Perspectivas de Salud
La revista de la Organización Panamericana de la Salud
Edición Especial del Centenario
Volumen 7, Número 2, 2002

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¿Hacia un desastre microbiano?
por C. J. Peters

 Illustration Otro virus, el VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana), ilustra un proceso diferente. Este virus está presente en forma crónica en chimpancés africanos, sin infectarlos. Pero cuando pasa a los seres humanos, se vuelve letal, causando el síndrome de inmunodeficiencia adquirida, o SIDA. A pesar de su estrategia furtiva, el SIDA cobra las vidas de prácticamente todos a quienes infecta dentro de una década o más. Si no aparece otro microbio aún peor, probablemente el VIH será el agente infeccioso más significativo del siglo XXI.

Un agresor más ágil es el virus de influenza A. El virus circula en los seres humanos y gradualmente cambia las proteínas que lo cubren para escapar a las respuestas protectoras de nuestro sistema inmunitario.

El costo en muertes de la próxima pandemia de gripe puede variar: quizá sea un millón de personas, o podría superar a las 20 millones de muertes de 1918.

A través de un sistema de vigilancia, y en una sesión anual de la Organización Mundial de la Salud, se crea una nueva fórmula de vacuna para combatir las cepas emergentes. Hemos tenido bastante éxito en hacer frente a los cambios evolutivos del virus, sin embargo, cada año mueren unas 20.000 personas a causa de la gripe sólo en los Estados Unidos.

Cuando una combinación sumamente virulenta y transmisible ocurre y llega hasta la población humana, el resultado es una epidemia o una pandemia. El virus se propaga rápidamente porque nadie tiene una inmunidad significativa contra la nueva cepa, y la enfermedad que causa puede ser excepcionalmente grave. La peor pandemia ocurrió en 1918, cuando más de 20 millones de personas murieron en todo el mundo a causa de una cepa de influenza particularmente virulenta. La última fue la gripe de Hong Kong en 1968-69 que ocasionó unas 700.000 muertes. Ya que las pandemias de gripe tienden a ocurrir cada 10 a 40 años, estadísticamente está por llegar una nueva. En 1997 nos salvamos de una epidemia: apareció un virus en aves domésticas en Hong Kong y mató a casi un tercio de las personas posteriormente infectadas. Pero, afortunadamente, resultó ser de baja transmisión entre seres humanos, y la vigilancia inmediata y la eliminación de las aves infectadas anularon la amenaza.

¿Qué sucedería si sufriéramos una nueva pandemia? Es dudoso que pudiéramos detectar un virus nuevo a tiempo para preparar una vacuna nueva en cantidades suficientes. Quizá usaríamos las drogas antivirales, pero las reservas son bajas. Las muertes podrían ser desde uno hasta 20 millones, como en la pandemia de 1918.

Cambio ecológico
Las fuerzas impulsoras detrás de estos problemas en gran medida están relacionadas con el crecimiento de la población y el comportamiento humano. Las imágenes vía satélite indican que la gente ha modificado más de la mitad de la superficie del mundo, llevando a cambios profundos en el uso de la tierra, la disponibilidad del agua y probablemente hasta el clima. Mientras la agricultura ocupa zonas progresivamente más grandes, la flora, la fauna y los agentes de enfermedades infecciosas asociadas se están desplazando rápidamente. El movimiento de especies de un ecosistema a otro en estas zonas ecológicas interrumpidas puede resultar en el surgimiento de un nuevo invasor.

En América del Norte, comúnmente se relaciona esto con las plantas como el kudzu y el diente de león, pero también muchos animales fueron introducidos. Los más peligrosos son las Rattus norvegicus (la rata gris urbana) y el Mus musculus (el ratón doméstico), que llegaron a las Américas del Viejo Mundo, trayendo la peste, rickettsias, el virus de Seúl y el virus de coriomeningitis linfocítica. El Aedes aegypti, el mosquito vector del dengue y la fiebre amarilla, también fue introducido en las Américas, acarreando esos virus y permitiendo su propagación en toda la Región. Más recientemente, en 1999, se introdujo el virus del Nilo en Nueva York, probablemente a través de un mosquito escondido en un avión del Medio Oriente. El doctor Robert Tesh, de la División Médica de la Universidad de Texas en Galveston, aisló recientemente el virus de una urraca de Houston, confirmando la propagación del virus tan lejos como el occidente de Texas en junio de 2002. En todo el país, el virus ha causado 149 casos humanos, incluídas 18 muertes y probablemente extienda su alcance a Centro y Sud América en un futuro próximo.

Hasta ahora las causas subyacentes más comunes de estas apariciones se pueden encontrar en los cambios en la ecología de la enfermedad infecciosa o en sus anfitriones. Un ejemplo clásico es la fiebre hemorrágica boliviana, que surgió en los años sesenta. El virus Machupo, que causa la enfermedad, es transmitido por roedores, y los asentamientos en las áreas nuevas del departamento de Beni, en Bolivia, provocaron su aparición como un problema concentrado de salud humana. La causa de la enfermedad no se conocía, pero invadió a pueblos pequeños, causando altas tasas de mortalidad y a menudo impulsando el desalojo de asentamientos completos. Cuando las autoridades descubrieron que la enfermedad era causada por un virus transmitido por roedores, los animales fueron eliminados. Sin embargo, los roedores siguieron viviendo en áreas desbrozadas donde se construyen casas aisladas y en los campos donde se plantan cultivos para mantener a los pueblos vecinos. Por eso, los animales bien alimentados en los campos siguen siendo una amenaza constante para la población rural que trabaja allí.

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