Perspectivas de Salud
La revista de la Organización Panamericana de la Salud
Volumen 7, Número 1, 2002

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La resistencia a los antibióticos:
¿Estamos acabando con los remedios?
por Alexandre Spatuzza
 

Una cuestión de acceso

 Health worker talks to patient about antibiotics
Los médicos que quieren mantener buenas relaciones con sus pacientes a veces recetan antibióticos, aun en contra de sus propias convicciones, especialmente cuando saben que los antibióticos se pueden obtener fácilmente "en la calle".   (Foto ©Armando Waak/OPS)
Las condiciones sociales de los pacientes también contribuyen a prácticas inadecuadas de prescripción. Según Carvalho, muchos médicos prefieren recetar antibióticos de amplio espectro para pacientes que ellos suponen no pueden esperar por un diagnóstico completo o que probablemente no van a regresar debido a la distancia o a los costos del transporte. Más aún, muchos trabajadores de salud saben que si no recetan un medicamento, el paciente casi seguro acudirá a la farmacia y comprará sin receta cualquier remedio que a menudo será de mala calidad o que no bastará para un tratamiento completo.

Otros opinan que los problemas se exacerban debido a que no hay políticas nacionales acerca de la medicación para los pobres. Un estudio realizado en 1998 por el Ministerio de Salud de Brasil demostró que el 15% más rico de la población consume 48% de los medicamentos vendidos por las farmacias del país, mientras que el 51% que gana 600 dólares mensuales o menos consume solamente 16%. "Esto lo explica todo", dice el Dr. Aníbal Sosa, director de la Iniciativa para América Latina de la APUA. "El acceso a la atención de salud es precario en toda América Latina, lo que obliga a la gente a obtener los antibióticos en la calle."

Francisco Caravante, director del Consejo Farmacéutico Regional de São Paulo, está de acuerdo en que "la población de menores ingresos no tiene acceso a los medicamentos adecuados". Esto puede ser resultado de formas inadecuadas de recetar, escasez de suministros en las clínicas gubernamentales, o falta de fondos para comprar medicamentos. Cualquiera que sea la causa, los pacientes que tienen alguna infección y no pueden conseguir los medicamentos que necesitan, al ver que su salud empeora probablemente se verán obligados a ir a un hospital, donde estarán expuestos a las bacterias más resistentes de todas.

Si bien en la mayoría de los países de América Latina y el Caribe hay leyes vigentes para controlar la venta de medicinas, pocos cuentan con los medios adecuados para hacerlas cumplir. Debido a que tienen que resolver otros problemas más urgentes, ocuparse de la resistencia a los antibióticos y de controlar la venta de medicamentos, hasta ahora no ha sido una prioridad.

La Dra. Clara, del capítulo de la Argentina de la APUA, se extiende en este argumento al decir: "Debido a los problemas económicos nadie quiere enfrentarse a las empresas farmacéuticas y reducir el consumo de antibióticos". Los médicos que no tienen el tiempo necesario para informarse bien acerca de las nuevas medicinas terminan utilizando las que acaban de llegar al mercado, con lo que reducen la eficacia de las antiguas familias de antibióticos. "No hay controles gubernamentales, y algo que debería ser una decisión técnica de parte del médico se convierte en una decisión comercial", dice Caravante del Consejo Farmacéu-tico Regional de São Paulo.

Aunque los médicos quisieran mantenserse al día, las diferencias entre los microbios resistentes de América Latina y los de Norteamérica pueden significar una falta de información acerca de medicamentos antimicrobianos utilizados con menos frecuencia. "En ciertos casos hemos tenido que volver a utilizar antibióticos que prácticamente estaban olvidados para luchar contra esas nuevas cepas resistentes, y no hay bibliografía acerca de su uso," dice el Dr. Helio Sader, jefe de microbiología clínica de la Universidad Federal de São Paulo, en Brasil.

La creciente resistencia a los antibióticos también está aumentando el costo de los tratamientos, ya que cada vez es más frecuente que los médicos tengan que recurrir a los antibióticos de las últimas generaciones, a menudo en combinaciones, y no a los más antiguos y menos costosos. En los hospitales brasileños, por ejemplo, entre 25% y 30% de las cepas de las bacterias Pseudomonas, que usualmente afectan a los pacientes cuyos sistemas inmunitarios están debilitados, presentaban resistencia. Los médicos habían tenido que recurrir a clases de antibióticos relativamente nuevos, de amplio espectro llamados carbapenemas, que también son más costosos.

Un estudio realizado en el Hospital Español de México mostró un aumento considerable en el uso de antibióticos de tercera generación de 1992 a 1997. De la suma total anual dedicada por el hospital a la compra de antibióticos, que ascendía a 1,5 millones de dólares, se determinó que 350.000 dólares correspondían a antibióticos que se habían prescrito errónea-mente. El estudio concluyó que los métodos adecuados para controlar el uso de los medicamentos y recetarlos, podría reducir los costos del hospital en unos 500.000 dólares anuales.

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