Perspectivas de Salud
La revista de la Organización Panamericana de la Salud
Volumen 7, Número 3, 2002

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Una unión de medicinas
por Owain Johnson, fotos ©Keith Dannemiller

Compartir los secretos de la región amazonica

 People doing research with plants Se cree que la región amazónica posee entre el 30 y el 50 por ciento de la diversidad biológica de la tierra, y los médicos tradicionales indígenas de la región son los custodios de siglos de conocimientos acumulados acerca de los recursos medicinales naturales de la región. Los científicos creen que esos médicos pueden tener la clave del descubrimiento de medicamentos nuevos importantes que podrían beneficiar a millones de personas en todo el mundo.

En Venezuela, el debate actual se centra en cómo explotar mejor este conocimiento tradicional para beneficio de las comunidades que lo aportan. Jorge Luis Prosperi, asesor de la OPS en Caracas, está de acuerdo en que los grupos indígenas deben recibir beneficios de su conocimiento, pero es también categórico acerca de que este conocimiento debe compartirse con investigadores legítimos.

“No dudo de que los científicos podrían visitar la región amazónica para extraer las propiedades activas de algunas plantas y luego hacer millones con medicinas patentadas,” afirma. “Pero es correcto y justo que la investigación legítima tenga lugar. Tal como opino que los grupos indígenas tienen derecho al acceso a los avances y el conocimiento del mundo moderno, creo que la sociedad occidental tiene derecho a conocer estas plantas medicinales. No pueden ser propiedad exclusiva de la comunidad indígena ni del chamán”.

La Fundación Nacional de Ciencias de Venezuela, FUDECI, recientemente inició un importante proyecto para recabar datos acerca de las plantas medicinales de los grupos indígenas amazónicos. La información es recopilada por investigadores de campo y almacenada en una base de datos accesible conocida como BioZulua, administrada desde Caracas por la FUDECI.

El contenido de la base de datos es propiedad intelectual de las comunidades indígenas individuales, y el gobierno venezolano y FUDECI confían en recaudar fondos para esas comunidades cobrando a las empresas farmacéuticas internacionales por el acceso a esos conocimientos.

El director general de FUDECI, Ramiro Royero, señala que el proyecto ya ha presentado algunas perspectivas sumamente interesantes y está despertando gran interés a nivel internacional. “Ninguna empresa farmacéutica ha visto aún este material, pero cuando dos o tres grupos distintos de zonas distintas utilizan las mismas plantas para tratar las mismas dolencias, entonces es obvio que hay algo en la planta que valdría la pena investigar,” indica.

Los usuarios de la base de datos BioZulua pueden hacer búsquedas por especies, ubicación geográfica, grupo étnico o aun por dolencia. Por ejemplo, las empresas interesadas en desarrollar nuevos remedios herbarios contra el dolor de cabeza podrían investigar en todas las plantas usadas para esta finalidad por grupos indígenas en toda la zona amazónica venezolana. La base de datos también incluye videos de chamanes recogiendo y preparando plantas medicinales, así como imágenes de cómo responden los pacientes al tratamiento. También suministra perfiles genéticos de cada entrada de plantas y gracias al sistema de posicionamiento global se dispone de las coordenadas exactas del lugar dónde crecen. “Hemos tratado de ser lo más exhaustivos posible. Hasta incluimos una foto de la primera persona que nos habla de la planta”, dice Royero.

 Ramiro Royero at work
Ramiro Royero, director general de FUDECI, confía obtener fondos para la atención de salud de los indígenas cobrando a las grandes compañías farmacéuticas por el acceso a la base de datos BioZulua.
Las autoridades venezolanas han recibido varias quejas presentadas por las comunidades amazónicas acerca de la biopiratería de empresas comerciales en años recientes y ORPIA se ha mostrado muy activa en la denuncia de tales abusos. “Lo hemos visto todo”, dice el coordinador de derechos humanos de ORPIA, Daniel Guevara. “Científicos disfrazados de turistas, turistas disfrazados de científicos. Ellos intentarán cualquier cosa”.

FUDECI espera que la base de datos BioZulua aliente a las empresas interesadas a dirigirse a los administradores del proyecto en lugar de acercarse a los grupos indígenas directamente. “Nuestra base de datos aporta valor agregado y será mucho más barato para las empresas comprarnos la información que enviar equipos de investigadores secretos a la región amazónica”, señala Royero.

El proyecto BioZulua bien podría servir de modelo para esquemas similares en todo el mundo. Varios otros países de América Latina y de África han expresado su interés en la metodología del proyecto, y el Comité de Coordinación de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual invitó recientemente a Royero a que dara una conferencia sobre BioZulua en su sede de Ginebra.

Con el tiempo, afirman sus defensores, BioZulua podría generar varios millones de dólares que podrían usarse para sufragar los cuantiosos costos financieros de mejorar los servicios de salud y de otro tipo para las comunidades indígenas amazónicas.

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