Estados Unidos.
Según proyecciones realizadas a partir del último censo, en 2002
vivían en Estados Unidos 38,8 millones de hispanos, lo que representa el
13% de la población (la primera minoría) y evidencia un crecimiento
del 58% respecto de 1990.
El censo también registró que las mujeres latinas tienen una
esperanza de vida de 83,7 años y los hombres de 77,2 comparado con 75,1
y 68,4 de los afroamericanos, y 80,1 y 74,7 de los blancos no hispanos.
Lo curioso es que la comunidad latina tiene, en general, menos acceso a los
servicios y cuidados de salud, bajo acceso a tratamientos (el 63% de los latinos
que trabajan no tiene seguro) y a medicamentos de última generación,
y el 22% vive por debajo de la línea de pobreza.
Las explicaciones incluyen palabras tan diversas como genes y familia. Para
René Rodríguez, jefe de Ortopedia del Hospital de Veteranos de Miami
y presidente del Colegio Interamericano de Médicos y Cirujanos, “el
sentido de familia es lo que sostiene la salud de los latinos. Los vínculos
familiares solidarios son esenciales para preservar la salud. Cuando un hispano
se enferma, toda la familia llega preocupada al consultorio o al hospital. Esa
contención, ese apoyo, es esencia de vida”.
Según se informa en el artículo, aunque los latinos se han ido
arraigando en Estados Unidos por más de medio siglo, hacia fines de los
80 todavía no se sabía demasiado sobre sus características
epidemiológicas. “Recién en 1989 se incorpora a los hispanos
como un grupo aparte en las encuestas de salud –explica Jane Delgado, presidenta
de la National Alliance for Hispanic Health–. Hasta ese momento no sabíamos
cuántos nos moríamos ni de qué nos enfermábamos”.
Desde entonces, los indicadores están un poco más claros. Por
razones que se encuentran en el estilo de vida, las conductas, la nutrición,
la fe, la familia, la genética y la comunidad, los hispanos –según
estadísticas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades
(CDC) – tienen mayor prevalencia de asma (especialmente los puertorriqueños),
VIH y otras enfermedades de transmisión sexual, de obesidad y de enfermedad
pulmonar obstructiva.
A pesar de que comparten con otros grupos de población las dos primeras
causas de muerte –trastornos cardíacos y cáncer se diferencian
en las que siguen inmediatamente en la lista: mueren más a causa de lesiones
accidentales, accidentes cerebrovasculares, diabetes, cirrosis hepática
y homicidios. De hecho, en Estados Unidos, los accidentes de tránsito son
la principal causa de muerte entre los hispanos varones menores de 34 años.
Un exponente del trabajo con la comunidad latina es Juan Romagoza, quien dirige
La Clínica del Pueblo, en Adams Morgan, el barrio latino de Washington,
D.C., desde su fundación en 1983. La clínica recibió en 2003
a 8.000 pacientes hispanos, el 86% de origen salvadoreño. “Los inmigrantes
que llegaron en los 80 no percibían la salud como un valor, su principal
objetivo era sobrevivir. A la vez, no eran aceptados por el sistema de salud.
Pero, poco a poco, la comunidad comenzó a organizarse, a hacer valer el
“boca a boca”, y hoy tenemos ferias de salud a las que asisten más
de 500 personas”, cuenta Romagoza.
A partir de su experiencia, Romagoza asegura que los trastornos emocionales
y la violencia de las pandillas están hoy entre los principales problemas
de salud que afectan hoy a la comunidad latina. Y el gran desafío es que
incorporen la prevención y los exámenes médicos periódicos
como un sinónimo de salud. “El latino tiene el concepto fatalista
de que a veces es mejor no saber –opina-. Por eso, muchos llegan al servicio
de salud después de haber pasado por terapias alternativas ineficaces,
o cuando el mal ya es irremediable”.
Un ejemplo de la afirmación anterior está presente en el informe
2001 de la Sociedad Americana del Cáncer. El capítulo sobre el uso
reportado de las pruebas de detección temprana muestra que el 54% de las
hispanas se realiza mamografías, comparado con el 59,5% de las blancas
no hispanas y el 59,4% de las afroamericanas. En el caso del examen clínico
de los senos, la diferencia es mayor: 59,9% contra 68% y 67% respectivamente.
Diferencias similares se presentan en los exámenes preventivos de cáncer
de cuello uterino, y de colon, recto y próstata en el caso de los hombres.
El puente entre culturas es largo e implica muchos desafíos. “Incluso
las medicinas deben ser recetadas de distinta forma –explica Jóxel
García, director adjunto de la Organización Panamericana de la Salud
(OPS) –. Además, muchos latinos, y no sólo los indocumentados,
no van al médico porque temen a las preguntas que les hacen para construir
su historia clínica y, por eso, llegan a la sala de emergencia en caso
de necesidad extrema en vez de tener proveedores de salud regulares. Por eso,
es necesario que los médicos tengan una competencia cultural para lidiar
con esta diversidad, ya que somos de todos los colores, de todos los países,
somos primera, segunda y tercera generación de inmigrantes; y todos esos
componentes definen nuestra salud”.
Para Jane Delgado, la salud de los latinos en Estados Unidos está configurada
por tantas influencias interrelacionadas y cambiantes que la necesidad de comprenderlas
bien es esencial para proteger los aspectos positivos y reducir los costados negativos
del perfil de salud latino.
Aunque el tema tiene, sin dudas, un final abierto, Delgado concluye que “quizá
por el instinto de supervivencia, la primera generación de inmigrantes
que llega al país es más fuerte, en términos de salud, que
la primera que nace aquí. Pero aquellos valores fundamentales del inmigrante,
su sentido de comunidad y de familia, no pueden perderlos las nuevas generaciones
porque se trata de valores que también garantizan la salud”.
Entre otros artículos en esta edición de Perspectivas de Salud
están: “La vejez en las Américas”, “Una puerta
abierta a la vida” (sobre la extensión de tratamiento para VIH/sida),
y “Una cuestión de derechos humanos” (sobre las violaciones
de los derechos de enfermos mentales).
La OPS fue establecida en 1902 y es la organización de salud pública
más antigua del mundo. Es la Oficina Regional para las Américas
de la Organización Mundial de la Salud y trabaja con los países
para mejorar la salud y elevar la calidad de vida de sus habitantes.
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