Perspectivas de Salud
La revista de la Organización Panamericana de la Salud
Volumen 7, Número 1, 2002

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Amenaza al bien público

Entré en la facultad de medicina en los años 50, casi 10 años después de la aparición de los primeros antibióticos. Todavía recuerdo la sensación de euforia suscitada por estas "balas mágicas" que, según creíamos, pondrían fin a las infecciones. La arrogancia médica, que acompañó al acceso fácil a estos medicamentos, determinó que muchos se olvidasen de los importantes adelantos logrados por la salud pública. Ahora cabe reflexionar que, si desde 1700 se ha añadido casi medio siglo a la esperanza de vida promedio, esto se debe menos a los antibióticos que a las medidas de salud pública. Agua limpia, saneamiento, mejor vivienda, mayores conocimientos del público y de los médicos acerca de los microbios como causantes de enfermedad, todo esto, aunado a la mejora de la alimentación, ha contribuido más a los notables aumentos de la longevidad en los tres últimos siglos.

Pero, ahora ha sonado la alarma indicándonos que la resistencia a los antibióticos aumenta cada día. A escala mundial, los antibióticos de primera línea ya no son eficaces contra cepas resistentes que causan varias de las enfermedades infecciosas más amenazantes, en particular la tuberculosis, la neumonía y muchas infecciones de transmisión sexual. Las consecuencias de la resistencia ya no se limitan a los hospitales y a los pacientes con problemas inmunitarios, sino que aparecen también en infecciones adquiridas en la comunidad.

Los antibióticos son hoy en día parte integral de la salud pública, y deben considerarse como tales. En muchos casos, constituyen un bien público con beneficios individuales y sociales, por ende deben administrarse debidamente. No obstante, es muy común que la población considere los antibióticos como artículos privados de consumo y como posibles curalotodo de cualquier afección que parezca ser infecciosa. Las encuestas llevadas a cabo en los Estados Unidos ponen de manifiesto que entre una tercera parte y la mitad de los entrevistados no son conscientes de que los antibióticos comúnmente usados son eficaces predominantemente contra las enfermedades bacterianas, no contra las infecciones víricas o las alergias comunes.

Pero, los consumidores no son el único problema; los médicos también contribuyen. Saben que, cuando sus pacientes se toman la molestia de acudir a la consulta, no suelen conformarse con un simple: "Tómese dos aspirinas y llámeme mañana". Los médicos que quieren mantener una buena relación con sus pacientes, suelen ceder a las presiones y prescriben antibióticos, aun contra su propio criterio. Probablemente, esta dinámica tuvo un papel en lo ocurrido a finales del año pasado cuando los consumidores estadounidenses, sumamente nerviosos, casi agotaron las reservas de ciprofloxacino en Nueva York y otros lugares del país, durante la alarma de bioterrorismo con ántrax.

Patrocinado por la OPS, se distribuyó recientemente en América Latina y el Caribe, un nuevo anuncio de servicio público destinado a educar al público y aliviar la carga educativa de los médicos. En él se explica que los antibióticos no son apropiados para tratar todas las enfermedades, y se exhorta a los pacientes a que acepten esa explicación de su médico. Su función educativa es de especial importancia, pues en muchos países de la Región pueden adquirirse antibióticos sin receta médica.

Pero, la prescripción sensata de antibióticos también exige que los propios médicos se mantengan al día sobre nuevos antibióticos y pautas de tratamiento, que cambian en función de la creciente resistencia a los antimicrobianos. La aparición de la tuberculosis multirresistente es un ejemplo de cómo las inadecuadas prácticas de prescripción (y el no cumplimiento por parte de los pacientes) pueden contribuir mucho a agravar el problema.

Un tercer destinatario de esta campaña debe ser el sector agropecuario. Se calcula que en los Estados Unidos 40% de los antibióticos se usan para los animales, la mayoría de ellos en dosis bajas para promover el crecimiento. Los antibióticos empleados para los cultivos (principalmente de árboles frutales) dejan en nuestros productos alimenticios residuos que generan resistencia. Estas prácticas contribuyen a que surjan bacterias resistentes y se propaguen por toda la cadena alimentaria. La Unión Europea ha prohibido el uso no terapéutico de antibióticos en la agricultura, y en los Estados Unidos y el Canadá se está considerando instaurar nuevos controles.

La investigación farmacéutica, sin duda, seguirá promoviendo la fabricación de nuevos e importantes medicamentos antimicrobianos; pero está claro que no podemos jugárnoslo todo a una sola carta. Debemos usar nuestro arsenal de medidas de salud pública para prevenir las infecciones, reducir la propagación de la resistencia a los antibióticos y preservar la eficacia de los medicamentos existentes, ahora que todavía podemos. A todos nos incumbe hacer algo para proteger la eficacia de los antibióticos; pasar esto por alto es exponernos a un peligro tanto individual como colectivo.

A su salud,

 Dr. George Alleyne's signature
Dr. George A.O. Alleyne
Director, PAHO

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