Perspectivas de Salud
La revista de la Organización Panamericana de la Salud
Edición Especial del Centenario
Volumen 7, Número 2, 2002

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La próxima revolución
¿Quién está preparado? ¿Quién no?
por Juan Enríquez and Rodrigo Martínez

 Illustration Desde luego, no hay ninguna garantía de que los frutos de la revolución de las ciencias de la vida beneficien por igual a todo el mundo. Las oportunidades incalculables que esta revolución ofrece sólo son comparables con el desafío enorme que implica compartir sus beneficios. Las estructuras políticas, sociales y económicas, junto con las decisiones en materia de políticas públicas, determinan la evolución de cualquier tecnología y sus aplicaciones. ¿Qué significado tendrá la revolución de las ciencias de la vida para el futuro de la salud pública en Latinoamérica y el Caribe? ¿Cómo podemos asegurarnos que la región participe en esta revolución y coseche sus frutos?

Otras revoluciones trascendentales del pasado nos pueden ayudar a contestar esta pregunta. Las revoluciones agrícola, industrial y de la información han puesto de manifiesto la importancia de comprender las reglas del juego y adquirir conocimientos prácticos del idioma "dominante".

Algunas personas, países y regiones comprendieron que las bases de la economía mundial pasaron de ser agrícolas a industriales (tener 12 hijos y una gran extensión de tierra de pronto importaba mucho menos que tener acceso a mil caballos de fuerza). Hoy, igual que entonces, los que comprendan la manera cómo la tecnología está cambiando las reglas y el idioma dominante - y los que preparen a sus sociedades para estos cambios - son los que cosecharán los frutos. Todos los demás corren el riesgo de quedarse aún más rezagados.

La revolución de las ciencias de la vida se basa en el idioma más poderoso que los seres humanos hayan tratado de descifrar jamás, el idioma de la vida, en el que está codificado cada ser vivo sobre el planeta. Esta revolución en realidad comenzó hace 49 años, en 1953, cuando James Watson y Francis Crick descifraron la estructura del ADN.

En la actualidad, el idioma de la genómica se está fusionando progresivamente con el idioma de la revolución digital, que de por sí transformó la economía mundial en los últimos 50 años. En los años sesenta, un tercio de la economía mundial era agropecuaria, un tercio era industrial y el otro tercio se basaba en los servicios y conocimientos. Actualmente, éstos últimos representan dos tercios de la economía mundial mientras que el sector agropecuario representa menos de 4 por ciento.

Estos cambios obligaron a algunos países pobres a reeducar a su población y a reinventar su economía, con lo cual hoy son mucho más prósperos. Singapur, Taiwán y Corea del Sur - que en 1965 eran mucho más pobres que México - son un ejemplo.

Esperanza de vida
Lamentablemente, la mayor parte de América Latina y el Caribe no ha logrado hacer los reajustes necesarios, y ahora vemos algunas de las consecuencias. En los países de la Región, muchas personas viven en condiciones difíciles. En las zonas rurales de Argentina, Brasil, Bolivia, Chile y México, más de tres cuartas partes de la población carecen de acceso a agua potable y a servicios de salud.

Aunque la esperanza de vida aumentó en el último medio siglo en casi todo el mundo, otras regiones han tenido más éxito que América Latina y el Caribe. En 1960, un habitante de la región podía esperar vivir 58 años; cerca de cuatro años más que alguien que viviera en Corea del Sur. En los decenios siguientes, Corea del Sur - que tenía pocos recursos naturales - invirtió en capital humano y, en 1999, el surcoreano promedio tenía una esperanza de vida de 73 años, dos años más que un habitante de América Latina.

En la mortalidad infantil se observan características similares. En los últimos 40 años, los países de América Latina y el Caribe han reducido la mortalidad infantil en un 70 por ciento; en Singapur y Corea del Sur, el decremento ha sido del 90 por ciento. En los años sesenta, un bebé argentino tenía 30 por ciento más posibilidades de sobrevivir que el niño surcoreano promedio. Hoy, un bebé argentino tiene el doble de probabilidades de morir que un bebé surcoreano (y eso que Corea del Sur no es el país más rico de Asia, ni Argentina es el más pobre de América Latina).

Pronto podrían agudizarse estas diferencias, por desgracia. Según datos del Banco Mundial, los gastos en salud en América Latina aumentaron de 5,8 por ciento del PIB a 6,4 por ciento durante la primera mitad de los años noventa. No obstante, este monto es mucho menor per cápita que en Asia: en 1995, los países latinoamericanos gastaron 192 dólares per cápita en salud, mientras que Singapur gastó 926 dólares y Corea del Sur, 551 dólares.

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