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Vol. 5 - No.2 - 2000
La Violencia contra la mujer en las Américas
Una violación de los derechos humanos y un problema de salud pública internacionalPor la dra. Marijke Velzboer-Salcedo y Julie Novick Las Naciones Unidas definen la violencia contra la mujer como cualquier acto de violencia de género que resulta, o que probablemente resulte, en un perjuicio físico, sexual o psicológico o sufrimiento para la mujer, incluidas la amenaza de tales actos, la coerción o la privación arbitraria de la libertad, ya sea en público o en privado. ![]() Virgina Morales, agredida por un hombre en Cali,Colombia, se negó a revelar a las autoridades el nombre del agresor. La violencia dirigida hacia una persona de otro sexo no constituye un problema nuevo: ha existido a lo largo de toda la historia. Lo que es novedoso es el reciente reconocimiento del problema, que empezó con la conferencia de 1993 sobre derechos humanos, en la que se declaró que la violencia contra las mujeres constituía un abuso de sus derechos humanos. Desde entonces, la Declaración de las Naciones Unidas sobre la Violencia contra la Mujer (1993), la Conferencia Inter-nacional sobre Población y Desarrollo (1994), la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer (1995) y la Convención Interamericana para la Prevención, la San-ción y la Erradicación de la Violencia (1995) han sostenido públicamente que la violencia contra la mujer es un problema internacional. La mayor parte de los gobiernos del mundo han ratificado estas declaraciones y están incorporándolas en sus políticas nacionales. La Asamblea General de las Naciones Unidas acaba de designar oficialmente al 25 de noviembre como Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Un estudio de caso en Lima, PerúAngela es un ama de casa de 27 años que vive en Lima, que se encontraba en una relación abusiva. "Tenía que acostarme con mi marido para obtener dinero para las necesidades diarias. Prácticamente tenía que vender mi cuerpo. Pensé que se trataba solo de mi destino, porque mi padre abusaba de mi madre. Pero acabo de denunciarlo y he firmado un documento en el que se le responsabiliza de proveerme respaldo financiero. Ahora tengo derechos y sé que existen instituciones que defienden a las mujeres que son objeto de abuso. Sigo viviendo en la misma casa, pero mi marido ya no abusa de mí, porque le está prohibido en ese documento que firmó". Angela completó recientemente catorce sesiones con un Grupo de Apoyo Mutuo (GAM) del Perú, que cuenta con la asistencia de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y el Ministerio de Salud del Perú, y financiamiento del gobierno de los Países Bajos. Los grupos de apoyo como éste pueden prevenir la violencia doméstica permitiendo a las mujeres escapar de situaciones abusivas. Las sesiones desarrollan el apoyo mutuo entre las mujeres víctimas de abuso y les permiten recobrar su autoestima y el control de sus vidas y las de sus hijos. La respuesta del sector de la saludSi bien se reconoce en todo el mundo que la violencia doméstica o de género constituye un abuso de los derechos humanos, en muchos países de las Américas no es percibida o abordada como un problema de salud pública. Pero de acuerdo con el Centro para la Salud y la Equidad de Género, en la mayor parte de los países el sistema de atención de la salud es la única institución que interactúa con casi todas las mujeres en algún momento de sus vidas. Ello hace que las organizaciones de salud pública constituyan el mejor punto de contacto para detectar e iniciar la corrección de la violencia de género en las Américas. Las mujeres abusadas interactúan con el sector salud debido a un aumento en la incidencia de daños físicos y mentales, así como por las consecuencias adversas en materia de salud reproductiva, como las pérdidas o el aborto. Lamentablemente, la mayor parte de los proveedores de servicios de salud no han sido capacitados para reconocer el riesgo de violencia doméstica o para recabar información sobre situaciones de este tipo. Los estudios muestran que los proveedores de servicios de salud pueden ver muchas veces a la misma mujer por lesiones similares, sin correlacionarlas con la violencia doméstica. Los médicos también han sido acusados de ser insensibles a los problemas de sus pacientes femeninas. Un trabajador de salud hondureño declaró que "la demanda de servicios de salud es tan grande, que no hay tiempo para hablar con los pacientes. En los exámenes de diagnóstico, el médico solo tiene tiempo para observar los problemas médicos". Muchas mujeres no abordan el tema de la violencia, a menos que se les pregunte directamente. Según el Centro para la Salud y la Equidad de Género, una encuesta demográfica y de salud realizada en 1998 en Nicaragua encontró que más de una tercera parte de las mujeres-que habían sido lesionadas por sus compañeros-nunca se lo habían dicho a nadie. Si bien un 57 por ciento de las mujeres había sufrido lesiones, solo 13 por ciento había recibido atención médica, y 7 por ciento de las mujeres declaró haber buscado ayuda en un centro de salud u hospital como consecuencia de la violencia. Incluso en esos casos, la mayor parte de las mujeres no admitió la causa de sus lesiones. Existen muchos factores que impiden que las mujeres busquen ayuda en casos de abuso. Los primeros son factores internos, como las creencias y los valores de género, el temor a sufrir mayores agresiones, o la falta de conocimiento acerca de sus derechos humanos y de las leyes contra la violencia doméstica. También existe la vergüenza social asociada con el hecho de pegar a las mujeres y la esperanza desesperada de que su cónyuge cambiará. Factores externos, como el costo de los exámenes médicos y los procedimientos judiciales, el proceso burocrático o la baja calidad de los servicios y la falta de comprensión por parte de los proveedores de los servicios contribuyen a que las mujeres guarden silencio al respecto. Además, la ignorancia acerca del proceso de confrontar al abusador-o su dependencia económica-obstaculizan su iniciativa. Los factores que parecen impulsar a las mujeres a buscar ayuda son la frecuencia y la magnitud del abuso, o el hecho de que la mujer finalmente perciba que sus hijos o su familia se encuentran en situación de riesgo. La violencia de género en las AméricasSi bien todavía no se cuenta con información detallada sobre la prevalencia y la naturaleza de la violencia de género, las investigaciones muestran que está difundida en todas las Américas. El Instituto Panos informa que la violencia de género ocasiona más muertes e incapacidad entre las mujeres de 15 a 44 años que el cáncer, la malaria, los accidentes de tránsito y la guerra. Un examen de las investigaciones existentes, compilado por el Centro para la Salud y la Equidad de Género, muestra que entre 10 y 50 por ciento de las mujeres-en una diversidad de estudios y de circunstancias-han declarado haber sido golpeadas o lesionadas alguna vez por un compañero íntimo durante el transcurso de su vida. La violencia de género también difiere de otros tipos de violencia social debido a que con frecuencia ésta se basa en el rol subordinado que desempeñan las mujeres y las niñas en las familias y las comunidades. Según un estudio realizado en 1994 por el Banco Mundial, entre 50 y 70 por ciento de los abusos sufridos por mujeres en las Américas involucraron a sus compañeros o ex compañeros, y en todo el mundo se registra una cifra similar. Abuso físico, psicológico y sexualUn informe sobre población realizado en 1999 por el Centro para la Salud y la Equidad de Género señala un estudio llevado a cabo en Monterrey, México en el cual se indicaba que 52 por ciento de las mujeres abusadas físicamente también habían sido abusadas sexualmente por sus compañeros. Otro estudio reciente realizado en Nicaragua fue aún más dramático: de 188 mujeres abusadas, 181 también habían sido objeto de abuso sexual y emocional. La violencia no declaradaUn estudio realizado en 1994 en Estados Unidos, tomado de un documento de antecedentes del Banco Mundial, mostraba que solo se declara entre 2 y 8 por ciento de los abusos sexuales cometidos contra las mujeres, en comparación con 62 por ciento en el caso de asaltos y 83 por ciento en el caso de robos. Una gran proporción de las lesiones y las hospitalizaciones de mujeres también se debe a la violencia de género. El Instituto Forénsico de Bogotá informa que durante los años ochenta, 20 por ciento de todas las lesiones declaradas y 94 por ciento de las lesiones que merecieron hospitalización se debían a la violencia por parte del cónyuge. Embarazos de adolescentes por incestoUn documento preparado por el Banco Mundial en 1994 cita una encuesta realizada entre adolescentes en un albergue de Costa Rica, en la que 95 por ciento de las jóvenes embarazadas de 15 años o menos habían sido víctimas de incesto. En un estudio realizado en Costa Rica por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), titulado "Actitud que las mujeres adoptan para enfrentar la violencia intrafamiliar", una víctima de este tipo de abuso sexual manifestaba: "Cuando estaba en primer grado, mi tío político me violó, pero cuando la dije a mi tía lo que me había hecho, no me creyó. Dijo que era una mentirosa. Entonces me puso en el Reformatorio Guadalupe... donde me crié hasta que tuve doce años". Las causas de la violencia de géneroEl Centro para la Salud y la Equidad de Género considera que la violencia contra las mujeres se origina en un marco de factores a nivel familiar, comunitario y social. Los factores a nivel individual que aumentan la posibilidad de abuso incluyen:>
Mientras que las dos primeras categorías se consideran de carácter ambiental, el abuso de drogas y de alcohol se clasifican como enfermedades que pueden ser tratadas en organizaciones de salud pública. Si bien la violencia de género puede tener diversas causas, casi invariablemente se traduce en daños físicos y los consiguientes problemas de salud. El mejor tratamiento es la detección temprana y el tratamiento con los procedimientos adecuados. Estudios transculturalesEl control de los hombres sobre las finanzas y las decisiones dentro de la familia son factores significativos que con frecuencia conducen al abuso. Al nivel comunitario, el aislamiento físico de las mujeres y la falta de respaldo social-combinados con los grupos masculinos que estimulan y respaldan la violencia-también incrementan la posibilidad de violencia contra las mujeres. Por último, a nivel social, los papeles rígidos establecidos según el género y un concepto "machista" de dominación física y psicológica con frecuencia perpetúan la violencia contra la mujer. Claudia García-Moreno, de la Organización Mundial de la Salud (OMS), sostiene que "la violencia contra la mujer se ve respaldada y/o reforzada por normas y valores de género que colocan a la mujer en una situación subordinada con respecto a los hombres". Una mujer afectada por la violencia en Panamá relató su historia en un estudio de la OPS. "La violencia que veo con más frecuencia se produce entre el marido y la esposa, porque los maridos son machistas, engañan a sus mujeres, tienen mujeres en la calle y descuidan su hogar. Cuando vienen a la casa, hay problemas". García-Moreno, de la OMS, también expresa que "las creencias culturales con respecto a la violencia en las relaciones sexuales y de género no solo se manifiestan al nivel individual, sino que se ven reforzadas al nivel familiar, comunitario y social, incluidos los medios de comunicación". Los niños y las niñas se adhieren a las normas y valores culturales-de acuerdo con los cuales se estimula a los varones a ser agresivos y sexualmente activos-mientras que a las mujeres se les enseña a ser sumisas y resistir la actividad sexual. El costo de la violencia de géneroLa violencia de género supone costos financieros y sociales. Canadá, como parte de la campaña nacional contra la violencia de género, estima que el costo de la violencia de género alcanza a US$1.100 millones anuales, que incluyen la atención médica y la pérdida de productividad, según un informe realizado en 1997 por el Banco Interamericano de Desarrollo. El Centro para la Salud y la Equidad de Género informa que la violencia contra las mujeres y las niñas ocasiona problemas de salud inmediatos y de largo plazo, como lesiones, muerte o incapacidad; una diversidad de condiciones físicas y crónicas: problemas de salud reproductiva; desórdenes de salud mental; suicidios; abuso de drogas y comportamiento sexual riesgoso. Estudios realizados en Estados Unidos y Nicaragua estiman que las mujeres abusadas muestran una probabilidad dos o tres veces mayor de necesitar y utilizar los servicios de salud pública. También existen evidencias preliminares de que la violencia contra la mujer afecta la salud y el desarrollo de sus hijos. Un reciente estudio sobre mujeres abusadas en Nicaragua muestra que 63 por ciento de sus hijos repiten el año escolar. También abandonan la escuela cuatro años antes, y muestran una probabilidad cien veces mayor de ser hospitalizados que los hijos de las mujeres que no sufren abuso. Según un informe realizado en 1996 por el Consejo Nacional de Investigaciones, una tercera parte de los niños que han sido abusados o expuestos a la violencia familiar se convierten en adultos violentos. Igualmente, el abuso sexual en la niñez se ha identificado con un factor de riesgo de delitos sexuales en los varones cuando son adultos. La prevención de la violencia de géneroLa violencia de género es endémica en los países en desarrollo, y tanto sus perpetradores como sus víctimas provienen de todas las clases sociales, nacionalidades y estratos económicos. Mientras que gran parte de las investigaciones se han concentrado en las características personales de los perpetradores, el comportamiento también se ve influenciado por la sociedad. Las leyes, los valores culturales, las estructuras sociales y las relaciones locales o familiares ayudan a determinar si una persona incurre en un comportamiento violento y si estos patrones sociales pueden ser modificados. Las investigaciones existentes indican que las sociedades pueden verse relativamente libres de violencia doméstica cuando existen pautas de comportamiento comunitario que provean apoyo y un activo reconocimiento de la mujer. Estas incluyen:
Para tener éxito, estas intervenciones y programas deben integrarse en la comunidad y contar con respaldo al nivel de la política nacional. Esfuerzos comunitarios que involucran a las mujeres, los hombres y los jóvenesLas intervenciones eficaces hacen que el problema sea más visible y desafían las normas sociales que condonan y estimulan la violencia contra la mujer. Algunos ejemplos incluyen:
Según García-Moreno, las intervenciones que se concentran en los hijos de las mujeres abusadas no solo constituyen una importante estrategia de prevención contra la violencia doméstica, sino contra la violencia en general. Pueden conducir a una mejor salud mental y al bienestar físico de las futuras generaciones. También pueden ayudar a un mejor entorno social los programas escolares que contribuyen a forjar mejores relaciones de género y la resolución no violenta de conflictos, así como programas destinados a enseñar a los pa-dres a criar a sus hijos en un ambiente sin violencia. En Estados Unidos, el enfoque basado en la comunidad mediante la creación de una red que asegura la colaboración entre todos los grupos de personas que proveen apoyo a la mujer ha sido tan eficaz que se ha reproducido en más de cien comunidades durante la última década. Con sus contrapartes nacionales de los ministerios de salud y los sectores público y privado, el Programa Mujer, Salud y Desarrollo de la OPS ha creado un modelo intersectorial integrado que se ha puesto en práctica en setenta municipalidades de Belice, Bolivia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá y Perú. Haciéndole frente a la violencia de géneroEl modelo integrado de la OPS proporciona a los países un marco de referencia destinado a ayudar a cada mujer que sufre de violencia doméstica y a la vez erradicar el problema en gran escala. El modelo funciona en tres niveles:
Servicios de saludEstos son los puntos iniciales de detección para las mujeres que sufren de abuso. Los proveedores de servicios de salud están capacitados para identificar casos de abuso en mujeres durante las visitas relacionadas con la salud primaria y la salud reproductiva. Luego pueden aplicar protocolos para asegurar la calidad del servicio y la recopilación de datos, y en algunos casos están capacitados para recoger evidencias que puedan servir en procesos judiciales. Grupos de trabajoEstos incluyen a la OPS, los ministerios de salud y las organizaciones no gubernamentales, que aplican análisis de situación en la comunidad para evaluar la prevalencia de la violencia utilizando información proveniente del sector salud, el sistema judicial, la policía y encuestas. Utilizan el instrumento creado por el programa de la OPS sobre salud y desarrollo de la mujer para determinar la actitud que adoptan las mujeres para lidiar con la violencia intrafamiliar, con el objeto de identificar las organizaciones comunitarias, las personas y los recursos que ayuden a las mujeres a enfrentar esta situación. Los trabajadores del sector salud utilizan la información para movilizar a las organizaciones y los líderes comunitarios, creando redes de apoyo y de servicio. Estas varían en cada comunidad y pueden incluir la policía, los sistemas judiciales, los líderes comunitarios, las organizaciones no gubernamentales, las organizaciones de mujeres, las escuelas, las iglesias y los hospitales. Las redes se reúnen regularmente para planificar, implementar, vigilar y coordinar actividades que se relacionan con las necesidades de las víctimas y sus familias. La aplicación de este sistema en los niveles regional y nacional debe incluir la participación de representantes de las redes locales y las entidades públicas nacionales, como los ministerios de salud, de asuntos de la mujer, trabajo, educación y bienestar, así como del sistema judicial. Las redes también pueden promover políticas, actividades de capacitación, legislación y recursos destinados a abordar la violencia doméstica a los niveles nacional, regional y local. La OPS y otras agencias de las Naciones Unidas, junto con instituciones regionales y nacionales, están involucradas en un esfuerzo interinstitucional destinado a abordar el tema de la violencia de género a través de la campaña de "Una vida sin violencia: es un derecho nuestro". Respuesta de las organizaciones localesVarias organizaciones locales están llevando a cabo programas exitosos destinados a prevenir y combatir la violencia doméstica:
La violencia de género es diferente a otras clases de violencia social, ya que ocurre dentro del hogar y con frecuencia es infligida por seres queridos y ex compañeros. La mayor parte de las víctimas son mujeres que tienen acceso limitado a ingresos o fuentes de poder, y que probablemente no consultan a los servicios de salud existentes acerca de la violencia de género. Cuando acuden a estos servicios, con frecuencia solo lo hacen por problemas de salud física, mental o reproductiva que fueron ocasionados o agravados por la situación. En última instancia, la violencia contra las mujeres se basa por lo general en la discriminación basada en el género, y en consecuencia, los esfuerzos por abordarla deben vincularse a los esfuerzos por dotar de derechos a las mujeres. El Panel Canadiense sobre Violencia contra la Mujer señala que "resulta abundantemente claro que las mujeres no se verán libres de violencia hasta que no haya igualdad, y la igualdad no puede lograrse hasta que la violencia y la amenaza de violencia se hayan eliminado de la vida de las mujeres". La prevención de la violencia contra la mujer supone un compromiso de numerosos sectores, y un enfoque integral. Tal compromiso debe concentrarse en la prevención como un derecho humano básico y la adopción de un enfoque en el cual participen activamente tanto el sector salud como las mujeres abusadas y sus defensores. Aún así, este es un proyecto ambicioso. La Dra. Marijke Velzeboer-Salcedo es coordinadora del Programa Mujer, Salud y Desarrollo de la OPS. Julie Novick trabajó con ella en la redacción e investigación de este artículo.
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