El color, la música y la pompa contrastan con la dura realidad socioeconómica del país. En Haití
- De cada 1.000 bebés nacidos, 80 no llegarán al año de edad.
- Cerca de una tercera parte de todas las defunciones del país ocurre entre los niños menores de 5 años.
- De cada 100.000 mujeres embarazadas, 530 mueren por complicaciones.
- Unos 30.000 haitianos murieron a causa del SIDA en 2001, y se cree que un cuarto de millón vive con el VIH.
Las familias soportan estas dificultades con resignación. Pero muchos encuentran motivo para la esperanza y la acción. En las aldeas pequeñas a lo largo del borde occidental de la isla, los residentes trabajan codo a codo con los misioneros cavando pozos para proporcionar una fuente de agua limpia para beber, cocinar, bañarse, lavar la ropa —una alternativa a los arroyos que transmiten agentes patógenos causantes de enfermedades.
En el valle del río Artibonite, en el centro de Haití, el personal del hospital local enseña a las familias acerca de la regulación de la natalidad, la crianza, las infecciones de transmisión sexual y la importancia de las vacunas.
Los trabajadores de salud pública y los voluntarios del Hospital Albert Schweitzer se dispersan por la campiña escabrosa, siguiéndole la pista a cada niño y adulto, inmunizándolos, pesándolos y monitoreándolos en su búsqueda de señales de tuberculosis y otras enfermedades contagiosas.
Tales esfuerzos han ayudado a reducir el tétanos neonatal —una de las principales causas de muerte en Haití— en partes del valle del río Artibonite, y han ayudado a disminuir las tasas de mortalidad de lactantes y de madres del área.
El programa de salud comunitaria del hospital se centra en la educación de los casi 300.000 aldeanos que viven en el valle. Además de las iniciativas para educar a los padres se han redoblado los esfuerzos para educar a los niños del país. En todo el país, el nivel de matriculación escolar ha venido aumentando en forma sostenida.
Cada día, las aulas de toda la isla se llenan con jóvenes vestidos con pulcros uniformes, ansiosos por aprender el abecedario, leer una historia infantil favorita y quizás ser los primeros en sus familias en aprender cómo escribir sus nombres.
Alex Morel, fotógrafo radicado en Nueva York, vivió en Haití durante 2001–02. Tomó estas fotos por encargo de la Representación de la Organización Panamericana de la Salud en Puerto Príncipe.
Marisol Bello se desempeña como periodista de proyectos especiales del Pittsburgh Tribune-Review en Pennsylvania, EE.UU. Ganó el premio Estados Unidos en el concurso de periodismo del centenario de la Organización Panamericana de la Salud por su informe especial “Haití, una misión de esperanza”.