Perspectivas de Salud
La revista de la Organización Panamericana de la Salud
Edición Especial del Centenario
Volumen 7, Número 2, 2002

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¿Hacia un desastre microbiano?
por C. J. Peters

 Illustration Mientras la población del mundo siga creciendo, mientras los seres humanos continúen alterando los sistemas ecológicos de la tierra y mientras la globalización fomente el aumento de los viajes y el transporte, el problema de las enfermedades emergentes probablemente se torne más agudo.

Hasta ahora, las últimas enfermedades emergentes no se transmitían fácilmente de un ser humano a otro. Pero las enfermedades infecciosas del futuro representan un gran interrogante, y los agentes patógenos, emergentes o reemergentes, posiblemente nos traigan nuevas sorpresas. El espectro del retorno de la viruela a través de un acto deliberado de bioterrorismo es un ejemplo particular que nos hace reflexionar en virtud de los ataques del 11 de septiembre de 2001 y los eventos posteriores.

¿Cómo nos podemos preparar para las enfermedades del futuro?
Primero, debemos echar a andar el proceso de desarrollo de nuevas drogas antiinfecciosas, vacunas y plaguicidas. Si su desarrollo no es económicamente factible para el sector privado, debemos incluir al sector público en su desarrollo. Esto no representa una socialización de la empresa privada, sino un reconocimiento de que hay insuficiente motivación en el sector privado y que hay una necesidad apremiante de realizar un bien común.

Segundo, debemos emplear la ciencia nueva de forma más eficaz. Los adelantos enormes en biología molecular y estructural y en la ciencia genómica nos han brindado herramientas que ya han ampliado nuestra comprensión de las enfermedades emergentes y de los problemas recurrentes de los trópicos. No obstante, hemos visto pocos beneficios directos para el desarrollo de drogas o vacunas. Estas estarán disponibles solamente cuando encaremos un nexo complejo de barreras sociales, económicas y reglamentarias. Tercero, debemos crear nuevas estrategias para luchar y prevenir la propagación de las enfermedades. Ya hemos visto grandes resultados de enfoques sencillos pero innovadores. Por ejemplo, en el tratamiento de la tuberculosis, la Terapia Directamente Observada (TDO) ha sido sumamente eficaz para elevar la tasa de curación y para limitar la aparición de más farmacorresistencia. El uso de mosquiteros tratados con insecticida representa un cambio radical en el enfoque al alivio de la malaria. Si bien quedan interrogantes acerca de la sostenibilidad y la aparición de resistencia a los insecticidas, este tipo de enfoque ejemplifica la clase de soluciones que necesitamos crear e implementar.

También debemos encontrar maneras de fortalecer la infraestructura de salud pública, que es crítica para la vigilancia - lo que está sucediendo con las enfermedades viejas así como con las nuevas - y para la prevención y el control. Si bien la salud pública es invisible para la mayoría de nosotros, y por consiguiente obtiene poca atención y financiamiento insuficiente, es sumamente importante para mantenernos seguros de enfermedades infecciosas, incluyendo la amenaza del bioterrorismo. La infraestructura de salud pública es débil en casi todos los países pero está particularmente en riesgo en el mundo en desarrollo. Debemos encontrar nuevas maneras de aumentar nuestra protección mayor contra las enfermedades infecciosas en todo el mundo y particularmente en aquellos países con mayor necesidad.

Otros factores cobran mayor importancia y serán aún más difíciles de encarar. La población creciente de la tierra desafía continuamente nuestra capacidad de tratar eficazmente las enfermedades infecciosas emergentes. El uso de la tierra, la disponibilidad de agua y hasta el cambio climático están impulsados por la expansión de la población. Es más, el aumento en el uso de los recursos nos deja con menos opciones para encarar los problemas cuando éstos surgen inevitablemente. Por lo menos debemos elegir alternativas inteligentes para tener la menor repercusión posible sobre nuestro ambiente natural.

Qué hacer, en realidad, puede ser menos un interrogante que cómo realizarlo. Se debe coordinar el trabajo de los médicos, los funcionarios, las dependencias gubernamentales y el sector privado. Tanto los profesionales como las personas deben recibir entrenamiento. Sólo un esfuerzo coordinado - con suficiente financiamiento - de los gobiernos, las fundaciones, los establecimientos científicos y las organizaciones internacionales nos permitirá mantener a las enfermedades infecciosas del futuro bajo control.


C. J. Peters es profesor de microbiología e inmunología y patología en la División Médica de la Universidad de Texas en Galveston, EE.UU., y anteriormente fue el jefe de la División Especial de Agentes Patógenos en los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos en Atlanta, Georgia. Es coautor junto con Mark Olshaker de Virus Hunter: Thirty Years of Battling Hot Viruses Around the World.

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