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 Vivir más de 100 años por Tony Deyal
Llevar la salud al pueblo
El ministro de Salud, Herbert Sabaroche, confirma la hipótesis de Grell: "Este es un país donde no estamos tensos y donde no tenemos miedo de reirnos de nosotros mismos". Sabaroche, quien es oriundo de la pequeña aldea pesquera de Bioche en la costa occidental y está emparentado con Wigg John Francis, agrega: "Es interesante que las 21 personas que tienen más de 100 años de edad no se encuentran en una zona geográfica única de Dominica, sino que están esparcidas en todo el país.  Ma Daroux, 101, acredita su longevidad a la 'comida saludable', una familia afectuosa y también a Dios. (Foto © Tony Deyal) | Esto significa que toda la isla tiene un ambiente que favorece la longevidad. Los alimentos frescos, el agua limpia, el aire puro, un nivel alto de relajación, buen apoyo familiar, la creencia en Dios, poco estrés y mucho ejercicio -en eso consiste la vida en Dominica".
Según Sabaroche, un factor más que parece fomentar la longevidad es la atención sanitaria en Dominica. "Nuestro sistema de atención primaria de salud es uno de los más antiguos de la región y uno de los mejores o más integrales", señala. "Está descentralizado, y en vez de esperar que vengan a nosotros, llevamos la salud a las personas. Nosotros llegamos a la gente".
Otro ejemplo que vale la pena mencionar, que es tan significativo a su manera como el logro de Ma Pampo, es la historia de Augista Mathilde Daroux, conocida como "Ma Daroux". Diagnosticada con hipertensión a comienzos de los años setenta, ha sobrevivido y hasta ha mejorado; ahora, a los 101 años, camina sin ayuda, duerme profundamente y tiene un perfecto control de su vejiga. Grell dice que esto es digno de mención como un fenómeno de salud. "Normalmente, no se espera que las personas con hipertensión vivan por mucho tiempo. Sin embargo, Ma Daroux ha estado tomando puntualmente el medicamento que le prescribieron, y la combinación de trabajo arduo, buenos alimentos, aire puro y un entorno propicio ha contribuido a su excelente estado mental y físico a los 101 años de edad".
Ma Daroux vive en la cima de una colina con vista a la aldea costera de Petit Savane. Cerca de su casa hay una fuente usada por los aldeanos para lavar. Su pequeña y cuidada casa está cercada con laureles, cuya exótica fragancia se mezcla con la de las flores de su jardín. Nacida el día de Año Nuevo, en 1901, fue a la escuela a los 12 años. Sus padres le pagaban al maestro con hortalizas y pescado. Dejó de asistir a la escuela para trabajar. Tuvo ocho hijos. Atribuye su longevidad a mucho jugo de caña, miel, arrurruz, pescado y cangrejos, camarones y langosta. Sus hijos la cuidan y hablan de ella con amor y orgullo.
Quizás porque no es de la generación de la televisión, Ma Daroux se va a dormir temprano y despierta temprano, como hacen otros centenarios. También bebe infusiones de hierbas y está convencida de la virtud de la medicina herbaria para las dolencias corrientes. También es muy religiosa.
Tanto como lo es Louisa Joseph, de 103 años, a quien visité en Vielle Case, en lo alto de las sierras. Joseph estaba semidormida, apretando su rosario cuando llegué a su casa. Arreglada y risueña, atribuyó su larga vida al trabajo duro y a la buena comida. Habló de tener un buen matrimonio y de compartir con sus vecinos. "Viví como Dios manda. Compartí todo lo que tenía", dijo. Cuando le pregunté qué debía hacer para alcanzar su edad, ella también se rió.
Elizah "Ma Bradley" Phillip, de 114 años, de la aldea de Wesley en la costa este, ya casi no oye, de manera que no se enteró de la misma pregunta. De todos modos, su hija y cuidadora, de 87 años, rió por ella.
Antonia Fevrier, de 104, de la aldea de Grandbay en el extremo sur de la isla, estaba tomando el desayuno cuando llegué. A ella le gustan las bebidas malteadas y los bizcochos dulces. Pasó por alto mi pregunta, quizás considerándola sin respuesta posible o fuera de lugar.
Pero, Ma Daroux reaccionó de otra manera. Cuando le pregunté qué hacer para vivir tanto como ella, contestó, "Coma mucha callaloo", una sopa común en el Caribe. De color verde oscuro, tiene un aspecto poco apetecible que contrasta con su delicioso sabor. Se prepara con la planta de taro, se sazona con ajo y cebollas y contiene hojas de pimienta negra junto con cangrejo de mar, pescado o carne salada.
Otras personas sugirieron, riendo, que bebiera agua de crapaud, una sopa hecha con carne de rana, una delicadeza de la isla que, junto con las ancas de rana fritas, forman parte del patrimonio culinario francés de la isla. Le he transmitido el mensaje a mi esposa, que tiene un interés personal en mi longevidad. Ahora voy a beber mi callaloo y mi agua de crapaud, y cuando cumpla 100 años iré a Dominica y esperaré el regreso de Colón -o, para los que creen en la reencarnación, quizás regresaré yo mismo como Colón.
Tony Deyal, ex consultor de la Organización Panamericana de la Salud y ahora columnista de periódicos, fue visto por última vez en Dominica, brindando con jugo de caña por el centenario de la OPS.
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