tomado del Boletín
Epidemiológico, Vol. 22 No. 1, marzo 2001
Situación de los Programas de Malaria en las Américas
Introducción
En 1999, la población de la Región de las Américas ascendía a 818 millones de
habitantes, de los cuales 299 millones (36,5%) vivían en zonas de condiciones
ecológicas propicias para la transmisión de la malaria. De los 35 países y territorios
que son miembros de la OPS/OMS, 21 informan tener zonas con transmisión activa
de malaria. Todos ellos (Argentina, Belice, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa
Rica, Ecuador, El Salvador, Guayana Francesa, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras,
México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Suriname y
Venezuela) han reorientando sus programas de control de acuerdo con los lineamientos
de la Estrategia Mundial para el Control de la Malaria (EMCM) adoptada en Amsterdam
en 1992.
La Estrategia Global representó un cambio de énfasis, abandonando el enfoque
tradicional o de lucha antivectorial para centrarse en el manejo de la ocurrencia
de la enfermedad. La EMCM se basa en cuatro principios técnicos: 1) diagnóstico
temprano y tratamiento inmediato; 2) aplicación de medidas de protección y prevención
para el individuo, la familia y la comunidad, incluida la lucha antivectorial;
3) desarrollo de la capacidad para predecir y contener epidemias desde un principio;
4) fortalecimiento de la capacidad local en investigación básica y aplicada
para permitir y promover la evaluación regular de la situación de la malaria
de un país, teniendo en cuenta los factores ecológicos, sociales y económicos
determinantes de la enfermedad.
Como primer paso en la adopción de la EMCM, los países de las Américas han
redefinido sus zonas maláricas sobre la base de distintos niveles de exposición
al riesgo de transmisión (Figura
1). El riesgo de exposición, dentro de una zona ecológicamente propicia,
está relacionada con factores como los desplazamientos humanos, la estabilidad
social, las actitudes y comportamientos individuales y colectivos que previenen
la malaria y protegen frente al contacto con vectores. La intensidad de transmisión
de la malaria, producto de la interrelación de estos factores, se refleja aproximadamente
en el índice parasitario anual (IPA, ver Cuadro 1), y puede ser modificada por
el acceso a servicios de diagnóstico y tratamiento adecuados. Este índice es
la variable básica usada para la estratificación epidemiológica de las zonas
de malaria endémica.
|
Cuadro 1: Índices malariométricos
|
| Índice Parasitario
Anual (IPA) |
Número de casos confirmados_______ x 1,000
Población en riesgo mediano y alto
|
| Índice de P. falciparum Anual
(IPA) |
Número de casos confirmados de P. falciparum____
x 1,000
Población en riesgo mediano y alto
|
| Índice de P. Vivax
Anual (IVA) |
Número de casos confirmados de P. vivax__ x 1,000
Población en riesgo mediano y alto
|
| Índice Anual de Examinación de
Sangre (IAES) |
Número de láminas examinadas
_____________ x 100
Población total en áreas de riesgo de transmisión |
De los 472 millones de habitantes a que asciende la población de los 21 países
con transmisión activa de malaria, 208 millones (44,1%) viven en zonas expuestas
a algún riesgo de transmisión. Sin embargo, de estos, 131 millones (59,8%) están
expuestos a un riesgo bajo o sumamente bajo de transmisión de malaria. En estas
zonas se detectaron 46.823 casos de malaria en 1999, una disminución respecto
a los 53.778 casos registrados en 1998. Esta disminución fue resultado de una
estabilización observada después del fenómeno meteorológico “El Niño” y de las
epidemias en Colombia, Ecuador y Perú ocurridas en 1998. Los otros 77 millones
(16,3% de la población total de estos 21 países) viven en zonas expuestas a
un riesgo moderado o elevado de transmisión. La disminución de la población
de alto riesgo, que pasó de 39 millones en 1998 a 35 millones en 1999, se debe
principalmente a una estratificación más precisa del riesgo a nivel departamental
en Perú. Se sigue observando una grave morbilidad por malaria en poblaciones
de la Región que se encuentran expuestas a riesgo moderado y alto de transmisión,
con IPA que oscila entre 0,18/1.000 en México a 309,8/1.000 en Suriname.
En las Américas, la “detección de casos” se ha usado como índice de morbilidad
(casos por 100.000 habitantes) para facilitar la comparación con otros índices
de morbilidad. Hubo una disminución de la detección de casos en la población
total del continente, de 160,51 por 100.000 en 1998, a 147,56 por 100.000 en
1999. Cuando se considera solo a la población de las zonas ecológicamente propicias
para la transmisión, los índices aumentan a 418,31 y 404,37 por 100.000, respectivamente,
en los mismos años. Sin embargo, en 1999 se sigue observando una disminución.
Para los 21 países con malaria endémica, se comparan el IPA y el índice de P.
falciparum anual (IFA, ver Cuadro 1) con el índice anual de exámenes de
sangre (IAES) (Figura 2).
Como el IFA se mantiene relativamente constante, esto demuestra una inquietante
tendencia en la cual el número de infecciones por P. vivax notificadas,
expresado en la diferencia entre el IPA y el IFA, aumenta con el número de frotis
sanguíneos examinados. Este perfil puede reflejar una cobertura incompleta del
tratamiento de los reservorios de P. vivax (es decir, evaluación incompleta
de los casos). Pero no ocurre así con las infecciones por P. falciparum,
porque su transmisión se controla más eficazmente mediante un tratamiento inmediato
después del diagnóstico de frotis sanguíneo.
La Figura 3 muestra
los IPA por subregión geográfica entre 1995 y 1999. Las reducciones pronunciadas
en los IPA en Guyana, Suriname, Guayana Francesa, Haití y República Dominicana
en el período 1996-1997 reflejan las redefiniciones de las poblaciones estimadas
en riesgo de contraer malaria por zonas maláricas. Como se puede ver en la Figura
4, P. vivax fue la causa más importante de morbilidad de malaria
en la Región de las Américas, pero P. falciparum es el único parásito
detectado entre los casos en República Dominicana y Haití y es la especie predominante
en Guayana Francesa, Guyana y Suriname.
La distribución de los casos de malaria por zonas geográficas en la Región,
que se ilustra en la Figura
5, refleja la carga de morbilidad. De un análisis por subregiones se desprende
que Brasil es el país que notificó el mayor número absoluto de casos de malaria
(50,5%), seguido por los países de la subregión andina, que notificaron lo que
representa el 32,3% del total de casos. Sin embargo, el riesgo mayor de transmisión
se observó en la subregión que abarca la Guayana Francesa, Guyana y Suriname
(IPA = 127,5/1.000), seguida de ciertas partes de Brasil (IPA = 118,8/1.000).
En años recientes, la estratificación epidemiológica de la malaria en las Américas
ha orientado la integración de la detección de casos, y del diagnóstico y tratamiento
inmediato en los servicios de salud locales. Los servicios de salud locales,
que incluyen la red de trabajadores comunitarios, tuvieron una alta eficiencia
de diagnóstico, pues confirmaron 10,6% de los casos presuntos, en tanto que
la vigilancia activa sigue teniendo una eficiencia baja en materia de diagnóstico
y un costo operativo elevado, ya que apenas confirmó 2,2% de los casos de «fiebre
reciente». Prosiguen los esfuerzos dirigidos a mejorar el diagnóstico parasitoscópico
en los servicios generales de salud, para lo cual se imparte capacitación sobre
diagnóstico de la malaria a los técnicos de laboratorio y se reasigna a los
microscopistas capacitados. No obstante, la detección corriente de casos activos
sigue ocupando casi 32% de los recursos de microscopía que los países dedican
a la malaria, pese a reconocerse su baja eficiencia.
En la Tabla 1 se indica la disponibilidad de tratamiento por caso diagnosticado,
parámetro que oscila entre 0,57 y 241,8 tratamientos de primera línea por caso
notificado. Hasta 1999 todos los países contaban con un suministro adecuado
de tratamientos eficaces contra la malaria. Sin embargo, en 1999 todos los países,
con excepción de Colombia, experimentaron problemas con el suministro de medicamentos
para tratar las cepas resistentes de P. falciparum. Esta reducción en
la disponibilidad de medicamentos eficaces contra las cepas resistentes de P.
falciparum en Bolivia, Brasil, Ecuador, Perú y Venezuela se encuentra entre
los factores claves de riesgo que podrían ocasionar un aumento potencial en
el número de epidemias por cepas resistentes en los años venideros.
|
Tabla 1: Tratamientos antimaláricos completados
en 1999
|
| Países y territorios
por Subregión Geográfica |
Tratamientos completos
@ 1.500 mg de 4-amino quinoleinas |
Número de casos
reportados |
Número de tratamientos
primera línea disponibles por caso reportado |
Número de tratamientos completados para
P. falciparum resistante
|
Número de P.
falciparum y casos mixtos reportados |
Número de tratamientos
segunda línea disponibles por caso P. falciparum |
| México |
839.733 |
6.402 |
131,17 |
0 |
16 |
0,00 |
| Belice |
8.599 |
1.850 |
4,65 |
0 |
52 |
0,00 |
| Costa Rica |
38.130 |
3.998 |
9,54 |
0 |
15 |
0,00 |
| El Salvador |
297.376 |
1.230 |
241,77 |
0 |
9 |
0,00 |
| Guatemala |
210.107 |
45.098 |
4,66 |
0 |
1.707 |
0,00 |
| Honduras |
496.732 |
46.740 |
10,63 |
0 |
1.220 |
0,00 |
| Nicaragua |
2.270.800 |
38.676 |
58,71 |
0 |
1.689 |
0,00 |
| Panamá |
19.100 |
936 |
20,41 |
0 |
40 |
0,00 |
| Haití |
.... |
1.196 |
... |
... |
1.196
|
... |
| Rep. Dominicana |
130.478 |
3.589 |
36,36 |
0 |
3.584 |
0,00 |
| Guayana Francesa |
... |
5.307 |
... |
... |
4.528 |
... |
| Guyana |
23.300 |
27.283 |
0,85 |
39.244 |
16.144 |
2,43 |
| Suriname |
12.096 |
13.939 |
0,87 |
8.301 |
11.685 |
0,71 |
| Brasil |
935.150
|
609.594 |
1,53 |
171.195 |
114.605 |
1,49 |
| Bolivia |
70.800 |
50.037 |
1,41 |
6.085 |
7.557 |
0,81 |
| Colombia |
195.230 |
66.845 |
2,92 |
112.101 |
25.389 |
4,42 |
| Ecuador |
177.842 |
87.620 |
2,03 |
110 |
49.993 |
0,00 |
| Perú |
94.259 |
166.579 |
0,57 |
57.653 |
67.169 |
0,86 |
| Venezuela |
79.497 |
19.086 |
4,17 |
1.576 |
3.531 |
0,45 |
| Argentina |
467 |
222 |
2,10 |
0 |
0 |
0,00 |
| Paraguay |
35.600 |
9.947 |
3,58 |
0 |
2 |
0,00 |
|
... información no disponible
Fuente: Programa de Enfermedades Transmisibles
(HCT) de la OPS
|
La caracterización de los factores que perpetúan la transmisión, permite determinar
posibles medidas de control actuales y potenciales al respecto. Para garantizar
la sostenibilidad de estas medidas, todavía se tiene que seguir mejorando su
selección y orientación, y movilizar, orientar y respaldar la coordinación intersectorial.
Las actividades de lucha antivectorial, limitadas casi exclusivamente a la fumigación
de insecticidas de acción residual en el interior de las viviendas, siguen siendo
la herramienta principal de que se valen los países para prevenir la transmisión.
Sin embargo, los informes de país para 1999 no incluían información sobre uso
de insecticidas.
Los fondos utilizados por los programas de control fueron de monto muy variado
en los últimos cinco años. Sin embargo, en los últimos años, el gasto por persona
en las zonas maláricas ha disminuido constantemente con excepción de un ligero
aumento en 1999. En 1999, el gasto promedio era de US$ 0,45 por persona en los
16 países que habían notificado a la OPS y que contaban con un presupuesto para
el control de la malaria. Esto representa una reducción de 31% con respecto
a 1996 (US$ 0,65), y una reducción de 4,2% en comparación con 1997, pero un
aumento de 7,1% con respecto al volumen de fondos del que se disponía el año
pasado.
Principales cambios epidemiológicos
La ejecución de la EGCM en la Región dio lugar a una disminución significativa
en la tasa de mortalidad específica por malaria. En 1994, el primer año para
el que se dispone de registros que pueden compararse, la tasa de mortalidad
bruta por P. falciparum fue 8,3 por 100.000 habitantes expuestos. Para
1999, la tasa de mortalidad se redujo a 1,7 por 100.000 personas expuestas,
es decir, una disminución de un 78%.
La principal mejora operativa asociada con esta reducción de la tasa de mortalidad
por P. falciparum es el aumento constante de la cobertura de los tratamientos
de segunda y tercera línea. En la última columna de la tabla 1 se muestra una
notable disminución de los tratamientos para P. falciparum resistente,
expresados en el número de tratamientos de segunda línea menor que uno, lo que
sin duda podría revertir este importante logro.
Situación actual de la resistencia del P. falciparum
La resistencia a la cloroquina está muy difundida en América del Sur, si bien
en los países andinos se registra una cierta respuesta clínica a ese producto;
el número de fracasos de tratamiento notificados va en aumento, llegando hasta
20% en algunas zonas de la Amazonia peruana. La resistencia a la sulfadoxina/pirimetamina
también está muy difundida, mientras que en Colombia, Guyana, Guayana Francesa
y Suriname se utilizan cada vez más la quinina y la tetraciclina como antimaláricos
de primera línea. En la Amazonia brasileña se ha comenzado a emplear la mefloquina
como tratamiento de primera línea de las infecciones por P. falciparum,
después del diagnóstico con prueba de tira reactiva. Los derivados de la artemisinina
todavía se reservan para los casos graves y complicados de malaria. Recientemente
se notificaron fracasos aislados de tratamiento con cloroquina en infecciones
por P. vivax pero no han sido confirmados por estudios epidemiológicos.
Problemas y limitaciones principales
Hay tres barreras principales para poner en práctica una estrategia eficaz
de control de la malaria. La primera está relacionada con la necesidad de modificar
la idea imperante en el campo de la salud pública de que la malaria se controla
mediante la fumigación con insecticidas, que sólo puede ser realizada por una
institución operativa importante. Este modo de pensar no hace sino reforzar
la resistencia natural de las instituciones frente al cambio, con la que se
han enfrentado todos los participantes en la lucha antimalárica desde 1992.
La segunda limitación importante es la de la reducción drástica de los presupuestos
centrales que acompaña al proceso administrativo básico de descentralización
de los servicios de salud. Debido a la importancia que se asigna a los servicios
locales de salud, la ejecución de la EGCM se beneficiará del proceso de descentralización
del sector de la salud. Sin embargo, la reducción drástica de los recursos humanos
y presupuestarios que se deriva del proceso se convirtió en una fuerte limitación
para poner en marcha dicha estrategia. Otro motivo importante de preocupación
es la falta de un control eficaz de vectores o de una medida eficaz para interceptar
los vectores a objeto de dar seguimiento y complementar la prevención eficaz
de la mortalidad y la reducción de la morbilidad.
Iniciativa “Hacer retroceder la malaria” en las Américas
Esta iniciativa, introducida en 1998 por la OMS, complementará las actividades
de la EGCM. Su objetivo general, cuyo logro depende del fortalecimiento del
sector de la salud, es reducir significativamente la carga mundial de malaria
mediante intervenciones adaptadas a las necesidades locales. Los siguientes
cinco temas han sido identificados como componentes importantes de la iniciativa.
En el marco de estas actividades se contempla una reducción del 50% de las tasas
de mortalidad para el año 2010.
1) Intervenciones estructuradas
Los 21 países de la Región afectados por malaria endémica han organizado programas
de lucha contra esta enfermedad con niveles diferenciados de integración (nacional/regional/local)
dentro de sus servicios generales de salud. El nivel de descentralización varía
de un país a otro, pero en general son los municipios (gobiernos locales) los
que se encargan de llevar a cabo las actividades de salud pública a nivel local
y algunos de ellos ya tienen control sobre los recursos financieros.
La descentralización de responsabilidades hacia el nivel local no se ha visto
acompañada necesariamente por una descentralización de las capacidades técnicas.
Así, se ha vuelto muy necesario establecer capacidades técnicas a este nivel
de ejecución, así como una participación aumentada de las autoridades locales
en de las actividades de planificación y presupuestales.
2) Integración de recursos
El plan de Agentes Comunitarios de Salud, que incluye voluntarios y/o
trabajadores remunerados, ha sido objeto de una promoción intensa en la Región
y resultó ser muy útil a la hora de ampliar la cobertura de los servicios generales
de salud. Esta estructura es la base sobre la que se han emprendido y se seguirán
emprendiendo actividades de adiestramiento intensificadas en relación con el
diagnóstico, el tratamiento inmediato y el control de la transmisión de la malaria.
3) Política de uso de los medicamentos antimaláricos
La vigilancia de la eficacia de los medicamentos antimaláricos en los
diferentes marcos geográficos y sociales de la Región y la definición de regímenes
terapéuticos especiales en función de las situaciones locales constituyen la
base para velar por la disponibilidad y el control de calidad de los medicamentos
antimaláricos. Se han elaborado protocolos relativos a la eficacia de los medicamentos,
y en ocho centros ubicados en seis países de la región (Brasil, Colombia, Guyana,
Perú, Suriname y Venezuela) se están realizando pruebas. Dichas pruebas se seguirán
promoviendo para garantizar una vigilancia y una evaluación permanentes de la
eficacia de los medicamentos, y la formulación constante de regímenes medicamentosos
alternativos, en función de la sensibilidad local que se determine.
4) Sistema de derivación de casos
Se han fortalecido las posibilidades de diagnóstico y tratamiento de
los servicios generales de salud en Brasil, Colombia y Venezuela. En estos momentos
se está reforzando en Bolivia, Perú y Suriname la capacidad de manejar casos
graves y complicados de malaria para poder establecer un sistema adecuado de
derivación de casos. Todo ello tiene por objeto ampliar las posibilidades de
acceso de la población a la vigilancia y diagnóstico satisfactorios de los casos
de fracaso del tratamiento, y al tratamiento de casos graves y complicados.
El empleo constante de materiales elaborados para uso clínico permitirá seguir
reduciendo la mortalidad y una actualización constante del personal de salud
y del sistema de derivación de casos, velando por su adaptación a las distintas
situaciones epidemiológicas.
5) Redes de recursos
En el marco de la iniciativa “Hacer retroceder la malaria” se establecerán
redes de recursos para brindar apoyo directo a las actividades de control y
tratar las cuestiones de importancia básica para las políticas de lucha antimalárica.
De las redes de recursos establecidas por la iniciativa “Hacer retroceder la
malaria”, las de importancia particular para la Región de las Américas son las
de prevención y control de epidemias (que colaborará estrechamente con los programas
de preparación y mitigación para casos de desastres a nivel internacional, nacional
y local); calidad y suministro de medicamentos antimaláricos en el ámbito local,
y vigilancia de la resistencia a los medicamentos antimaláricos y los insecticidas.
Además, se deberá establecer una red para la validación y el mejoramiento de
otros métodos posibles de control selectivo de la transmisión. Existe asimismo
la necesidad de un mayor financiamiento para poder continuar las actividades
en curso e iniciar otras en el ánimo de hacer retroceder la malaria en la Región
de las Américas.
Se considera necesario también un sexto elemento para la ejecución exitosa
de esta iniciativa en las Américas:
6) Control de la transmisión de la malaria
Los países de la Región, mientras persisten en sus esfuerzos para reducir
la mortalidad por la malaria, están tratando de alcanzar el objetivo adicional
de reducir la incidencia de esta enfermedad mediante el control de su transmisión.
Se emprendieron y se seguirán emprendiendo esfuerzos para poner a prueba el
uso de materiales impregnados de insecticidas. Con todo, estas y otras actividades
de control de la transmisión siguen siendo un gran reto para los servicios de
salud descentralizados de la Región.
Desde los años cincuenta, con la aparición de los programas de erradicación
de la malaria, los países de la Región de las Américas han desarrollado gran
pericia en la fumigación de insecticidas en el interior de las viviendas para
controlar la transmisión de la malaria. Estas actividades fueron eficaces en
grandes zonas de la Región, especialmente las de desarrollo socioeconómico continuo.
No obstante, la fumigación de insecticidas de acción residual en las viviendas
no tuvo tanto éxito para detener la transmisión en las zonas en situación sociodemográfica
y política inestable, donde hasta hoy se buscan activamente otros métodos de
control de la transmisión de la malaria, en lugar de la fumigación de insecticidas
de acción residual dentro de las viviendas, para reducir aún más la morbilidad.
Acciones intensivas y simultáneas
En las zonas de malaria endémica donde la población en riesgo es relativamente
estable así como en las zonas de nuevos asentamientos rurales y urbanos periféricos,
la transmisión puede reducirse utilizando medidas antiparasitarias simultáneas
en los reservorios humanos y vectoriales. Esta técnica perfeccionada en México
exige una organización con una infraestructura nacional, por estado/provincia/departamento,
por municipio/distrito/cantón, distrito/localidad/sector, para poder ejecutarla
de manera eficiente y sistemática en todas las comunidades del país con malaria
endémica. Los costos pueden ser considerablemente elevados para algunos países
(40 millones de dólares US por año durante 6 años como lo estiman las autoridades
mexicanas, o un costo unitario por persona en riesgo de contraer malaria de
1 dólar US), pero la mayoría de los países de las Américas ha logrado financiarlos.
Control Selectivo de Vectores
En zonas de expansión de la “frontera económica” en regiones boscosas sometidas
a la presión de los asentamientos humanos y con una baja explotación tecnológica
de los recursos naturales, la fumigación de insecticidas dentro de las viviendas
ha tenido un efecto muy limitado para controlar la malaria. Un comité regional
de expertos en control selectivo de vectores propuso otros métodos de control
de transmisión para esas situaciones epidemiológicas. Entre esas cabe señalar
la reducción de fuentes mediante el control de los criaderos; la promoción de
medidas de protección personal, familiar y comunitaria; el control biológico
de vectores y la fumigación de insecticidas en espacios abiertos.
La utilización de técnicas de estratificación basadas en parámetros epidemiológicos
y entomológicos permiten asignar prioridades y seleccionar la combinación de
métodos de control de la transmisión adecuados para cada foco de transmisión
de la malaria.
Conclusiones
La ejecución de la EGCM en las Américas no está plenamente lograda y exige
un esfuerzo intensificado a objeto de superar las barreras detectadas para su
ejecución cabal. Es sumamente compleja y requiere un compromiso político, que
puede ser aportado por la iniciativa «Hacer retroceder la malaria» de las siguientes
formas:
- modificar un enfoque tradicional, caracterizado por organizaciones y programas
verticales;
- organizar servicios de salud en zonas de difícil acceso; · preparar la
capacidad de los recursos humanos para la ejecución eficaz de servicios de
salud descentralizados;
- proporcionar recursos financieros y materiales adecuados en tiempo y cantidad.
El reto adquiere proporciones todavía mayores en el contexto de la reforma
del sector de la salud. Solamente si se logra el compromiso conjunto de todas
las partes interesadas podrá alcanzarse esta meta. La iniciativa “Hacer retroceder
la malaria” brinda el mecanismo para hacerlo y es esencial para el éxito del
control de la malaria en la Región de las Américas.
Fuente: OPS. División de
Prevención y Control de Enfermedades. Programa de Enfermedades Transmisibles
(HCP/HCT)
La definición de caso de malaria se encuentra en el Vol.
20, No. 2 (Junio 1999) del Boletín Epidemiológico.
Previos artículos sobre malaria son también disponibles: Situación
de la Malaria en las Américas (Vol. 17, No. 4 - Diciembre 1996);
Situación de la
Malaria en las Américas, 1996 (Vol. 18, No. 3 - Septiembre 1997).
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