FESP 5: Desarrollo de políticas y capacidad institucional para planificación y gestión en salud
Esta función incluye:
• La definición de objetivos de salud pública en todos los niveles, medibles y congruentes con un marco de valores que promueva la igualdad.
• El desarrollo, seguimiento y evaluación de las decisiones políticas en materia de salud pública, a través de un proceso participativo, coherente con el contexto político y económico en el que se desarrollan esas decisiones.
• La capacidad institucional para la gestión de los sistemas de salud pública, incluida la planificación estratégica, con especial interés en los procesos de construcción, ejecución y evaluación de iniciativas dirigidas a resolver los problemas de salud de la población.
• El desarrollo de competencias para la adopción de decisiones, basadas en pruebas que incorporen su planificación y evaluación, la capacidad de liderazgo y de comunicación eficaz, el desarrollo organizativo y la gestión de los recursos.
• El desarrollo de la capacidad de gestión de la cooperación internacional en materia de salud pública.
Indicadores:
1. Definición nacional y subnacional de objetivos en materia de salud pública.
2. Desarrollo, seguimiento y evaluación de las políticas de salud pública.
3. Desarrollo de la capacidad institucional de gestión de los sistemas de salud pública.
4. Gestión de la cooperación internacional en materia de salud pública.
5. Asesoría y apoyo técnico a las instancias subnacionales en el desarrollo de políticas, planificación y gestión de la salud pública.
FESP 5: Resultados de la Medición en la Región de LAC
Esta función presenta un desempeño intermedio con una mediana de 0.56 para la Región de las Américas. En general se puede observar que la mayor parte de los países se encuentran en un nivel de desempeño intermedio y solamente un país declara una condición óptima como se puede apreciar en el siguiente gráfico:
Los indicadores medidos para esta función presentan un perfil en el que el desempeño más bajo se tiene en la definición de objetivos sanitarios nacionales (indicador 1) y el apoyo de las ASNs a las instancias subnacionales para el cumplimiento de esta función (indicador 5). Las áreas con el desempeño más alto son el fomento de políticas de salud pública (indicador 2) y la capacidad de gestión de la cooperación internacional (indicador 4). En situación intermedia se encuentra el desarrollo de la capacidad institucional para la gestión en salud pública (indicador 3).
Las mayores debilidades en el área de gestión de la salud pública deben alertar a los encargados de formular las políticas, y a la ASN en general, sobre los retos actuales y futuros que exige la gestión de la salud pública. Asimismo, se debe ayudar a identificar las medidas que las autoridades sanitarias deben tomar para potenciar las capacidades institucionales, con el objetivo final de mejorar la salud de la población.
De los indicadores que presentan un desempeño más alto, la baja dispersión en el desarrollo, seguimiento y evaluación de políticas en materia de salud pública (indicador 2) permite afirmar que ésta es un área que presenta fortalezas en la Región de las Américas. No ocurre lo mismo respecto de la gestión de la cooperación internacional (indicador 4), que es el indicador de mayor variación entre los países de la región aunque, en general, presenta un desempeño adecuado, a pesar de seguir siendo un área débil para algunos países.
Con respecto a los indicadores que presentan un desempeño menor e intermedio (la definición de objetivos de salud pública, la gestión en salud pública y el apoyo a las instancias subnacionales), algunos países presentan un desempeño óptimo mientras que para muchos otros constituye una debilidad.
Entre los resultados de la medición de desempeño de esta función destacan las siguientes características:
• En la mayor parte de los países, la ASN lidera los procesos de definición de metas y objetivos sanitarios y estos están basados en las prioridades en materia de salud de cada país. Sin embargo, los países reconocen debilidades en la actualización de las prioridades sanitarias y en el 43 por ciento de ellos los objetivos sanitarios y los objetivos de las políticas sociales están directamente relacionados. La construcción de estos objetivos no siempre cuenta con la participación de los actores pertinentes, tales como la sociedad civil. El 51 por ciento de los países señala que los objetivos sanitarios definidos cuentan con indicadores que permiten medir su desempeño efectivo.
• En general, los países cuentan con planes de política sanitaria respaldados por el poder ejecutivo y, en menor medida (68 por ciento de los países), del poder legislativo. La mayor parte de los países traducen sus políticas en instrumentos legales y en la legislación necesaria para su ejecución.
• Menos de la mitad de los países evalúa a sus aliados actuales y potenciales para determinar el grado de apoyo para el desarrollo y la ejecución y evaluación del proceso nacional de mejora en materia de salud. Sin embargo, con frecuencia, no se cuenta en estos procesos con el sector privado ni con la población.
• Los países cuentan con personal capacitado en elaboración de políticas, preparación de instrumentos legales y priorización de políticas de salud pública; también, la mayor parte de los países cuentan con personal calificado y recursos para gestionar proyectos y programas de cooperación internacional.
• En relación con la capacidad institucional para la gestión se observa fortalezas en la planificación estratégica y el liderazgo en materia de salud. En la planificación estratégica, la mayor parte de los países señala que cuenta con personal con conocimientos y aptitudes en la materia, el 64 por ciento afirma que han realizado un ejercicio de planificación en el último año y que la mayor debilidad en esta área es la evaluación y el seguimiento de estos procesos. En liderazgo, la mayor parte de los países reconoce que tiene capacidades para generar consensos y promover la colaboración interinstitucional en materia de salud y el 65 por ciento de los países de la región utiliza esa experiencia para movilizar los recursos hacia la salud. Las mayores debilidades se observan con relación a la capacidad de resolver conflictos y en la falta de habilidad comunicativa.
• Los países señalan que no se cuenta con mecanismos de financiación adecuados que ayuden a conseguir los objetivos sanitarios.
• Adicionalmente, se observa debilidades en la definición de indicadores de desempeño que permitan medir el cumplimiento de los objetivos sanitarios definidos. Sólo el 51 por ciento de los países cuenta con indicadores y el 38 por ciento desarrolla la evaluación a través de procesos participativos. La mayor parte de los países no incorpora al sector privado en la evaluación.
• La ASN tiene dificultades en la creación de alianzas para ejecutar las políticas de salud; en general no se trabaja con el sector privado que presta los servicios de salud ni se incluyen a los aseguradores y/o responsables de la seguridad social en salud, ni tampoco a los consumidores.
• Las principales debilidades en la capacidad institucional para la gestión en materia de salud pública están en los esfuerzos dirigidos a la toma de decisiones, basada en la evidencia y el desarrollo organizativo, con el fin de conseguir los objetivos de salud pública buscados. El 43 por ciento de los países declara que no cuenta con una visión organizativa clara que permita orientar su gestión; solamente el 32 por ciento de los países aprende de los cambios y el 27 por ciento evalúa el desempeño institucional.
• En relación con el apoyo a las instancias subnacionales, las áreas deficitarias coinciden con las debilidades procedentes de la ASN, mientras que, en la mayor parte de los países, el reconocimiento de dificultades para detectar con forma oportuna las necesidades de apoyo en la gestión de las instancias subnacionales y, por tanto, su incapacidad para responder oportuna y adecuadamente constituyen un área común de insuficiencia.