Perspectivas de Salud
La revista de la Organización Panamericana de la Salud
Edición Especial del Centenario
Volumen 7, Número 2, 2002

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En defensa de nuestra progenie
El futuro de las vacunas
por Sir Gustav Nossal

Desde un punto de vista de salud pública, hay tres vacunas futuras de mayor interés: las vacunas contra la infección por el VIH/SIDA, la malaria y la tuberculosis. Estas son tan importantes que cada una merece un análisis. Hasta ahora, una vacuna contra el SIDA nos ha eludido principalmente porque el virus de la inmunodeficiencia humana es muy difícil de atacar debido a que tiene muchos recursos para aniquilar el sistema de defensa natural del anfitrión.

A pesar de esto, se están haciendo avances hacia una vacuna. Se han creado estratagemas para evocar a los anticuerpos que están ampliamente activos contra diferentes subtipos del virus. Durante el largo período latente de la enfermedad, mientras el paciente todavía se encuentra bien, los linfocitos T letales del organismo sí luchan contra el virus, manteniendo la carga viral total en el organismo relativamente baja. Si se pudiera provocar a esos linfocitos T a una actividad intensa mediante una vacuna antes de que ocurra la infección, quizá se podría destruir completamente la carga vírica muy pequeña que se introduce en el organismo.

Una alianza conocida como la Iniciativa Internacional para una Vacuna contra el SIDA (IAVI) ha recaudado muchos fondos para acelerar los ensayos clínicos, de modo que varios candidatos de diferentes vacunas se puedan evaluar simultáneamente. Dada la incidencia mayor de la infección, gran parte de este trabajo de ensayo tendrá que conducirse en los países en desarrollo.

Con la mira en la malaria
La malaria es la peor de las enfermedades parasitarias humanas, causando la muerte de entre un millón y dos millones de personas cada año, principalmente en el África. La gente que vive en las zonas endémicas con el tiempo desarrolla una inmunidad parcial, de forma tal que no es atacada a pesar de tener parásitos en su sangre. Si se mudan a un área no malárica por varios años, gradualmente pierden la inmunidad.

En esta área, los científicos tendrán que hacer un mejor trabajo que la naturaleza.

Hay cuatro puntos sensibles en el ciclo de vida del parásito en el que éste puede ser vulnerable. Primero, una forma móvil conocida como un esporozoíto es introducida en la piel por el mosquito hembra Anopheles que se alimenta por la noche. En menos de media hora, los esporozoítos llegan y se introducen en las células hepáticas. Hasta ese punto, los anticuerpos dirigidos a la superficie del esporozoíto pueden con-ducir a su destrucción. Una vez en el hígado, el parásito se multiplica, desparramando pedacitos durante el proceso que llegarán a la superficie de la célula. Si un linfocito T letal reconoce estos pedacitos (llamados péptidos o epitopos de linfocitos T), la célula hepática afectada es atacada y destruida antes de que pueda liberar su progenie en el torrente sanguíneo. La infección es abortada.

Pero una vez que la progenie (conocida como merozoítos) se encuentra en la sangre, atacan rápidamente a los eritrocitos y los infectan. Luego se multiplican, rompen el glóbulo rojo y se introducen en uno nuevo. Este ciclo del estadío sanguíneo es el causante de los síntomas de la enfermedad. En su tránsito de un glóbulo rojo al próximo, el merozoíto es brevemente sensible al anticuerpo.

Finalmente, algunos glóbulos rojos infectados por merozoítos liberan gametocitos, formas sexuales del parásito, que pueden madurar dentro del mosquito en gametos masculinos y femeninos. Cuando estos se unen, se completa el ciclo de vida. Si uno creara anticuerpos contra estos gametocitos, esto no le serviría al paciente, pero a nivel de población, se bloquearía la transmisión, y con el tiempo quizá se controlaría la enfermedad.

Las vacunas experimentales que incorporan cada uno de estos cuatro conjuntos de ideas han demostrado que funcionan en los sistemas modelo. Ahora es cuestión de someterlos a ensayos humanos escalonados. Uno de los muchos programas de la Fundación Gates, la Iniciativa para una Vacuna contra la Malaria, está proponiendo eso. Hasta ahora, se ha logrado cierto éxito parcial en ensayos humanos con una vacuna de esporozoíto y una combinación de vacuna de antígeno de estadío sanguíneo.

Ataque a la TB
¿Por qué necesitamos una vacuna contra la tuberculosis diferente a la vacuna BCG (bacilo de Calmette-Guerin)? Sencillamente porque esta bacteria viva, atenuada, puede proteger a los lactantes de la tuberculosis pero parece incapaz de hacer frente a las tuberculosis pulmonares más graves, en adolescentes y adultos jóvenes. Si bien la investigación no ha avanzado tanto como para el SIDA y la malaria hacia una nueva vacuna de TB, se están explorando muchas ideas brillantes. Un proyecto recientemente completado del genoma del bacilo tuberculoso está acelerando la búsqueda. Uno de los problemas mayores, no sólo con las "tres grandes" sino también con otras vacunas es el hecho de que las moléculas de proteína pura, creadas mediante la ingeniería genética, no inducen por sí mismas una respuesta inmunitaria fuerte. Para esto necesitamos sustancias de fortalecimiento inmune llamadas coadyuvantes. Muchas ya están siendo desarrolladas, pero tienden a ser tóxicas, y se ha intensificado la búsqueda de coadyuvantes más satisfactorios.

Alternativamente, necesitamos formas nuevas y más hábiles para aplicar la vacuna. Por ejemplo, podemos tomar el gen para una molécula importante de vacuna (o antígeno) y trasplantarlo en un virus, luego inyectar ese virus, que alertará fuertemente al sistema inmunitario. También podemos inyectar la codificación de ADN para los antígenos, que se introduce en las células y luego crear una fábrica donde el organismo mismo prepare moléculas de vacuna durante un período considerable de tiempo. Una estrategia sumamente prometedora es conocida como prime boost, en donde primero se inyecta una vacuna de ADN y luego un virus diseñado. Esto ha funcionado bien en los modelos animales tanto para el VIH/SIDA como para la malaria.

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