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Cara a cara con las consecuencias por Josh Jackson
 Los promotores de salud comunitaria conocidos como "multiplicadores" difunden el mensaje de que el SIDA puede afectar a alguien en cualquier momento, a menos que se tomen las precauciones necesarias. (Foto ©Nestor Salavarría) | Aceptar su difícil situación ha sido un proceso desgarrador para muchos garífunas, proceso que de ninguna manera ha terminado. Habituados a grados variables de discriminación por parte de la sociedad hondureña, mayoritariamente mestiza, algunos garífunas comenzaron por considerar que los informes sobre sus tasas de VIH/SIDA, superiores a la media, estaban sesgados o eran simples calumnias. Conforme la enfermedad se ha ido cobrando un número cada vez mayor de víctimas, las comunidades garífunas han empezado a ponerse a la altura del desafío. "La gente habla de ello más abiertamente, especialmente los familiares de la persona infectada", dice Mirtha Colón, que lucha contra el SIDA entre los garífunas que viven en Nueva York. "Se han formado algunos grupos de apoyo en las comunidades de Honduras, y los familiares están buscando ayudarse a sí mismos."
Para Yolani X., promotora de salud del pueblo de Santa Fe, hacer frente al dolor y al estigma del SIDA ha sido una prueba muy personal. Antes de que su padre regresara de Nueva York con el SIDA, su madre ni siquiera había oído hablar de la enfermedad. Cuando aparecieron lesiones en los brazos de su madre, Yolani supo que había contraído el SIDA, pero no tuvo corazón para decírselo. Los dos hermanos de Yolani, al principio, rechazaron a su madre por miedo y por no comprender. Estuvo enferma tres años, antes de seguir a su esposo al sepulcro hace unos pocos meses. En una entrevista, Yolani pidió que no se hiciera público su apellido al contar lo sucedido.
Yolani trabaja ahora un proyecto de prevención del SIDA dirigido por el Dr. Manuel Sierra, profesor de medicina en Tegucigalpa, con dos títulos de doctor de la Universidad de Harvard. Fue Sierra quien primero descubrió la elevada incidencia del SIDA entre los garífunas, cuando encabezaba el programa de vigilancia epidemiológica de VIH/ SIDA del Ministerio de Salud. Los estudios de Sierra pusieron de manifiesto que algunas comunidades de garífunas presentaban una incidencia acumulada de casos de SIDA superior a 2.000 por 100.000 habitantes, frente a 134 por 100.000 a nivel nacional. También revelaron que sólo entre 20% y 40% de los varones garífunas usan regularmente condones en sus relaciones sexuales.
Estos resultados condujeron a Sierra a acercarse a un amigo y colega, el Dr. Néstor Salavarría, director de la Clínica el Buen Pastor, situada en el vecino departamento de Olancho. Ambos elaboraron un proyecto y consiguieron subvenciones del ONUSIDA mediante la Organización Panamericana de la Salud (OPS) para aumentar la conciencia acerca del SIDA y promover las medidas preventivas en las comunidades garífunas.
El proyecto se ha concentrado en adiestrar a educadores de la comunidad en materia de SIDA para que enseñen la verdad acerca del VIH/SIDA y la necesidad de prevención. Los doctores Sierra y Salavarría contrataron a Valentín, a otro médico local y a otras diez personas de la comunidad para promover la concientización sobre el SIDA, que a su vez buscaron voluntarios conocidos como "multiplicadores" en diversos grupos sociales y etarios. "Se trataba de encontrar y movilizar recursos locales para crear empatía y conciencia sobre el problema," dice Sierra. "Se adiestró a niños, adolescentes y otras personas para que siguieran formando a sus pares con intereses similares".
 Un joven garífuna realiza una tarea de clasificación ideada para evaluar su comprensión del SIDA y de lo que constituye un comportamiento peligroso. (Foto ©James Stansbury) | Al involucrar a los propios miembros de las comunidades, el programa ha logrado seguir esta tarea incluso después de agotarse las subvenciones internacionales.
"Lo extraordinario fue que, al visitar las comunidades con nuestros propios recursos de ONG, la mayoría de los multiplicadores seguían realizando actividades a pesar de la carencia de financiamiento", dice Sierra. "Estaban, en verdad, sumamente motivados".
Su incentivo suele ser personal. Una de las promotoras de salud, Inés Alicia Arzú, se asoció al programa después de que su hermana de 27 años de edad hubiera muerto de SIDA. Se había casado con un hombre que sabía que era seropositivo al VIH, pero que ocultó esta información a su nueva esposa. Él murió a los cinco meses, y su esposa le siguió dos años después.
"Es importante comunicar el mensaje", dice Arzú. "No hemos visto los cambios de comportamiento que me gustaría ver, pero creo que está entrando en la mente de la gente, y están comenzando a aceptarlo."
Parte del trabajo para cambiar el modo de pensar de los garífunas acerca del VIH/SIDA ha consistido en enseñar maneras en que no se transmite el SIDA, como son compartir una taza con un seropositivo o usar el mismo inodoro. Los mitos han despertado el temor, mientras que la verdad, con demasiada frecuencia, sólo parece producir apatía.
"Ya tienen conocimiento acerca de los condones", dice el antropólogo Stansbury, "al menos en las comunidades encuestadas. Pero esto no concuerda con las prácticas de los hombres jóvenes que, en principio, están en alto riesgo. No sabemos en qué medida podrán disponer de condones cuando más falta les hagan, ni en qué medida los varones jóvenes niegan o conocen mal sus posibilidades de infectarse. Disponer de buenos datos etnográficos de los trabajadores emigrantes garífunas nos ayudaría mucho a comprender mejor estas cuestiones."
Stansbury also notes the need to address gender dynamics and "the issue of relative power for women in negotiating sexuality....Even when women understand and come to terms with risk, they may be faced with recalcitrant and defensive partners."
Para Stansbury, uno de los aspectos más significativos de las iniciativas actuales de prevención del SIDA es que se centran en la juventud garífuna. "La labor educativa de la OPS y del Buen Pastor dirigida a los jóvenes es esencial, pues llega a los adolescentes al entrar en la etapa de la vida en que están expuestos al mayor riesgo. Es necesario comprender mejor y llegar a los jóvenes antes de que se conviertan en emigrantes que regresarán infectados a sus comunidades", afirma.
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