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 La salud mental en las Américas

Hospital Anita Moreno, en Los Santos (Panamá)
Por la salud, sin celdas con barrotes

"Yo soy de la escuela de que el cambio debe ser de entrada. Y en este cambio te vas adelante si tienes aliados. Y en la región de Los Santos sí tenemos fuertes aliados". Así se expresa la Dra. Ingrid R. Pardo G., directora de la Región de Salud de Los Santos, en Panamá, que en la práctica viene siendo el equivalente a la representante del ministro panameño de Salud, Dr. Camilo Alleyne, en esta provincia del país centroamericano.

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Entrada principal del Hospital Anita Moreno. Aquí se ha procedido a algo más que a una remoción modernizadora de sus salas y pabellones.

"Yo aspiro a que la provincia de Los Santos sea un centro de formación de recursos humanos de la sanidad en la especialidad de enfermedades mentales", dijo la Dra. Ingrid R. Pardo desde su despacho del Hospital Regional de Azuero Anita Moreno.

Este hospital está a unas tres horas de viaje en automóvil desde la ciudad de Panamá. Pero más que eso, está a años luz a cómo se veían y sentían sus instalaciones hasta hace muy poco tiempo.

En el contexto de la nueva psiquiatría y enfoque de las enfermedades mentales, el Anita Moreno era sí, un hospital psiquiátrico; pero un tristemente célebre hospital psiquiátrico que informes de organizaciones internacionales catalogaron no hace muchos años de 'deplorable'.

Esperen y verán

"Esperen ustedes a ver el Anita Moreno", advirtieron en repetidas ocasiones algunos trabajadores de la salud mental en la capital panameña a dos funcionarios del Ministerio de Salud y de la OPS que horas más tarde viajarían en misión oficial al tristemente célebre 'manicomio'.

Con el precedente del misterio que aportaban estas advertencias, el viaje en automóvil no estuvo exento desde el inicio de una lógica expectación e interrogante. Pero también se sabía que esta visita oficial al Anita Moreno se realizada por dos razones fundamentales: primero, para tener una aproximación de primera mano a un importante centro de atención de la salud mental ubicado fuera de la capital. Con ello, habría oportunidad de hablar con sus directivos, con los recursos humanos asignados al mismo y con los pacientes. El hospital además había sido objeto recientemente de una remoción física y de un giro a su enfoque programático tradicional ordenado por las autoridades del gobierno central.

La Dra. Juana del C. Herrera, directora general del Instituto Nacional de Salud Mental de Panamá, viajaba en esta ocasión para tener una percepción de primera mano del presumiblemente nuevo Anita Moreno cuya inauguración oficial estaba prevista para el 19 de abril. La Dra. Herrera iba acompañada por el Dr. Víctor Aparicio Basauri, Asesor Subregional de Salud Mental de la OPS para Centroamérica, México y el Caribe Hispano, con sede en Panamá.

"Para yo quitar las rejas de donde estaban los pacientes fue una guerra", les dijo la Dra. Pardo a sus dos visitantes nada más llegar al hospital. "Ahora estamos con la boca abierta, doctora. ¡Son los mismos pacientes los que ahora cuidan de su entorno!", exclamó con júbilo. "Sólo cabe rogar que el que aquí siga no quite lo que hemos destinado para estos servicios de salud mental".

Presión a la reforma

La Dra. Pardo hizo referencia a los informes de los organismos internacionales, y admitió sin vacilar que cuando ella y su equipo llegaron al Anita Moreno, efectivamente había hacinamiento, retención forzada, rejas por todas partes. "Un proceso de transformación de la psiquiatría como el que aquí ha tenido lugar no es algo que se pueda realizar a corto plazo. Pero tenemos aquí en el Anita Moreno a los actores clave de este proceso: los enfermos, los familiares, y la nueva concienciación del personal, que ya sabe que no es el actor principal, sino un instrumento más de ese apoyo entusiasta y activo a la reforma".

Como expresan otros oficiales de la salud en relación a la reforma del sector mental, los propios trabajadores de la salud fueron en un principio uno de los estamentos más reacios a aceptar la nueva mentalidad operativa y programática. Se trataba, en suma, de un cambio demasiado brusco como para facilitar su completa asimilación inicial.

La Dra. Pardo señaló que en efecto fueron "las primeras enfermeras que se capacitaron en la sub-especialidad las primeras que cuestionaron la idoneidad de la reforma". Pero explicó que eso empezó a cambiar muy rápidamente nada más empezar a verse los resultados en las dinámicas de los servicios y el estilo de la nueva atención y del clima de convivencia general.

Referente histórico

Treinta años atrás, el Anita Moreno era un hospital de concentración para las provincias centrales de Panamá, con una sala para mujeres, dos para hombres, y una capacidad de 100 camas cada una. En las décadas de los años 70, 80 y 90 prevaleció un modelo de atención custodial donde el hacinamiento era endémico. Los tratamientos a los pacientes se basaban en la administración indiscriminada de psicofármacos, electro-shocks y terapia laboral.

Pero eso no era todo. Fueron 30 ó 40 años en los que los pacientes agudos convivían en pabellones comunes con enfermos crónicos y ancianos.

Después llegó la Declaración de Caracas (1990). Este instrumento de consenso internacional para la acción por la modernización del sector de la salud mental en las Américas caló hondo en varios países de América Latina y el Caribe.

La Declaración de Caracas y otras subsiguientes como la suscrita en Brasilia, llegaron acompañadas por informes internacionales de denuncia por la violación de los derechos humanos de los pacientes con enfermedades mentales. Un estudio de Derechos Civiles y Humanos a personas con enfermedad mental describía así la situación del Anita Moreno de Panamá en 1997: "Deplorable estado de las infraestructuras y pobre calidad de atención de pacientes institucionalizados".

La reestructuración psiquiátrica en Azuero, en el Hospital Anita Moreno, inició en 1995 con los apoyos fundamentales de la OPS y del Instituto de Salud Mental Regio Emilia, de Italia. Pero estos esfuerzos aún se presentaban como bien tímidos en la práctica. Todavía en el 2004, una evaluación de la OPS sobre la calidad de atención en el Anita Moreno calificaba de "crítica" la situación en cuanto a la infraestructura y las condiciones de vida de los internos, con violación de los derechos humanos en enfermos internados, existencia de celdas y un exceso de camas hospitalarias.

El peso de una evaluación

No obstante estas evaluaciones técnicas, el Anita Moreno estaba ya inmerso en un fuerte proceso de reestructuración que se ejemplifica con la experiencia de su acusada reducción de camas hospitalarias. Así, de un total de 414 camas en 1990 se pasó a 203 en 1998, a 162 en el 2002, y a 128 en el 2006.

"La evaluación del 2004 por parte de la OPS impulsó cambios internos en las figuras administrativas responsables directamente del día a día del Anita Moreno", explicó el actual jefe de psiquiatría, Dr. Carlos E. Córdoba R. "En estos últimos años hemos desarrollado un modelo de transformación del hospital, pero no centrado en el hospital mismo", puntualizó. "El esfuerzo se ha realizado de una forma y con una visión comunitaria, más allá de los límites del hospital".

El Asesor Subregional de la OPS coincide en esa apreciación. Luego de entablar un denso diálogo con las autoridades y profesionales del Anita Moreno y de realizar un pormenorizado recorrido por sus amplias instalaciones a pocos días de la inauguración oficial, el Dr. Aparicio Basauri aseguró que el modelo que se está desarrollando es uno coherente y va en la línea de la OPS y del Gobierno de Panamá hacia objetivos comunitarios.

"La humanización sectorial se puede ahora percibir, y no sólo por sus estructuras modernas", dijo el funcionario de la OPS. "Es una humanización por el acercamiento al paciente. Está claro que hay que seguir trabajando en esta línea, y en esto va a haber un continuado apoyo técnico OPS de capacitación. Los Santos -aseguró el Dr. Aparicio Basauri- reúne hoy las condiciones para convertirse en un centro regional para la formación de recursos humanos especializados en salud mental".

No olvidemos

Al término de una visita que se prolongó por espacio de más de cuatro horas, la Dr. Herrera, directora general del Instituto Nacional de Salud Mental, dijo sentirse profundamente emocionada por haber podido presenciar el antes y el después del Anita Moreno. "Aquí ya no se está pensando en términos de barrotes".

"Gracias, Dra. Herrera", replicó su anfitriona, la Dra. Pardo. "Pero no olvidemos que mi posición puede desaparecer en cualquier momento. Si eso llegara a ocurrir, no se dejen quitar esos logros".

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