Menos de tres de cada 10 haitianos en edad de trabajar tienen un empleo formal. No obstante, mujeres y hombres, además de muchos niños, encuentran trabajo en la economía informal ya sea como trabajadores manuales, microproductores o vendedores en el mercado y en las calles.
Pero la mayor parte de la población de esta sociedad agraria sigue labrando su propia tierra, o la de los grandes terratenientes, para cultivar frijoles, hortalizas o frutas. Para otros, su ocupación consiste en pescar en las aguas del Caribe, tejer cestas de paja o fabricar con sus propias manos productos artesanales.
Ellos venden sus productos en mercados callejeros y a la vera de las carreteras, tanto en zonas urbanas congestionadas como en aldeas rurales de difícil acceso.
En todo Haití, familias extendidas mancomunan sus recursos, y los vecinos se ayudan entre sí cuando pueden. El fuerte sentido de comunidad tiene sus raíces en la historia, en sentimientos de orgullo de ser haitiano, y en un deseo profundo de autosuficiencia a pesar de las dificultades económicas.