tomado del Boletín
Epidemiológico, Vol. 23 No. 2, junio 2002
Glosario de Epidemiología Social
Nancy Krieger, PhD
Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard
Boston, Massachusetts, Estados Unidos
Parte II
Raza/etnicidad y racismo
La raza/etnicidad es una categoría social, no biológica, referida
a grupos sociales, a menudo con ascendencia y herencia cultural compartidas,
que se forman como consecuencia de sistemas opresores de las relaciones entre
las razas, justificados por la ideología, en los que un grupo se beneficia del
dominio que ejerce sobre otros grupos, y se define a sí mismo y a los otros
a través de esa dominación y de la posesión de características físicas selectivas
y arbitrarias (e.g., el color de la piel).(6, 13) Por racismo se entienden las
prácticas institucionales e individuales que crean y refuerzan los sistemas
opresivos de relaciones de raza (véase “Discriminación”).(6, 15, 41) La etnicidad
es un concepto que inicialmente pretendió diferenciar los grupos “innatamente”
diferentes que supuestamente pertenecían a la misma “raza” general; (42, 43)
actualmente, algunos lo emplean para referirse a grupos que supuestamente pueden
distinguirse sobre la base de la “cultura”; (44) sin embargo, en la práctica
es difícil separar claramente la “etnicidad” de la “raza” en las sociedades
que tienen relaciones de raza inequitativas, por lo cual se ha optado por unirlos
en el concepto de “raza/grupo étnico”. (6, 42)
Dos conceptos diametralmente opuestos son así pertinentes para entender la investigación
y explicar las disparidades raciales/étnicas en salud.(6, 45) El primero es
el de las expresiones racializadas [“racialized” en la versión en ingles,
N. Trad.] de la biología, según el cual las diferencias biológicas promedio
cuantificadas entre miembros de diversos grupos raciales/étnicos reflejan supuestamente
diferencias innatas, determinadas por la genética (que, para empezar, parten
de una premisa basada en características fenotípicas arbitrarias que se emplean
para definir, de manera tautológica, categorías raciales). El segundo concepto
es el de las expresiones biológicas del racismo (véase “Expresiones biológicas
de las desigualdades sociales”). Por ejemplo, a consecuencia de las ideas dominantes
que consideraban la “raza” como una característica biológica innata, la investigación
epidemiológica estuvo plagada de estudios que intentaban explicar las disparidades
raciales/étnicas en materia de salud relacionándolas con supuestas diferencias
genéticas, sin tener en cuenta los efectos del racismo sobre la salud.(6, 45-47)
Por otra parte, considerando como reales las experiencias de racismo vividas
y el concepto biológico de “raza” como algo espurio, la epidemiología social
investiga las consecuencias sanitarias de las expresiones económicas y de otra
índole que acarrea la discriminación racial.(6, 13, 45-48)
Sexualidades y heterosexismo
El término sexualidad se refiere a las convenciones, roles y comportamientos
ligados a la cultura que suponen expresiones del deseo sexual, el poder y diversas
emociones, mediadas por el género y otros aspectos de la posición social (por
ejemplo, clase, raza/grupo étnico, etc.).(49) Los distintos componentes de la
sexualidad son la identidad sexual, el comportamiento sexual y el deseo sexual.
Las actuales categorías “occidentales” mediante las cuales las personas se identifican
a sí mismas o son identificadas por los demás son: heterosexual, homosexual,
lesbiana, gay, bisexual, “loca” [“queer” en ingles, N. Trad], transgénero, transexual
y asexual. El heterosexismo, la discriminación vinculada con la sexualidad,
constituye una forma de conculcación de los derechos sexuales (50) y se refiere
a las prácticas institucionales e interpersonales por las cuales los heterosexuales
acumulan privilegios (e.g., el derecho legal a casarse y tener compañeros sexuales
del “otro” sexo) y discriminar contra las personas que tienen o desean a compañeros
sexuales del mismo sexo, y justifican estas prácticas mediante ideologías de
superioridad, diferencia o desviación innatas. En consecuencia, las experiencias
vividas de la sexualidad pueden afectar a la salud por vías que incluyen no
solo el contacto sexual (por ej., la propagación de enfermedades de transmisión
sexual) sino también la discriminación y las condiciones materiales de la vida
familiar y en el hogar.(49, 50)
Sociedad, social, societal y cultura
El término sociedad, que originalmente significaba “compañía o fraternidad”,
en la actualidad es “el término más general que tenemos para designar el cuerpo
de instituciones y relaciones en cuyo seno vive un grupo relativamente grande
de personas; además, es el término más abstracto para referirse a las condiciones
en que se forman dichas instituciones y relaciones”.(51) Por su parte, el adjetivo
social tiene también significados complejos: “es un término descriptivo
para referirse a la sociedad en el sentido que predomina en la actualidad de
sistema de vida en común”; asimismo, es un “término enfático y distintivo que
contrasta explícitamente con el adjetivo individual y, especialmente,
con las teorías individualistas de la sociedad” [las cursivas figuran
en el original].51 A su vez, el adjetivo societal sirve para “referirse de una
manera más neutra a las formaciones e instituciones sociales en general”.(51)
De manera análoga, la epidemiología social y sus teorías sobre la distribución
de las enfermedades contrastan con la epidemiología individualista, que
se apoya en teorías individualistas de la causa de las enfermedades (véase “Teorías
de la distribución de enfermedades”).
Cultura, originalmente un sustantivo de proceso referido al “cuidado
de algo, básicamente cosechas o animales”,(51) en la actualidad tiene tres significados
distintos: “i) sustantivo abstracto e independiente que describe un proceso
general de desarrollo intelectual, espiritual y estético...; ii) sustantivo
independiente que, usado en sentido general o específico, indica un modo particular
de vida, ya sea de un pueblo, un período, un grupo o la humanidad en general;
y... iii) sustantivo abstracto e independiente que describe el trabajo y las
prácticas de la actividad intelectual, especialmente la artística”.(51) En la
epidemiología social predomina el significado descrito en b, y la “cultura”
generalmente se relaciona, teórica y prácticamente, con las creencias y costumbres
relacionadas con la salud, especialmente las prácticas alimentarias. En consonancia
con ello, la “aculturación” (o, quizás más exactamente, la “desculturación”
(45)) designa la adopción, por una “cultura”, de las creencias y prácticas de
otra “cultura” (por lo general, dominante).(52, 53) En la bibliografía epidemiológica
abundan ejemplos (44, 53) en los que el concepto de “cultura” se combina con
el de “grupo étnico” (y “raza”) y esta combinación se invoca indebidamente para
explicar características socioeconómicas y sanitarias de diversos grupos de
población sobre la base de cualidades “innatas” y no como consecuencia de relaciones
sociales inequitativas entre grupos.(52)
Clase social y posición socioeconómica
El término clase social se refiere a los grupos sociales que se forman
por las relaciones económicas recíprocas establecidas entre personas.(51, 54-56)
Estas relaciones están determinadas por las formas de propiedad y trabajo de
una sociedad, y sus relaciones por medio de la producción, distribución y consumo
de bienes, servicios e información. De este modo, el concepto de clase social
se apoya en la premisa de la ubicación estructural de las personas dentro de
la economía - como patronos, empleados, trabajadores por cuenta propia y desempleados
(tanto en el sector formal como en el informal), y como propietarios o no de
capital, tierras y otras formas de inversión socioeconómica. Para decirlo en
pocas palabras, las clases —como la clase obrera, los empresarios y sus administradores—
sólo existen en relación mutua y se definen por referencia recíproca. Por ejemplo,
no se puede ser empleado si no se tiene un patrono, y esta distinción entre
empleado y patrono no indica que uno tenga más o menos de cierto atributo, sino
que tiene que ver con la relación de un individuo con el trabajo y con otros
individuos por conducto de la estructura económica de una sociedad.
En tal virtud, la clase no es una propiedad a priori de cada ser humano,
sino una relación social creada por las sociedades. De este modo, la clase social
precede lógica y materialmente a su manifestación en la distribución de las
ocupaciones, el ingreso, la riqueza, la educación y la situación social. Otro
componente esencial de las relaciones de clase entraña una asimetría de la explotación
económica, según la cual los dueños de los recursos (por ej., capital) obtienen
ganancias económicas del trabajo o de los esfuerzos de los que trabajan para
ellos.
La posición socioeconómica, a su vez, es un concepto combinado que incluye
medidas basadas tanto en los recursos como en el prestigio, vinculadas con la
posición de clase social en la niñez y en la adultez.(54-56) Las medidas basadas
en los recursos se refieren a los recursos y bienes materiales y sociales, incluidos
ingreso, riqueza y credenciales educativos; los términos que se emplean para
designar la insuficiencia o carencia de recursos son “pobreza” y “privación”
(véase “pobreza”). Las medidas que se basan en el prestigio se refieren al nivel
o condición (status) de un individuo dentro de una jerarquía social, que generalmente
se evalúa con relación al acceso y consumo de bienes, servicios y conocimientos,
a su vez vinculados con el prestigio ocupacional, el ingreso y el nivel de instrucción.
Habida cuenta de las distinciones entre los aspectos relativos a los recursos
y lo que tienen que ver con el prestigio, así como las diversas vías por las
cuales influyen en la salud, los estudios epidemiológicos deberían enunciar
claramente cómo se conceptualizan las medidas de posición socioeconómica. Hay
que evitar el término “situación socioeconómica” porque de manera arbitraria
(cuando no intencional) destaca la “situación (status)” con respecto a los recursos
materiales como el factor determinante fundamental de la posición socioeconómica.(54)
Determinantes sociales de la salud
Este término se refiere tanto a las características específicas como a las
vías por las cuales las condiciones societales influyen en la salud, y que pueden
modificarse mediante la actuación fundamentada.(4, 24, 57) En su calidad de
determinantes, estos procesos y condiciones sociales se conceptualizan como
“factores esenciales” que “fijan ciertos límites o ejercen presiones”, sin que
forzosamente sean “deterministas” en el sentido del “determinismo fatalista”.(51)
Los factores sociales determinantes de la salud dependen de la historia y se
pueden definir en un sentido amplio como sigue:
(a) los sistemas económico, político y jurídico, pasados y presentes, de una
sociedad; sus recursos materiales y tecnológicos; y su adherencia a normas y
prácticas compatibles con las normas y patrones internacionales sobre derechos
humanos; y
(b) sus relaciones políticas y económicas con otros países, puestas en práctica
mediante interacciones entre gobiernos, organizaciones internacionales de carácter
político y económico (por ej., las Naciones Unidas, el Banco Mundial, el Fondo
Monetario Internacional), y organizaciones no gubernamentales.
Un término que aparece en la bibliografía sobre epidemiología social para resumir
los factores sociales determinantes de la salud es “ambiente social”.(4, 7,
57) Con esta metáfora se hace referencia a ideas de “ambiente”, término que
literalmente se refiere a “lo que nos rodea” y que en un principio se usó para
designar el ambiente físico, incluidas la parte “natural” y la “edificada”.
Tanto la expresión “ambiente social” como la metáfora afín “ecología social”
plantean problemas porque pueden ocultar el papel de la intervención humana
en la creación de las condiciones sociales que constituyen factores sociales
determinantes de la salud.(1)
Desigualdad o inequidad sociales en salud y equidad social en salud
La expresión desigualdades (o inequidades) en materia de salud se
refiere a las disparidades sanitarias de un país determinado y entre países
que se consideran injustas, injustificadas, evitables e innecesarias (es decir:
que no son ni inevitables ni irremediables) y que sistemáticamente agobian a
las poblaciones que se han vuelto vulnerables a causa de las estructuras sociales
fundamentales y de las instituciones políticas, económicas y jurídicas que prevalecen.(21,
58, 59) De este modo, las desigualdades (o inequidades) sociales en materia
de salud no son sinónimo de las “desigualdades sanitarias”, término que puede
referirse a cualquier diferencia y no específicamente a las desigualdades injustas.(58,
59) Por ejemplo, las medidas recientemente propuestas de “desigualdades sanitarias”
cuantifican deliberadamente las distribuciones de salud en las poblaciones sin
hacer referencia a grupos sociales ni a desigualdades sociales en materia de
salud.(59-62)
La expresión equidad social en materia de salud, por su parte, se refiere a
la ausencia de disparidades sanitarias injustas entre los grupos sociales, tanto
dentro de un país como entre distintos países.(58) Promover la equidad y disminuir
la inequidad exige no sólo un “proceso de igualación constante” sino también
un “proceso de abolición o disminución de privilegios”.(51) De manera, pues,
que la búsqueda de la igualdad social en el ámbito de la salud entraña la reducción
de la carga excesiva que la mala salud impone a los grupos más dañados por las
inequidades sociales en materia de salud, con lo cual se reducen al mínimo las
desigualdades sociales en materia de salud y se mejoran los niveles promedio
de la salud en general.(21)
Producción social de la enfermedad y economía política de la salud
Estos términos se refieren a marcos teóricos afines (si no es que idénticos)
que abordan explícitamente determinantes económicos y políticos de la salud
y de la distribución de las enfermedades en una sociedad en particular y entre
distintas sociedades, con inclusión de las barreras estructurales que impiden
que la gente lleve una vida sana.(1, 63-66) En consecuencia, estas teorías se
concentran en las instituciones y las decisiones económicas y políticas que
crean, imponen y perpetúan los privilegios económicos y sociales y las desigualdades,
que conceptualizan como las causas básicas (o “fundamentales”(67)) de las desigualdades
sociales en materia de salud. Aunque son compatibles con la teoría ecosocial
de la distribución de las enfermedades, difieren en el sentido de que no buscan
integrar sistemáticamente los conceptos biológicos en las explicaciones de las
modalidades sociales de la salud.(1, 2)
Producción social del conocimiento científico
Se refiere a las formas en que las instituciones y las creencias sociales
influyen en la captación, formación, ejercicio profesional y financiamiento
de los hombres y mujeres de ciencia, con lo cual se configuran las preguntas
que nosotros, como científicos, formulamos o dejamos de formular, los estudios
que hacemos o dejamos de hacer, y las formas en que analizamos e interpretamos
los datos, consideramos sus probables deficiencias y difundimos los resultados.(68-71)
Está bien comprobado que las ideas de los científicos son moldeadas, en parte,
por las creencias sociales prevalecientes en su época.(3, 72-74) Con relación
a la epidemiología social, hay un acervo considerable de bibliografía que demuestra
el modo en que el conocimiento científico y, lo que es más importante aún, las
propias personas han sido dañados por el racismo científico, el sexismo y otras
ideologías semejantes, entre ellas la eugenesia, que justifica la discriminación
y niega la importancia de entender y mejorar las desigualdades sociales en materia
de salud.(6) Es muy revelador que, hasta el año 2000, de los aproximadamente
34.000 artículos indizados en Medline por la palabra clave “raza”, sólo 0,05%
habían investigado explícitamente la discriminación racial como factor determinante
de la salud de la población.(6)
Estrés
Es este un término que se usa ampliamente en las ciencias biológicas, físicas
y sociales; corresponde a un concepto cuyo significado en la investigación sanitaria
se define de diversas maneras en relación con “acontecimientos estresantes,
respuestas y valoraciones individuales de situaciones”.(75) Es común a estas
definiciones “un interés en el proceso por el cual las demandas ambientales
abruman a un organismo o sobrepasan su capacidad de adaptación, lo que da por
resultado cambios psicológicos o biológicos que pueden poner a la persona en
riesgo de contraer enfermedades” [las cursivas figuran en el original].(75)
La “perspectiva del estrés ambiental” se centra en “las demandas, los factores
o los acontecimientos del ambiente estresantes”;(75) la “perspectiva del estrés
psicológico”, en “la percepción y evaluación por parte de un organismo del daño
potencial que plantean las exposiciones ambientales objetivas”;(75) y la “perspectiva
del estrés biológico”, en “la activación de los sistemas fisiológicos que reaccionan
en particular a las demandas físicas y psicológicas”.(75) El hecho de que en
la investigación de epidemiología social el estrés se conceptualice en relación
con parámetros estructurales interpersonales, cognitivos o biológicos, y de
que se utilice “ambiente” como un término o una metáfora que revela u oculta
el papel de la intervención y la responsabilización humanas en la determinación
de las distribuciones del “estrés”, depende de las teorías subyacentes acerca
sobre distribución de enfermedades que guíen la investigación (véase “Teorías
de la distribución de las enfermedades” y “Determinantes sociales de la salud”).
Teorías de la distribución de las enfermedades
Estas teorías pretenden explicar las modalidades actuales y en transición
de las enfermedades en la población a lo largo del tiempo y el espacio y, en
el caso de la epidemiología social, entre los grupos sociales (en un país determinado
o entre distintos países a lo largo del tiempo).(1) Valiéndose, como cualquier
teoría, (51, 71) de conjuntos de ideas afines cuya verosimilitud se puede poner
a prueba mediante el pensamiento y la acción humanos, las teorías de la distribución
de las enfermedades presumen que hay teorías de la causa de las enfermedades
orientadas por mecanismos, aunque no pueden reducirse a dichas teorías.(1) La
atención explícita a la teoría etiológica es esencial porque las observaciones
comunes de desigualdades sociales en materia de salud no se traducen necesariamente
en una comprensión idéntica de las causas.(1) Por ejemplo, el exceso de riesgo
de contraer la infección por el VIH/SIDA de las mujeres negras se atribuye a
la inequidad social según las teorías ecosocial y de la producción social de
las enfermedades, pero las teorías biomédicas del modo de vida lo atribuyen
a “comportamientos malos”.(1, 7)
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Fuente: Este artículo fue publicado inicialmente en el Journal of Epidemiology
and Community Health (J Epidemiol Community Health 2001;55:693-700).
Se tradujo y reprodujo con permiso del British Medial Journal Publishing Group.
La primera parte fue publicada en el Boletín
Epidemiológico 2002; 23(1):7-11
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Boletín Epidemiológico,
Vol. 23 No. 2, junio 2002
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