Abriendo esclusas al avance panamericano de la salud mental
La canalización de los términos expresados por once países en la Declaración de Caracas sobre la salud mental en las Américas del 14 de noviembre de 1990 y adoptada por todos los países de la Región encuentran 17 años después en Panamá un puntual nexo entre la retórica de las buenas intenciones a la acción. El país centroamericano abandera hoy un singular liderazgo de reestructuración que está acabando con mitos e ideas falsas. Panamá avanza firmemente en la superación del arcaico modelo asistencial basado en el hospital psiquiátrico, en la figura del manicomio, con un reemplazo por alternativas comunitarias de atención descentralizada y por acciones de salvaguardia por el respeto a los derechos humanos y hacia la inclusión social.
Calidez, calidad, y dignificación están poniendo rumbo a un nuevo liderazgo de la salud pública de América Latina en el tratamiento y la atención a los usuarios y proveedores de los servicios de salud mental.
Varios países en la Región sobresalen por experiencias exitosas en cumplimiento a los compromisos adquiridos en la Declaración de Caracas de 1990. En una de estas naciones (Panamá), garantizar los derechos humanos de los pacientes con enfermedades mentales y trastornos de la conducta, elevando al mismo tiempo su calidad de vida, ya ha cruzado el umbral de lo invisible, de un antiguo modelo institucional-manicomial, para revelarse en hospitales generales y en los centros de salud de la capital y de casi todas sus 14 regiones sanitarias.
Es importante destacar que este es un proceso que ha ocurrido de manera progresiva en los últimos 15 a 20 años, a escala nacional, con resultados evidentes y concretos. El otro logro ha sido la sistematización de los cambios, que ha permitido que a pesar de las rotaciones de gobierno el proceso haya sido continuo, sostenible y sin retrocesos.
A manera de ejemplo, se pueden mencionar -entre otros- algunos índices o resultados generales (tomados del último informe de la evaluación del sistema de salud mental en Panamá) como los siguientes:
- Existen dos instituciones públicas, el Ministerio de Salud y la Caja del Seguro Social, con una amplia red de cobertura en el territorio nacional.
- El Hospital Psiquiátrico Nacional redujo de manera progresiva sus camas llevando adelante un proceso ordenado de des-institucionalización que permitió reinsertar en la comunidad cientos de pacientes. De más de 1,000 camas existentes en la década de los 80, actualmente la dotación de camas es de menos de 200. Sólo en los últimos cinco años las camas se redujeron en un 63%.
- Los índices de financiamiento de los servicios de salud mental se destacan como los más favorables en Centroamérica. Se dedica aproximadamente el 3% del presupuesto general de salud a la salud mental; y de este el 56% se usa en los servicios ambulatorios.
- En el país existen 8 servicios de psiquiatría en hospitales generales, destacándose el Hospital General Santo Tomás con una unidad de este tipo de más de tres décadas de existencia.
- Se han desarrollado 103 dispositivos ambulatorios de salud mental a lo largo de todo el país, lo que ha permitido acercar la asistencia especializada de salud mental a la red de Atención Primaria.
- Se han desarrollado servicios de salud mental para niños y adolescentes en la ciudad capital.
- Se estima que las dos terceras partes de la población total del país cubierta por la Seguridad Social tiene acceso a medicamentos psicotrópicos esenciales.
Con la voluntad, vocación y dedicación que en este proceso están desplegando a diario los trabajadores panameños de la salud, esta reformulación inter-programática e intersectorial transciende los límites del país.
Si a la atención, no a la exclusión
Panamá incluye. A pesar de problemas existentes y una falta de recursos técnicos y humanos, el proceso de descentralización y desinstitucionalizacion de la atención psiquiátrica de la salud pública panameña van viento en popa hacia el nivel primario de la salud.
Con la voluntad, vocación y dedicación que en este proceso están desplegando a diario los trabajadores panameños de la salud, esta reformulación inter-programática e intersectorial transciende los límites del país.
Todos los actores reconocen que se puede y se debe hacer mucho más. Pero los pasos ya tomados en el tratamiento y cuidado de los pacientes de la salud mental han dado al buque de este nuevo hacer en salud pública un idóneo tonelaje capaz de aguantar previsibles vientos y mareas, particularmente los resultantes de cambios políticos o del rechazo inicial de muchas familias a algunos componentes de la reforma.
Con la des-institucionalización y la subsiguiente reincorporación de los pacientes a sus entornos sociales, muchas familias se han visto confrontadas con la responsabilidad de recibir y atender a sus iguales. En muchos de los casos, estos reencuentros se producen después de tres y hasta cuatro décadas de incomunicación o falta casi absoluta de vínculos entre unos y otros.
Pero las esclusas a la modernización se han abierto en Panamá para un sector que recién muchos calificaban como la "cenicienta" de la salud frente a las tradicionales especialidades básicas de la sanidad. Otro tanto sucede en varios de los países latinoamericanos en la avanzada de este proceso. En Panamá los resultados saltan a la vista. Aquí, la transformación se plasma hoy como referente en las Américas. Gracias a la seriedad de cómo se está haciendo, este proceso parece no correr riesgos de volver a un pasado que pasado está.
Superando estigma y discriminación
Panamá entiende. En muy pocos años, los profesionales y personal de la salud panameños se han unido en seguimiento de su responsabilidad, y de la visión, el compromiso y la batuta política que el país está demostrando con hechos hacia una reformulación integral de su quehacer en salud mental. Como las esclusas de su célebre canal, una nueva ruta y un nexo para el entendimiento panamericano se han abierto aquí hacia una serie de enfermedades y patologías que hasta hace muy poco adolecían en todo el hemisferio de un fuerte estigma y discriminación institucional y de la sociedad en su conjunto.
No existe justificación ética, científica ni social para excluir de la comunidad a las personas que sufren una enfermedad mental.
Desde su despacho oficial, la Dra. Juana del C. Herrera A., Directora General del Instituto Nacional de Salud Mental de Panamá (INSAM), reconoce que se está logrando mucho con el trabajo en equipo en el que se mantienen empeñados psiquiatras, psicólogos, enfermeras especializadas, trabajadores sociales, médicos generales y las familias y sus organizaciones de apoyo. Y explica que todo ello es gracias en buena medida al respaldo de las instituciones de gobierno. Este apoyo en Panamá emana de la propia presidencia de la República y se palpa sin necesidad de hacer mayores esfuerzos inquisidores.
La Dra. Herrera es enfática al afirmar que lo que está ocurriendo dentro de la salud pública y en materia de discapacidades físicas y mentales en Panamá representa una metamorfosis que, aseguró, ha superado ya el modelo asistencial basado en el hospital psiquiátrico. En sus propias palabras, lo que ha acontecido en Panamá es un paso de la invisibilidad al ejercicio del derecho.
"No existe justificación ética, científica ni social para excluir de la comunidad a las personas que sufren una enfermedad mental".
Parte 10: Entrevista con el Ministro de Salud de Panamá, Dr. Camilo Alleyne
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