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PREFACIO
En octubre de 2000, los Estados Miembros de la OPS se unieron a otros
Estados Miembros de la OMS para empezar las negociaciones sobre el
Convenio Marco para la Lucha Antitabáquica (CMLAT), un tratado
internacional patrocinado por la OMS sobre el control del tabaco.
Si, según lo previsto, los Estados Miembros de la OMS, reunidos en la
Asamblea Mundial de la Salud en mayo de 2003, ratifican un CMLAT enérgico,
los esfuerzos realizados por los gobiernos en todo el mundo para reducir
el flagelo del tabaco habrán recibido un gran impulso.
Sin embargo, independientemente del proceso del CMLAT, las pruebas
acumuladas durante los últimos decenios hacen imperiosa la necesidad
de que los gobiernos reglamenten los productos de tabaco. Estos productos
matan a la mitad de los usuarios a largo plazo, incluidas más de un millón
de personas anualmente en las Américas. La mitad de esos usuarios morirán
antes de la edad de 70 años. La gran mayoría de los adictos al tabaco
adquirieron la adicción cuando eran niños o adolescentes. Y, tal como lo
muestran los casos de los tribunales, las investigaciones parlamentarias
y del congreso, y los documentos internos de las propias empresas, la
industria tabacalera ha estado involucrada durante más de 50 años en una
campaña generalizada y activa para engañar a los consumidores y asegurar
la longevidad de su negocio a expensas de la longevidad de sus clientes.
Es difícil imaginar un argumento más convincente para la protección del
consumidor y de la salud.
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Ningún país puede
cubrir lo que cuesta
el consumo de tabaco
en vidas, así como en
recursos financieros
que podrían ser
reorientados a un
sinnúmero de otros
problemas de salud
urgentes que son
menos prevenibles.
Esto debería dar a los
gobiernos la fuerza y
voluntad política que
necesitan para actuar. |
Las medidas más eficaces para reducir el consumo de tabaco son
de naturaleza normativa. Existen pruebas abundantes que indican
que las medidas de política, tales como los impuestos más altos
sobre el tabaco, la eliminación de la promoción de tabaco, una
información sanitaria convincente en los paquetes de tabaco y la
creación obligatoria de entornos libres de humo de tabaco en lugares
públicos y lugares de trabajo, reducen el inicio del tabaquismo
en la juventud y ayudan a los fumadores a que dejen de fumar.
Aunque en un principio algunos países pueden ver estas políticas
como inalcanzables, es importante considerar los costos de la falta
de acción. Un informe publicado en abril de 2002 por los Centros
para el Control y la Prevención de Enfermedades de los EE.UU. revela
que cada paquete de cigarrillos vendido le cuesta a ese país
aproximadamente $7,18 en atención médica y productividad perdida,
sin mencionar las 440.000 defunciones anuales causadas por el tabaco.
Ningún país puede cubrir lo que cuesta el consumo de tabaco en vidas,
así como en recursos financieros que podrían ser reorientados a un
sinnúmero de otros problemas de salud urgentes que son menos prevenibles.
Esto debería dar a los gobiernos la fuerza y voluntad política que
necesitan para actuar.
Independientemente del ritmo y resultado de las negociaciones del
CMLAT, la OPS insta a los gobiernos a que desarrollen sus programas
legislativos nacionales de control del tabaco. Confiamos en que las
pruebas compiladas aquí los ayudarán a hacerlo.
George A.O. Alleyne Director |