Perspectivas de Salud
La revista de la Organización Panamericana de la Salud
Edición Especial del Centenario
Volumen 7, Número 2, 2002

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En defensa de nuestra progenie
El futuro de las vacunas
por Sir Gustav Nossal

Las vacunas han ayudado a conquistar algunos de los peores flagelos de la humanidad en el siglo pasado. En el futuro nos ayudarán a controlar y aún a eliminar muchos más.

 Illustration Pasaron 181 años desde que Edward Jenner introdujo una vacuna contra la viruela para que los esfuerzos de salud pública tuvieran éxito en erradicar esa enfermedad del mundo. Aún hoy en día, la brecha desde la presentación de la vacuna en los países industrializados y su uso en los países más pobres sigue siendo demasiado amplia. No obstante, las vacunas han demostrado ser las herramientas de salud pública más eficaces históricamente en función de los costos.

¿Cómo afectará el progreso en las vacunas a la salud pública en los próximos 100 años? ¿Qué enfermedades existentes nos ayudarán a conquistar? ¿Cómo se financiará su uso a nivel mundial? ¿Qué lecciones extraídas de la experiencia se pueden aplicar a las campañas de vacunación futuras?

Los hitos posiblemente incluyan:

  • Para el 2005, un progreso significativo hacia - si no el logro de - la erradicación mundial de la poliomielitis.
  • Para el 2010, vacunas contra la meningitis, la neumonía, la diarrea causada por rotavirus y el virus del papiloma humano (la causa del cáncer cérvicouterino).
  • Para el 2015, vacunas contra el SIDA, la malaria y la tuberculosis pulmonar, y el control mundial del sarampión.
  • Para el 2025, la capacidad de proteger a los lactantes contra al menos 20 agentes patógenos. Y que la inmunidad dure toda la vida.

La viruela representa un caso de estudio significativo y alentador. Si bien la vacuna ha existido por más de dos siglos, tomó tan sólo 11 años para que una campaña disciplinada, financiada adecuadamente y bien conducida lograra su erradicación. ¿Qué fue lo que siguió?

Justo cuando la viruela estaba cerca de ser erradicada a fines de los años setenta, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lanzó el Programa Ampliado de Inmunización (PAI) que comprende seis vacunas infantiles: contra la difteria, la tos ferina, el tétanos, la poliomielitis, el sarampión y la tuberculosis. Este concepto de la inmunización infantil universal fue aceptado seriamente a partir de 1984.

Como resultado, la inmunización mundial de los bebés aumentó hasta alcanzar casi el 80 por ciento de cobertura en 1990. Esta estadística general, sin embargo, esconde el hecho que la cobertura fue muy desigual. En los países con un PIB per cápita por debajo de los 1.000 dólares, la cobertura alcanzó un promedio de sólo un poco más del 50 por ciento. En las Américas, la cobertura fue mucho mejor (a menudo espectacular) comparada con el promedio mundial.

Lamentablemente desde 1990 no ha habido ningún avance adicional real y la cobertura hasta ha decaído en varios países por debajo del 40 por ciento. El PAI ha salvado millones de vidas y debe considerarse como un éxito. No obstante, a nivel mundial todavía hay por lo menos 2 millones de muertes de niños menores de 5 años que se podrían prevenir con campañas de vacunación.

Erradicación de la poliomielitis
Las Américas encabezaron una vez más los esfuerzos de la erradicación mundial de la poliomielitis, que comenzó seriamente en 1988. Muy pronto se comprendió que la inmunización infantil normal, si bien esencial, no solucionaba el problema total, por lo que se reforzó con tres estrategias adicionales: jornadas nacionales de vacunación (JNV), un sistema mundial de vigilancia y operaciones de "barrido", o sea, esfuerzos intensos de vacunación alrededor de los últimos casos índice.

Las jornadas nacionales de vacunación representaron un esfuerzo enorme en la movilización social, recibiendo una ayuda extraordinaria de la Asociación Rotaria Internacional, los medios de información, el sector gubernamental y, en particular, la participación comprometida de los ministerios de salud. En un día determinado, se juntaron a todos los niños menores de 5 años de todo un país y se les administró oralmente la vacuna Sabin. Esto ayudó a encontrar a muchos niños que, por una razón u otra, no habían sido captados en la red de vacunación ordinaria.

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