Perspectivas de Salud
La revista de la Organización Panamericana de la Salud
Volumen 7, Número 1, 2002

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La resistencia a los antibióticos:
¿Estamos acabando con los remedios?
por Alexandre Spatuzza
 

¿Perdiendo la batalla?

 Pharmacy in Latin America
Las farmacias de muchos países de América Latina y el Caribe venden antibióticos sin exigir la receta de un médico.   (Foto ©Armando Waak/OPS)
Cuando se visita un hospital grande del centro de la ciudad, en São Paulo, Ciudad de México o Buenos Aires, probablemente el problema sea igual: cada vez hay más infecciones de las vías urinarias, respiratorias y digestivas, debidas a microbios resistentes a los antibióticos más comunes. En entornos comunitarios, las bacterias resistentes son las que más ocasionan casos de diarrea, neumonía, infecciones de transmisión sexual, y hasta tuberculosis.

En el Instituto para Niños de São Paulo, uno de los principales hospitales pediátricos de Brasil, el Dr. Alfio Rossi, hijo, jefe del centro de control de infecciones del hospital, dice que a veces siente que está perdiendo la batalla contra los "bichos". Rossi ha observado el caso de algunos microbios que han alcanzado una resistencia de 60% a los antibióticos de primera línea, a pesar de sus esfuerzos por introducir métodos especiales para mantener aisladas a las infecciones.

"Mi impresión es que las cepas resistentes y la propagación de las infecciones están aumentando", dice, y cita como causas la falta de políticas nacionales de control, las malas condiciones asépticas, los trabajadores de salud no capacitados o sobrecargados de trabajo, y una cultura popular de consumir libremente los antibióticos. A pesar de los controles estrictos que ha impuesto para el tratamiento con antibióticos en sus propios pabellones, Rossi a menudo encuentra a su personal tratando a pacientes que ya han consumido antibióticos en otros hospitales y que ahora están sirviendo como huéspedes de cepas resistentes.

En uno de los pocos estudios de resistencia a los antibióticos en niños sanos en un país en desarrollo, el Dr. Alessandro Bartoloni encontró un nivel alarmantemente elevado de resistencia a los antibióticos en la conocida bacteria E.coli en niños bolivianos sanos. Es más, cuando envió a grupos de consumidores con síntomas inventados para evaluar las prácticas de las farmacias en una comunidad, encontró que "más de dos terceras partes de las farmacias vendían antimicrobianos sin una receta médica, y que la cantidad vendida dependía de lo que el paciente podía pagar". Las farmacias daban antibióticos inadecuadamente para 92% de los adultos y 42% de los niños con "diarrea acuosa, pero sin fiebre", lo que indicaba que no había infección. El 60% dieron medicamentos antidiarreicos a los niños, aunque ninguna farmacia dió sales de rehidratación oral, el tratamiento preferido por los médicos. Todas las farmacias locales vendieron suficientes antibióticos solamente para dos días o menos, aunque el intervalo de tratamiento recomendado es de uno a cinco días.

Estos resultados no sorprenden a la Dra. Liliana Clara, especialista en enfermedades infecciosas del Hospital Italiano de Buenos Aires y presidenta de la local Argentina de la Alianza Internacional para el uso Prudente de los Antibióticos (APUA). A menudo ve a padres que medican a sus hijos con antibióticos para casos de diarrea o rinorrea causadas por virus. "Ha existido una ley para controlar las ventas desde los años 60, pero a nadie le importa", dice. Pero agrega en seguida: "por una parte, la gente piensa que los médicos no hacen falta, y por la otra los médicos están recetando de manera incorrecta".

Una encuesta reciente del Consejo Federal Brasileño de Médicos sugiere que parte del problema sí depende de los médicos mismos, y que se deriva, en gran medida, de las condiciones en que trabajan. Brasil tienen una cifra estimada en 183.000 médicos, es decir uno por cada 1.000 habitantes. Pero, cerca de 65% se concentra en las ciudades, y 60% trabaja para el sector privado, lo que crea escasez en los sobrecargados hospitales del gobierno. Debido a los sueldos tan bajos (en promedio 1.300 dólares mensuales), uno de cada cuatro médicos brasileños tiene tres o más empleos. El personal de enfermería tiene condiciones de trabajo similares, lo que aumenta la posibilidad de transferir cepas resistentes de un hospital a otro. "Las malas condiciones se traducen en servicios de baja calidad," dice la Dra. Regina Parizi Carvalho, presidenta del Consejo Regional de Médicos de São Paulo, recalcando que, en Brasil, los médicos examinan en promedio 16 pacientes en cada turno.

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