 Un recién nacido descansa sobre el vientre de su mamá. Las parteras creen que las madres deben experimentar el parto como un "proceso natural", sin intervención médica indebida. (Foto ©Armando Waak - OPS/OMS) |
En América Latina, donde la inmensa mayoría de las parteras son lo que los expertos en salud pública llaman "parteras tradicionales", la situación es diferente. Las parteras tradicionales a menudo trabajan en condiciones de extrema pobreza, con escaso acceso a servicios de apoyo y poca capacitación formal.
Estas condiciones, dice la Dra. Virginia Camacho, de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), sitúan el tema de las comadronas en una perspectiva diferente. El problema es que muchas mujeres en zonas pobres aún carecen de acceso a una atención obstétrica básica, particularmente en situaciones de emergencia. Las parteras tradicionales, piensa ella, no pueden tratar crisis como pre-eclamsia, infecciones y hemorragia.
La Dra. Virginia Camacho dirige la Iniciativa Regional de Reducción de la Mortalidad Materna de la OPS, que trabaja para mejorar la salud materna e infantil en la región. A fines de la década de 1990, la mortalidad infantil en América Latina y el Caribe alcanzó el 35,5 por 1.000 nacidos vivos y la mortalidad materna, 190 por 100.000 nacimientos. Aunque estas tasas aventajan a las de otras regiones subdesarrolladas, están aún muy a la zaga de América del Norte, con mortalidad infantil de 7 por 1.000 nacidos vivos y materna de 11 por 100.000 nacimientos.
Para mejorar esto, la OPS, UNICEF y otros están apoyando iniciativas para incrementar las opciones de los pacientes y el acceso a centros de atención médica. Trabajando con los ministerios de salud de los países, estos programas apuntan a aumentar el uso de servicios de maternidad integrales y de calidad, que incluyen centros de nacimiento comunitarios y casas de maternidad para las embarazadas, sitios donde las mujeres pueden recibir seguimiento y dar a luz si no tienen problemas, pero donde el personal puede reconocer señales de alarma y referir a las mujeres a hospitales.
Mientras enfatizan la atención básica y el acceso, estos programas también intentan incorporar muchas de las preocupaciones de las parteras y de quienes abogan por una atención obstétrica centrada en la mujer. "La cultura del nacimiento está cambiando", dice la Dra. Camacho. "Estamos comenzando a evaluar las necesidades de las mujeres y sus familias. Finalmente estamos escuchando la voz de la comunidad y tenemos que enlazar la cultura con los servicios de salud".
En cuanto a las parteras como una opción para la atención del parto, la Dra. Camacho señala que sólo unos pocos países latinoamericanos tienen programas profesionales para formar parteras con capacitación y licenciarlas para proveer servicios que van desde planificación familiar hasta cuidados prenatales, parto y seguimiento posparto. Sin embargo, muchos países ofrecen capacitación que se aproxima al modelo estadounidense de parteras-enfermeras, es decir, enfermeras universitarias que reciben capacitación adicional en obstetricia. Según la Dra. Camacho, apoyar este modelo "podría ser una estrategia alternativa para América Latina para desarrollar competencia y habilidades en un tipo de atención obstétrica que sabemos es efectiva para reducir la mortalidad materna, al tiempo que es rentable y centrada en la mujer".
 Una enfermera orienta a los futuros padres sobre el cuidado a los recién nacidos, en un hospital de Taguatinga, D.F., Brasil. Los programas de la OPS enfatizan en incrementar las opciones de servicios de salud para la maternidad. (Foto ©Armando Waak - OPS/OMS) |
Mientras tanto, otros trabajan para ampliar las habilidades y conocimientos de las parteras tradicionales, cuyo número supera varias veces el de parteras profesionales en la región. La organización CAIS do Parto (Centro Activo de Integración del Ser), fue creada hace diez años, con sede en Olinda, Pernambuco, noreste de Brasil, la región más pobre del país. El CAIS coordina la Red Nacional de Parteras Tradicionales, que ya tiene inscritas a cerca de 7 mil parteras y ha capacitado a casi 3.500.
"El trabajo del CAIS es la capacitación, legalización e inclusión de las parteras en el sistema de salud oficial", dice Dayse Reis Rodrigues, coordinadora del CAIS do Parto. "Las parteras son grandes aliadas de los programas de salud comunitaria y podrían ser mucho más utilizadas por el sistema de salud. Se sabe que existen cerca de 60 mil parteras tradicionales en Brasil, según cálculos del Ministerio de Salud, pero estos son cálculos precarios, porque muchas parteras trabajan en la orilla de los ríos, al pie de las montañas, lejos de cualquier sistema de acreditación o control".
Reis dice que la mayoría de las parteras tradicionales son empíricas, no tienen noción de anatomía y pueden ser analfabetas, pero que la capacitación está encaminada a llenar esos vacíos y a lograr que sean capaces de recurrir a cuidados de emergencia cuando sea necesario. "El parto con una partera es seguro, pues una partera experimentada percibe si hay problemas mucho antes del nacimiento, por factores que ella va analizando. Parte del trabajo del CAIS es capacitarlas inclusive en primeros auxilios".
| Manos amigas Linda Walsh, partera-enfermera y profesora asociada de la Escuela de Enfermería de la Universidad de San Francisco, California, llevó a un grupo de 10 estudiantes de enfermería a San Lucas Tolimán, Guatemala, en enero del 2001, como parte de un programa de inmersión, dedicado a las habilidades obstétricas y a la salud materna e infantil. Aquí están extractos de su diario: El lunes fue el día más extenuante. Nos llevaron por caminos sucios en la base del volcán, luego nos dejaron y subimos un par de kilómetros arriba, arriba, arriba. . . . Era un paisaje campestre precioso. Las tres parteras del lunes eran mujeres brillantes, experimentadas que querían lo mejor para sus pacientes. Encontramos varios problemas: posibles gemelos. . . feto en posición invertida. Todas estas mujeres fueron referidas a la clínica para atención continua y parto. Nos impresionó saber que cuando se identifica un problema durante el parto, el esposo amarra a su mujer en una silla y la carga montaña abajo. . . No puedo imaginar como ir por esos caminos de noche. El viernes era la capacitación mensual. . . Me dijeron que yo iba a dar la conferencia sobre complicaciones posparto. Lo pasé muy bien, me ayudaron en la traducción al español dos de nuestras estudiantes y al Cakchiquel, una de las comadronas. Se rieron tanto con mis dibujos, cuando comparaba el útero con un aguacate y hablaba de las razones de los sangramientos. Lo mejor fue cuando enfatizaba que los instrumentos más importantes para una partera son sus manos y sus ojos y una se levantó y dijo '¡Yo tengo buenas manos, estas manos saben si el bebé viene o no!' y todas las otras comadronas aplaudieron. |
Sin embargo, si bien las parteras tradicionales y sus pacientes se beneficiarían sin dudas con la capacitación externa, la profesora Walsh y otras parteras-enfermeras advierten que transferir tecnología y prácticas obstétricas de una cultura a otra puede acarrear consecuencias negativas. "No hemos examinado bien el uso apropiado de tecnología y como resultado hemos exportado inadecuadamente tecnología obstétrica que ni siquiera aquí [Estados Unidos] ha probado ser efectiva", explica Walsh.
Ella recuerda la experiencia de una pequeña clínica de San Lucas Tolimán, Guatemala, donde recibieron un monitor para revisar electrónicamente al feto durante el trabajo de parto, pese a que su utilidad estaba siendo cuestionada en los Estados Unidos. "Simplemente no sabemos cuándo tiene sentido", concuerda otra partera-enfermera, "y enviar nuestros estándares a otros países es erróneo".
La profesora Walsh ve un problema más grave. "Nos metemos en problemas cuando asumimos que proveer capacitación de ciertas habilidades va a mejorar la atención, cuando en realidad puede incrementar los problemas de mortalidad y morbilidad". Como ejemplo, ella menciona la promoción del examen de la cerviz para evaluar el progreso del parto. "Las parteras tradicionales no tienen acceso a guantes esterilizados y, por tanto, el uso de esta práctica puede incrementar la incidencia de infecciones", explica Walsh.
Para Williams, del ACMN, lo que debe promocionarse en todas las culturas es un "modelo de atención que busque la preparación de las mujeres y resulte en una experiencia de parto que refuerce la capacidad de la mujer para ser madre y la identidad de la familia". "Amabilizar el arte de la obstetricia", lo ha denominado el Dr. Kenneth Bell, de Kaiser Permanente.
Pero, claramente, lograr un balance entre las intervenciones apropiadas para reducir la mortalidad materna e infantil y una atención de parto que sea humana y focalizada en la experiencia de las mujeres, requiere el desarrollo ulterior de modelos eficaces, especialmente en América Latina. "El nacimiento es un acto noble y no le concedemos el respeto que merece", dice la Dra. Camacho de la OPS. "Tenemos que humanizar la experiencia del parto, pero también tenemos que brindar atención de calidad".
Isabel M. Estrada-Portales es una periodista en Washington, D.C., quien trabaja en la Oficina de Información Pública de la OPS. La periodista Elayne Clift también contribuyó en este artículo.
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