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 Don Francisco retribuye por Bryna Brennan
En perfecta sintonía
Fuera del alcance de las cámaras, Don Francisco es un chileno de 62 años cuyo nombre es Mario Kreutzberger, hijo de inmigrantes judíos de Alemania. En su pequeña oficina en la sede de Univisión, el artista no sólo es afable sino más bien tímido, decidido y algo pensativo, casi lo opuesto a su personalidad de televisión. Kreutzberger explica cómo llegó a involucrarse en la promoción de la salud como una forma de retribuir a aquellos que en el transcurso de los años lo habían ayudado.
Parte de este proceso fue tomar conciencia de que lo material es perecedero. “Lo lógico era que las personas que tienen más pudieran tener la sensibilidad social para repartir entre los que tienen menos, pensando que por el dinero que se tenga, no importa la cantidad, no se puede evitar la muerte”, dice. También consideró que ser famoso debe ponerse en buen uso. “Nosotros los comunicadores teníamos que actuar siendo un puente ante las necesidades de la gente entre aquellos que podrían ayudar a que tengan una vida mejor”.
 Don Francisco cree que su responsabilidad como comunicador es promover mensajes positivos: amor y tolerancia, valoración de la familia, perseverancia y trabajo duro, sentido de comunidad y orgullo cultural. | Con televidentes en cerca de 30 países, Kreutzberger tiene el poder de alcanzar a millones de personas durante su programa de tres horas en español. Sus transmisiones desde Miami han ayudado a crear un sentido de comunidad entre los inmigrantes hispanos en los Estados Unidos y sus países de origen en América Latina y hasta en España.
La popularidad y el alcance que tiene Kreutzberger redundaron en conseguir entrevistas en su programa con ambos candidatos presidenciales estadounidenses durante la última elección, además de una estrella con su nombre grabada en el Camino de la Fama en Hollywood, la
publicación de un número especial dedicado a él en la edición española de la revista People y una audiencia con el Papa Juan Pablo II.
La mayoría de las más reconocidas celebridades latinoamericanas han aparecido en su programa, incluidos Marc Anthony, Jon Secada, Ricky Martin, Cristina Saralegui y Gloria Estefan. De hecho, Sábado Gigante ha contribuido al lanzamiento de muchos artistas hispanos.
En su estudio, Kreutzberger se desplaza con una energía que quizá no se esperaría de un abuelo que sufre de diabetes, hipertensión, problemas de tiroides y artritis. “La salud no tiene precio”, señala. Pero una cirugía estética facial y una reducción de la doble barba (que, admite, le costó 18.000 dólares), le han ayudado a verse tan bien como se siente.
En su incansable ir y venir, Kreutzberger graba mensajes comerciales durante los intermedios de su programa. Avanza a grandes pasos a otro estudio para grabar los mensajes de intéres público de la OPS sobre donaciones de sangre segura. Lee los guiones rápidamente. Hace un ensayo único y procede a leer impecablemente cada uno de los siete mensajes de 30 segundos.
Cada lectura es persuasiva, como si en cada mensaje, Don Francisco estuviese haciendo una súplica personal.
Justamente eso, concuerda, es su mayor talento y atractivo. “Sé que hay una tecla que a veces toco y que hace a las personas sentirse mis amigos, muy cercanas a mí, sin que les importe estar dos o tres horas esperando para saludarme”, escribe en su autobiografía recientemente publicada, Don Francisco: Entre la espada y la TV.
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