| Perspectivas de Salud - Volumen 6, Número 2 - 2002 |
| Primera palabra |
La salud pública nunca ha sido más importante Los sucesos del 11 de septiembre de 2001 cuando los terroristas atacaron Nueva York y Washington, y el posterior envío de cartas contaminadas con ántrax a figuras públicas, tendrán repercusiones profundas en la práctica y en las prioridades de la salud pública, sin mencionar a las relaciones internacionales y la función de las organizaciones internacionales. Como a todos ustedes, estos ataques terroristas me sacudieron profundamente. Pude ver desde nuestra oficina la inmolación de los que murieron en el Pentágono. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) rápidamente ofreció asistencia a los Estados Unidos después de este enorme desastre, en el que alrededor de 3.500 personas de 80 países murieron en un acto de barbarie sin precedentes. El terrorismo puede considerarse como una enfermedad para la cual no existe otra vacuna o medicamento que la confianza y la buena voluntad de los hombres y las mujeres. Está por verse hasta dónde se desarrollarán los acontecimientos. Pero varias cosas están claras. Una es que la función y los principios básicos de la salud pública nunca han sido más importantes. El temor de ataques terroristas con armas biológicas, químicas o radiológicas no desaparecerá rápidamente, y las autoridades de salud pública deben aumentar su preparación para responder. Otra es que los países deben seguir actuando de manera colaborativa. Como dijo el Secretario de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos, Tommy Thompson, en la OPS en septiembre, sólo días después de los ataques terroristas, "La necesidad de crear asociaciones y alianzas nunca ha sido más imperiosa". La importancia de la colaboración internacional para combatir las enfermedades, prolongar la vida y mejorar los niveles de vida de toda la gente nunca ha sido mayor. Debemos unirnos aún más estrechamente para trabajar en pos de esta colaboración, que es uno de los objetivos fundamentales de la Organización Panamericana de la Salud. Pero también debemos tener en cuenta las nuevas realidades. Debido a la evolución de la tecnología, el destino de la humanidad es cada vez más uno común. El teórico político Robert Keohane aseveró que las instituciones internacionales pueden superar los obstáculos a la cooperación que surgen de la anarquía, aun cuando no exista un poder coercitivo. Hoy está claro que el terrorismo mundial, como el recalentamiento del planeta, el SIDA y otros temas internacionales, han situado a los países en una posición en la que deben cooperar. Después del 11 de septiembre se hizo evidente que algunas personas extraviadas, malvadas, no se detendrían ante nada para alcanzar sus objetivos políticos. No sería inimaginable que los terroristas desencadenaran como un acto de terror una de las antiguas pestes de la humanidad, la viruela, por cuya conquista combatimos durante tanto tiempo. Es nuestro deber trabajar con nuestros Países Miembros para ayudarlos a prepararse para tal eventualidad, por espantosa que ella pueda ser. Sólo una respuesta de salud pública eficaz y bien coordinada puede proteger contra la amenaza de las infecciones intencionales por el ántrax, la viruela, la peste, el botulismo, o aun las versiones genéticamente alteradas de estos u otros agentes. Los planes que incluyen la rápida detección, el diagnóstico y la respuesta pueden ayudar a proteger contra estos horrores. Mediante la capacitación meticulosa de los proveedores de atención de salud en el diagnóstico y la notificación de los cuadros clínicos concordantes con epidemias producidas por el hombre pueden darles a nuestros países una ventaja en materia de preparación. Las mejoras en la capacidad y la seguridad de los laboratorios también son cruciales. La investigación puede ayudarnos a combatir la posibilidad de estas infecciones y a encontrar nuevas maneras de distinguir su uso deliberado. Nuestros países deben considerar la necesidad de una amplia comunicación para informar al público adecuadamente. Durante 25 de nuestros 100 años de existencia hemos trabajado estrechamente en preparativos para situaciones de emergencia con muchos países en las Américas, proporcionando pericia técnica en la mitigación de desastres, la preparación, la respuesta, el manejo de heridos en masa y otros temas relacionados. Ahora debemos agregar el combate al bioterrorismo a nuestro arsenal. Promoveremos la participación de la defensa civil nacional, de los profesionales en el manejo de desastres, médicos y de salud pública en el reto para prepararse no sólo contra los ataques biológicos, sino también contra los ataques químicos y radiológicos. El resquicio de esperanza detrás de la nube de polvo y muerte levantada por el colapso del World Trade Center debe ser el anhelo de que las naciones tendrán éxito en prevenir el bioterrorismo. Los esfuerzos inmediatos que debemos realizar estableciendo estrategias nacionales y regionales más eficaces contra el bioterrorismo tendrán beneficios adicionales. Mejoraremos la respuesta a los brotes de enfermedades infecciosas naturales y a las enfermedades nuevas o emergentes. Mientras nos adentramos en el Año del Centenario de la OPS en 2002, no nos olvidaremos de la inútil e inmotivada matanza del 11 de septiembre, que va en contra de todo lo que nos identifica. Pero usaremos sus lecciones y nuestra recién hallada unidad en el rechazo al terror para acercarnos, para cobrar fuerzas mutuamente y para fortalecer nuestro esfuerzo continuo para mejorar la vida de todos los pueblos de las Américas. A su salud,
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