Perspectivas de Salud
La revista de la Organización Panamericana de la Salud
Edición Especial del Centenario
Volumen 7, Número 2, 2002

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¿Hacia un desastre microbiano?
por C. J. Peters

 Illustration La necesidad de proporcionar mayores cantidades de alimentos y agua para la población en rápido aumento del mundo también contribuye a la aparición de nuevas enfermedades. Los métodos agrícolas intensivos a menudo significan que se cría una especie única, genéticamente homogénea en un área limitada, creando un objetivo perfecto para las enfermedades emergentes, que proliferan felizmente entre un gran número de animales similares. Los embalses son caldo de cultivo de mosquitos, y la falta de agua potable para el consumo y lavado en las poblaciones más pobres lleva al aumento de la transmisión de enfermedades intestinales como el cólera y la fiebre tifoidea. El problema no es sólo que estos cambios ecológicos se están produciendo sino que lo están haciendo en forma acelerada. En efecto, la tasa de aumento también está creciendo. En este sentido, es muy posible que estemos apurándonos hacia un encuentro con el desastre.

Hasta el momento, hemos enfrentado con éxito muchas de las enfermedades infecciosas bacterianas clásicas mediante el uso de antibióticos como la penicilina. No obstante, muchos agentes patógenos ahora están volviendo a perseguirnos. La peste, la meningitis neumocócica y la neumonía, las infecciones nosocomiales, la tuberculosis y la tifoidea son sólo algunas de las enfermedades controladas que están reapareciendo ahora en la forma de agentes patógenos que ya no podemos tratar con éxito. Las generaciones futuras quizás se impresionen con nuestros descubrimientos de drogas potentes para combatir las infecciones bacterianas letales, pero probablemente queden menos impresionadas con la manera en que dilapidamos las cualidades que salvan vidas de estas drogas, usándolas de maneras que predeciblemente conducen a la resistencia del agente patógeno enfocado.

El problema es claro en términos evolutivos: el uso selectivo de drogas antibacterianas salva vidas y reduce al mínimo la aparición de microorganismos resistentes. Pero su uso generalizado para tratar infecciones triviales asegura que las próximas infecciones contendrán bacterias que tienen maneras evolucionadas de escapar a la acción de las drogas. Un ejemplo es la fiebre tifoidea.

Entretanto, tanto la ciencia como la industria se están quedando a la zaga en el desarrollo de drogas nuevas para reemplazar aquellas que se han perdido. Podemos mejorar el panorama únicamente mejorando las prácticas de prescripción de los médicos y las actitudes de los pacientes, controlando las ventas sin receta.

Si la situación de las drogas antibacterianas es poco prometedora, las drogas antiparasitarias presentan un problema aún más lamentable. Los márgenes de ganancia de los compuestos críticos utilizados para tratar enfermedades parasitarias en los países tropicales son aún menores que para las drogas antibacterianas. La malaria - que causa un millón de muertes cada año - justifica económicamente un pequeño esfuerzo continuo por parte de la industria farmacéutica. Pero los asesinos menores, como la tripanosomiasis y la esquistosomiasis, no proporcionan suficientes incentivos.

En cuanto a los antivirales, pocas drogas están disponibles que no sean para el VIH porque las fuerzas del mercado son demasiado débiles para impulsar el desarrollo y la producción. Esto también es válido para los plaguicidas nuevos que podrían frenar a los vectores de enfermedades en los países más pobres del mundo.

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