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Durante gran parte de la última mitad del siglo pasado, la única razón para hacer un desfile de dengue en las Américas habría sido para celebrar su desaparición. Aunque ocurrieron brotes esporádicos alrededor del Caribe y en Venezuela en los años sesenta y setenta, los esfuerzos intensivos para controlar al Aedes aegypti -el mosquito vector del dengue- liberaron a la mayor parte de América del Norte, Central y del Sur de brotes graves de la epidemia por muchos años.
En 1981, sin embargo, el hechizo se rompió cuando Cuba fue azotada por una epidemia de dengue clásico y dengue hemorrágico. Cientos de miles de personas contrajeron los síntomas del dengue clásico: fiebre, debilidad, fuertes dolores de cabeza, espalda y musculares y una erupción cutánea roja brillante. De los 10.312 casos de dengue hemorrágico, se notificaron 159 defunciones.
Hoy, cerca de dos quintos de la población del mundo está en riesgo de contraer el dengue y más de 100 países han sufrido dengue o brotes de la fiebre hemorrágica del dengue. La incidencia anual de la enfermedad es de hasta 50 millones de casos por año en todo el mundo, de los cuales 500.000 son hospitalizados y 20.000 mueren. El cinco por ciento de los casos de dengue hemorrágico se da en niños menores de 15 años.
En las Américas, la situación se ha tornado progresivamente más alarmante, al aumentar tanto el dengue como la fiebre hemorrágica de dengue, con su mayor tasa de mortalidad.
Como explica el Dr. Jorge Arias, el asesor regional de enfermedades transmisibles de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el dengue tiene cuatro serotipos víricos, distintos pero estrechamente relacionados. "La primera vez que una persona contrae uno de estos, generalmente sólo resulta el dengue", señala el Dr. Arias, "y los pacientes se vuelven inmunes a ese serotipo". Pero una infección posterior con cualquiera de los otros tres serotipos puede dar lugar al dengue hemorrágico, cuyos síntomas incluyen hemorragias de la nariz y la boca, hemorragia bajo la piel y en algunos casos, shock y la muerte.
Después de la epidemia de 1981 en Cuba, el número de casos de dengue notificados en la región siguió siendo de menos de 200.000 por año hasta mediados de los años noventa, luego subió en forma sostenida a más de 700.000 en 1998. La cantidad ha disminuido durante los dos últimos años, aunque los funcionarios de la OPS creen que las verdaderas cifras pueden estar distorsionadas debido a notificación incompleta y la práctica de algunos países de notificar sólo los casos confirmados por laboratorio.
De hecho, en el año 2000 hubo epidemias de dengue en Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Cuba, Ecuador, Paraguay y Suriname. En 2001, se notificaron epidemias en Brasil, Ecuador, Perú y Venezuela.
Pocas comunidades -mucho menos países enteros- han podido impedir que el dengue siga su curso. Sin DDT y los otros plaguicidas potentes y tóxicos del pasado, el dengue generalmente se detiene sólo cuando el virus se ha transmitido a la mayoría de la población, enfermando gravemente a cerca del 20 por ciento, pero confiriendo la inmunidad contra esa cepa del dengue para el futuro.
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