Perfil de Salud de País.
Resúmen del cápitulo de país de Salud en las Américas, 1998.
COLOMBIA
SITUACIÓN GENERAL Y TENDENCIAS
Contexto
socioeconómico, político y demográfico
Colombia tiene una extensión de 1.141.748 km2, con un
relieve dominado por los tres ramales de la Cordillera de
los Andes y zonas de valles y llanuras. La población
estimada para 1997 fue de 40.072.328 habitantes (71
% urbana). La tasa de crecimiento de la población es de 2,05
% anual y la densidad demográfica de 32,4 habitantes por km2.
Las corrientes migratorias internas se dirigen sobre todo a
la región andina; uno de cada cuatro colombianos vive fuera
de su departamento de origen. Las corrientes migratorias
externas se dirigen principalmente a Ecuador, Estados
Unidos y Venezuela, con un volumen acumulado que, según el
censo de 1993, sobrepasa el medio millón de personas. Esta
cifra refleja solo una parte del éxodo, que se produce en
forma clandestina. La existencia de 81 pueblos indígenas
(1,7% del total de habitantes), junto a la población
colombiana de origen africano (25% de la población) y
mestiza, hacen de Colombia un país multiétnico y
pluricultural, con diversas tradiciones y distintas lenguas
En general, los indicadores demográficos muestran mejorías
continuas en los períodos 19701975 a 19901995,
sin embargo, las mejoras de los indicadores nacionales en
su conjunto ocultan las grandes diferencias que subsisten
entre las regiones, entre las zonas urbanas y rurales y
entre los estratos sociales.
La tasa global de fecundidad en la zona urbana era de 2,65
hijos por mujer, mientras que en la zona rural era de 4,41
hijos por mujer. La mortalidad por enfermedades
transmisibles era tres veces mayor en las áreas en las
cuales entre el 90 y el 100% de la población tienen
necesidades básicas insatisfechas (NBI) comparada con las
áreas en las cuales el porcentaje de población con NBI era
menor que 20%.
El mejoramiento de las condiciones de vida de la población
de las cabeceras municipales (zona urbana) parece haber
influido favorablemente en los indicadores demográficos. No
obstante, a pesar de la tendencia descendente observada
entre 1973 y 1993, la brecha entre la proporción de
población pobre de las cabeceras municipales y la del resto
del municipio se ensanchó. En 1973 había 1,5 más personas
en situación de pobreza (presencia de al menos un indicador
de NBI) entre los habitantes del municipio que entre los de
las cabeceras municipales. En 1993 la relación
prácticamente se había duplicado, pasando a 2,9 en el resto
del municipio. La razón de población en situación de
miseria (presencia de dos o más indicadores de NBI) en la
zona rural pasó de 2,2 a 5,0 en relación con la que habita
en las cabeceras municipales.
En los últimos 30 años ha mejorado la cobertura de la
educación primaria y secundaria; sin embargo, las carencias
educativas del país son inmensas. En 1994, 2 de cada 10
niños de 6 a 11 años de edad no asistían a la escuela
primaria y 5 de cada 10 jóvenes de 12 a 17 años de edad no
recibían educación secundaria. De cada 100 niños ingresados
a la escuela primaria, solo 30 finalizaron el noveno grado
y apenas 7 lo hicieron sin repetir ningún grado. En 1993,
el analfabetismo en la zona rural (22,8%) triplicaba al de
la zona urbana (6,0%) y las variaciones a lo largo del país
iban de 3,0% en Bogotá a 25,11% en Tolima y a 25,3% en
Córdoba, mientras que los años promedios de educación de la
población urbana (7,0) duplicaban a los de la población
rural (3,2). En las zonas de conflicto la deserción escolar
es cercana al 100%.
A los problemas de cobertura educativa se añade el de la
calidad de la educación, especialmente de la impartida en
escuelas y colegios públicos. En la escuela primaria,
pública y rural los niños aprenden menos de la mitad de lo
que deberían aprender de acuerdo con los planes de estudio
vigentes. En los colegios secundarios, 25% de los niños no
logran superar el nivel mínimo de las pruebas de lenguaje
en séptimo grado y menos de 20% alcanzan un nivel óptimo
entre los grados séptimo y noveno.
El gasto público en educación como participación en el
producto interno bruto (PIB) ha sido estable: de 2,85% en
los años setenta pasó a 2,99% en los ochenta y a 3,03% en
los noventa. En cuanto a los niveles a los que está
dirigido, el gasto público en educación muestra
desequilibrios: en 1994, la participación en la educación
primaria representaba 33%, en la educación secundaria, 29
% y en la educación superior, 17%.
La cobertura de servicios básicos en los hogares aumentó en
forma significativa entre 1985 y 1993, pasando de 70,5% a
82,1% en acueductos y de 59,4% a 69,0% en alcantarillado.
La situación más crítica se presenta en la zona rural,
donde entre 5 y 8 millones de habitantes carecen, por lo
menos, de uno de estos servicios. Se observan rezagos en lo
que se refiere a la calidad del agua. Solo 62% de los
habitantes en la zona urbana recibe agua apta para el
consumo humano, mientras que en la zona rural únicamente
10% cuenta con agua de buena calidad. Los adelantos más
significativos en los servicios de acueducto y
alcantarillado han tenido lugar en el decenio de 1990. La
inversión entre 1991 y 1994 representó 25% del total de
inversiones en los últimos 30 años; no obstante, fue de
0,3% del PIB.
En las últimas
décadas, la economía colombiana experimentó enormes
cambios, creciendo y diversificándose en forma constante y
progresiva. A comienzos de los años noventa se inició un
proceso de apertura económica, caracterizado por una
significativa disminución de las barreras arancelarias
proteccionistas en prácticamente todos los sectores y en
los últimos seis años el desempeño de la economía ha sido
desparejo y ciertos sectores se han visto particularmente
beneficiados. El PIB experimentó un crecimiento de 2
% en1991, 5,6% en 1994 y 4,5% en 1996. La tasa de inflación
descendió hasta llegar a 19% en 1995, pero la tendencia se
revirtió llegando a 23% en 1996.
Las inversiones extranjeras directas pasaron de US$ 2.100
millones en 1985 a $7.342 millones en 1995, cifras que no
incluyen las realizadas en los sectores minero y petrolero.
La deuda externa pasó de $17.000 millones en 1992 a $20.000
millones en 1994, lo que corresponde a 34,5% y 30,7% del
producto interno bruto (PIB), respectivamente.
La situación del mercado laboral urbano se ha deteriorado
en forma rápida y grave. En septiembre de 1996 la tasa de
desempleo alcanzó 12,1%, cifra superior a las registradas
en los últimos 10 años. La situación era similar en casi
todas las principales ciudades colombianas: Pasto 15,5%,
Cali 15,1%, Medellín 13,6%, Manizales 13,1%, Barranquilla
12,2%, Bucaramanga 10,8% y Bogotá 10,4%. Según informe del
Departamento Administrativo Nacional de Estadística, en
1994 el empleo informal se mantenía en igual proporción que
en 1984, al representar 55% del empleo total.
Contrariamente a la mala situación en materia de empleo, el
nivel de los salarios promedio de los ocupados ha
experimentado un aumento en términos reales desde 1991, en
especial en el sector financiero, mientras que los salarios
de los sectores industrial y comercial se mantuvieron
dentro del promedio nacional. El Gobierno Nacional en los
últimos años ha aumentado el presupuesto del gasto público
social de 9,07 del PIB en 1990 a 15,14% en 1995
Mortalidad
La tasa cruda de mortalidad general en el período
19901995 fue de 6,57 defunciones por 1.000
habitantes. El subregistro de defunciones en las cabeceras
municipal se estimó en 15% y el de defunciones en el resto
de los municipios, en 65%. En general, se calcula un
subregistro de 34,0%, 46,6% para los menores de 1 año y
29,8% para el grupo de 70 y más años.
En 1994, la mayor proporción de las muertes (168.568) se
debieron a enfermedades del aparato circulatorio, seguidas
por causas externas, tumores, enfermedades transmisibles y
ciertas afecciones originadas en el período perinatal. El
79,5% de las defunciones por enfermedades del aparato
circulatorio ocurrieron en la población de 45 y más años,
mientras que 71% de las causas externas ocurrieron en el
grupo de 15 a 44 años y las enfermedades transmisibles se
presentaron fundamentalmente en el grupo de menores de 5
años. En las mujeres, 35,3% del total de defunciones se
debieron a enfermedades del aparato circulatorio y 17,7% a
tumores, mientras que en los varones, 36,8% del total de
defunciones fueron por causas externas.
PROBLEMAS ESPECÍFICOS DE SALUD
Análisis por grupos de población
Los principales problemas de salud en la niñez son las
enfermedades infecciosas. En el grupo de menores de 1 año
las afecciones originadas en el período perinatal
representaron 43,5% del total de las defunciones en 1994.
Un alto porcentaje del total de las muertes se atribuye a
las hipoxias. Estos datos indican que la principal causa de
muerte en este grupo de edad está relacionada con la
atención del parto. Las infecciones respiratorias agudas y
las enfermedades diarreicas agudas son las principales
causas de consulta en el grupo de menores de 5 años. En
1995, 37,4% y 14,0%, respectivamente, del total de
consultas, correspondieron a estas causas.
Además de los daños específicos, hay en Colombia problemas
tales como la orfandad a causa de los conflictos armados,
la participación de los niños en estos conflictos y el
trabajo infantil que afectan a la salud de los niños.
La actividad sexual comienza entre los 11 y los 18 años, y
el inicio temprano es más frecuente en la población de
estratos sociales bajos de las grandes ciudades. Estos
factores contribuyen a que más de 10% de las mujeres entre
15 y 19 años ya sean madres
En 1994, 19.250 jóvenes entre 12 y 17 años fueron juzgados
y recluidos institucionalmente. Estos jóvenes presentan un
índice de reincidencia cercano al 85%. El uso de sustancias
psicoactivas entre los menores de 18 años predomina en los
estratos altos y medios; 15,2% de los consumidores de
alcohol son menores de 18 años y 6,8% de los consumidores
de cigarrillos son jóvenes. El consumo de cocaína es de
3,8% respecto de la población general. El 15,2% de los
consumidores tienen entre 11 y 15 años de edad y 30,4
% tienen entre 16 y 18 años. Las causas externas, y en
particular los homicidios y los accidentes de tráfico,
constituyen la principal causa de muerte en la población
adolescente.
Los principales problemas de de los adultos jóvenes son el
desempleo y el subempleo, que condicionan y refuerzan
condiciones de vida precarias y, por ende, la exposición a
factores sociales y ambientales que deterioran la salud. La
pobreza rural, entre otros factores, ha favorecido el
desplazamiento de grandes grupos de población hacia zonas
marginales de las grandes ciudades.
La prevalencia de hipertensión arterial es de 12,6% en la
población mayor de 15 años; se estima que 7% de la
población mayor de 30 años padece de diabetes mellitus no
insulinodependiente y entre 30% y 40% desconoce estar
enfermo. Después del trauma, la principal causa de
morbimortalidad en la población adulta son las enfermedades
degenerativas crónicas, y en la mujer se destacan las
asociadas al período reproductivo.
En estudios realizados antes de 1993 se encontró que 87,5
% de los ancianos no eran beneficiarios de la seguridad
social, 42,0% no contaban con ingresos formales y
regulares, 41,93% estaban en situación de miseria en zonas
marginales, 11,0% vivían en tugurios, 32,5% eran
analfabetos, 8,7% eran pensionados, 30,85% tenían trabajos
remunerados y 39,05 realizaban diversos oficios para
subsistir. A esta población le corresponde cerca de 50% del
total de las defunciones del país. Las causas
cardiovasculares ocasionan la mitad de las muertes.
La cobertura de atención a las gestantes en 1995 en el
nivel institucional fue de 80%, con un promedio de cuatro
controles, 30% de los cuales se registraron en el primer
trimestre. En el mismo año, la atención institucional del
parto fue de 77%, lo que significa que una quinta parte de
las gestantes no recibieron ningún tipo de atención médica
en ese período. Esta situación se refleja en la cobertura
de los programas de atención a la mujer en edad fértil. Del
total de mujeres en edad fértil 55% vivían en unión
conyugal. Un 72% de las mujeres en unión estable utilizaban
métodos anticonceptivos; de estos, el sector público
suministraba 29,4%. Del total de gestaciones esperadas, 24
% terminaron en aborto y 26% en nacimientos no deseados. El
aborto es la segunda causa de muerte materna, con 15% del
total de las defunciones ocurridas por causa de la
maternidad, lo que coincide con la demanda insatisfecha de
métodos anticonceptivos en las poblaciones de riesgo (su
mayor incidencia se presenta en mujeres de 20 a 29 años).
Del total de embarazos que terminaron en aborto en 1995,
24% se debieron a fallas en los métodos anticonceptivos y
el resto a la inaccesibilidad de estos. El aborto es ilegal
en Colombia, por lo que muchas mujeres interrumpen los
embarazos no deseados con procedimientos realizados en
condiciones sépticas que ponen en alto riesgo su vida y su
estado de salud.
Análisis por tipo de enfermedad o daño
El principal problema de salud de la población colombiana
son las lesiones por causas externas, producto de la
violencia que afecta a la sociedad en su conjunto. En 1994,
el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses
creó el Centro de Referencia Nacional sobre Violencia. En
1995 se realizaron 213.341 reconocimientos por lesiones no
mortales y se practicaron 11.970 dictámenes por delitos
sexuales en todo el país. Esto equivale a un incremento de
15% en la tasa de lesiones no mortales (527 por 100.000
habitantes en 1994 y 608 en 1995) y un aumento de 7,6% en
la tasa de delitos sexuales (31,6 por 100.000 habitantes en
1994 y 34,0 en 1995). De las lesiones no mortales, 163.230
(76,5% del total) fueron lesiones personales
intencionalmente infligidas por otros, 65,8% de estas
corresponden a violencia común (riñas, atracos, ajuste de
cuentas, venganza, limpieza social, entre otros), 26,3% a
violencia familiar, 0,5% a orden público y 7,3% a delitos
sexuales. La mayoría de las lesiones fueron ocasionadas con
elementos contundentes (63,7%) seguidas de armas
cortopunzantes (18,5%).
En 1995, el Instituto realizó 42.963 dictámenes por
violencia familiar (maltrato al menor, violencia conyugal y
agresiones entre otros miembros de la familia), lo que
representa 20,1% del total de lesiones personales
evaluadas, equivalente a una tasa nacional de 122 por
100.000 habitantes. Las mujeres de 25 a 34 años y los
hombres de 5 a 14 años son los que presentan las tasas más
altas de violencia familiar. Los departamentos de Santa Fe
de Bogotá, San Andrés, Arauca, Meta, Risaralda, Quindío y
Tolima presentan las más altas tasas de todas las formas de
maltrato en el grupo familiar. En 1995 se realizaron 11.970
dictámenes sobre delitos sexuales, 87,8% de los cuales
correspondieron a mujeres. El 55,3% de las víctimas tenían
entre 5 y 14 años. En 77,4% de los casos el agresor era una
persona conocida de la víctima (9% de las veces el padre,
8,5% el padrastro, 11,3% otro familiar y 48,6% otra persona
conocida). En 35,5% de los menores de 14 años se hallaron
pruebas positivas en el examen físico.
Las lesiones mortales y no mortales por accidentes de
tráfico se han incrementado progresivamente en las grandes
ciudades. En 1995 se practicaron 7.874 necropsias por
accidente de tráfico, lo que corresponde a una tasa de 22
por 100.000 habitantes. Por cada defunción por accidente de
tráfico hubo siete lesionados no mortales por esta causa.
Se evaluaron 52.527 víctimas de lesiones no mortales en
accidentes de tráfico, lo que corresponde a una tasa de 150
por 100.000 habitantes. Las lesiones no mortales (en las
que el peatón suele ser la principal víctima) representan
mayor riesgo para los hombres, en particular para los del
grupo de 25 a 34 años de edad, mientras que las lesiones
mortales son más frecuentes en la población de 60 años y
más.
En 1995 se estimó un total de 1.450.845 años potenciales de
vida perdidos (APVP) por muertes violentas, de los cuales
67,4% (977.725) se debieron a homicidio, 18,5% (268.303) a
accidentes de tráfico, 10,1% (145.988) a otros accidentes y
4,1% (58.830) a suicidios. Del total de lesiones mortales
por causas externas, 65,7% correspondieron a homicidios,
seguidos por accidentes de tráfico, que representaron
20,5%. El análisis por edad y sexo muestra que murieron en
forma violenta 7,7 hombres por cada mujer: por homicidio,
14 hombres por cada mujer, por suicidio 3,3 y por cada uno
de los tipos de accidentes, 3,9. El 59,7% (22.977) de las
muertes violentas ocurrieron en jóvenes de 15 a 34 años. En
este grupo murieron por causa violenta 10 hombres por cada
mujer y en particular por homicidio 15,3 hombres por cada
mujer. Los homicidios constituyen la primera causa de
muerte entre los hombres jóvenes colombianos. En 1938 la
tasa de homicidios fue de 15 por cada 100.000 habitantes,
en la década del cincuenta, a pesar de la violencia que
caracterizó a esta época, no superó los 55 homicidios por
100.000 habitantes, en 1991 llegó a 88, en 1994 a 78 y en
1995 a 72 por 100.000 habitantes.
El análisis de los escenarios en los que ocurre y la forma
en que, a partir del decenio de 1970, se desencadena la
violencia, muestra un desorden social producto de acciones
premeditadas de venganza, ajustes de cuentas entre jefes
del narcotráfico o ejecución de planes terroristas. También
se identifican la delincuencia común, los enfrentamientos
por tenencia de la tierra, la explotación esmeraldífera y
otras alarmantes manifestaciones de violencia cotidiana.
En este contexto, gran cantidad de personas se han visto
obligadas a desplazarse desde sus lugares de origen para
conservar su vida. Este fenómeno determina que personas y
familias que no están directamente implicadas en la lucha,
sufran sus graves consecuencias y se vean obligadas a
movilizarse desde sus lugares de origen para proteger sus
vidas o su integridad física. Estos grupos se encuentran
diseminados por todo el país. Huyen los campesinos
desalojados de sus tierras y otros pobladores por la
situación de pobreza que se hace más difícil en las zonas
de violencia. Se estima que los porcentajes de actores
armados responsables del desplazamiento son la guerrilla
(26%), las fuerzas paramilitares (32%), las milicias
populares (16%), las fuerzas militares (16%) y otros (10%).
Los desplazamientos son provocados principalmente por
amenazas (49%), asesinatos (15%), atentados (8%) y otros
(28%).
Una investigación de la Conferencia Episcopal
correspondiente al período 19851994 reveló que uno de
cada 60 colombianos debieron migrar por razones de
violencia. Se encontró que 586.261 personas integraban
108.301 hogares en condición de desplazadas; de ellas, 6,7
% habían perdido a sus esposos o a uno de sus hijos en hechos
violentos antes de emigrar, y que 1.570 huérfanos o jóvenes
o niños abandonados se habían convertido en responsables
del núcleo familiar. De esta población, 52,4% habitaba en
inquilinatos y tugurios, es decir que estaban concentrados
en zonas urbanas marginales y sus condiciones de vida no
guardaban relación con las de sus lugares de origen. Si
antes de emigrar 69,3% vivían en casa propia, después del
desplazamiento este porcentaje había bajado a 28,7%. Antes,
40,7% eran asalariados o pequeños y medianos propietarios
vinculados a la producción agropecuaria y 10,0% eran
pequeños y medianos comerciantes, y después del
desplazamiento 22,5% se habían vuelto vendedores
ambulantes, 12,9% habían pasado a ser obreros y solo 10,7
% habían seguido desempeñando actividades agropecuarias.
Según informes de organizaciones humanitarias, 53% de la
población desplazada en el período 19951996 eran
mujeres y 54%, menores de 18 años. La mujer cabeza de
familia representa en este período 36% del total de la
población desplazada. El acceso a los servicios de salud es
otro de los graves problemas que desencadena la migración
forzada, ya que solo 22,1% de los hogares desplazados
recibe atención médica.
Desde 1990 se denunciaron alrededor de 180.000 casos
anuales de malaria, con tendencia ascendente, ubicados en
focos urbanos claramente establecidos en ciudades como
Buenaventura y Barranquilla. El 38% de los casos se
atribuyó a Plasmodium falciparum. A fines de 1996,
en el departamento de la Guajira, donde tradicionalmente
había predominado P. vivax, se detectó un incremento de
casos en hombres (20% eran indígenas wayuú) atribuibles en
80% a P. falciparum.
En 1994 se notificaron dos casos de fiebre amarilla
(departamentos Meta y Vichada), en 1995 tres casos
(departamentos Meta y Guaviare) y en 1996 ocho casos, todos
en hombres (departamentos Meta, Amazonia y Caquetá).
El dengue afecta a todos los grupos de edad y en especial
al de 15 a 44 años. Desde 1989 se han venido diagnosticando
fiebre hemorrágica del dengue y síndrome de choque del
dengue. La cantidad de casos se ha incrementado,
registrándose 302 en 1993, 508 en 1994, 1.028 en 1995,
1.757 en 1996 y 1.702 hasta la semana 25 de 1997. Hasta esa
fecha, no se ha aislado el serotipo D3. Los departamentos
más afectados han sido Santander, Tolima, Valle, Norte de
Santander, Meta y Huila.
En 1995 se registraron los niveles de lluvias más altos de
los últimos años en la costa del Atlántico, lo que se
asoció con un incremento de la población de mosquitos
Aedes taeniorhynchus y Psorophora confinnis, vectores
implicados en el brote de encefalitis equina venezolana que
afectó a alrededor de 75.000 habitantes de los municipios
de Riohacha, Maicao, Uribia y Manaure, del departamento de
la Guajira, con un alto porcentaje de población de la etnia
wayuú.
El aumento de estas enfermedades en los últimos años, si
bien en parte se explica por los cambios atmosféricos que
han favorecido la reproducción de vectores, también tiene
que ver con la descentralización y caída de los programas
verticales de control de vectores, en el marco de la
reforma del sector salud.
En el grupo de menores de 5 años las enfermedades
inmunoprevenibles disminuyeron en el período
19901994. No se han presentado casos de poliomielitis
desde 1991, la cobertura de vacunación para 1995 alcanzó
92%, y las unidades de notificación pasaron de 868 en 1993
a 1930 en 1996. En 1991 se reportaron 11.127 casos de
sarampión, y en 1994, 1.816, de los cuales solo 254 fueron
confirmados en el laboratorio, mientras que en 1996 se
notificaron 1.070, de los cuales sólo 4 fueron confirmados
en el laboratorio. En 1993 Colombia asumió el compromiso de
eliminar el sarampión y en 1995 introdujo el uso de la
vacuna trivalente viral. La cobertura, en todos estos años,
se ha mantenido por encima de 90%.
En 1989 se puso en marcha el Plan de Eliminación del
Tétanos Neonatal, que logró reducir los casos en 85% (de
171 casos en 1989 a 26 en 1996). En 1994 se inició la
estrategia de focalización y se identificaron 150
municipios como zona de riesgo o en fase de ataque. Estos
municipios eran por lo general rurales y de difícil acceso,
o localidades urbanas con gran cantidad de población
marginal. En ellos se alcanzaron entre 1993 y 1995
coberturas de 29% (en municipios pequeños con menos de
1.000 nacimientos al año) y de 75% (en ciudades con más de
3.000 nacimientos al año).
El cólera se ha presentado en forma de brotes o casos
aislados asociados a las precarias condiciones de vida de
la población que habita la zona costera del Atlántico y del
Pacífico y la región ribereña de los dos grandes ríos que
cruzan el país de sur a norte, el Magdalena y el Cauca. En
1995 se notificaron 1.989 casos y en 1996, 4.428. La
mayoría ocurrieron en la costa del Atlántico. La etnia
wayuú fue la más afectada (31% del total).
La tuberculosis, que presentaba una tendencia ascendente
desde 1993, llegó a tasas de 28 por 100.000 habitantes en
1995. Las formas extrapulmonares representaron 10,1% del
total, y los departamentos de más alto riesgo son la
Guajira, Atlántico, Quindío, Arauca, Vichada, Putumayo,
Amazonas, Vaupés y Guaviare, con tasas por encima de 50 por
1.000 habitantes. En la mayoría de estos departamentos vive
una alta proporción de población indígena.
La rabia humana presentó una tendencia descendente en el
período 19921994 (7, 5 y 3 casos en cada uno de estos
años). En 1995 se presentaron 8 casos; hasta este año los
casos habían sido transmitidos por perros. Los 3 casos
ocurridos en 1996 fueron transmitidos por quirópteros
hematófagos. Desde 1994, los casos se han presentado
exclusivamente en las zonas rurales del país.
Se han registrado 933 casos de sida en 1992 y 1.042 en
1996, con un total acumulado de 7.776 casos diagnosticados
y una mortalidad acumulada de 41,5% (3.226 casos). El 85
% del total de casos ha sido en hombres y 40,5% de estos
ocurrieron en el grupo de 25 a 34 años. El 2,1% de los
casos afectó a la población menor de 15 años. El 44,0% de
los casos de transmisión sexual se produjo en
heterosexuales y el 27,4% en homosexuales.
El diagnóstico de sífilis congénita aumentó de 322 casos en
1990 a 406 en 1995, gracias al Programa de Vigilancia y
Control de la Sífilis Congénita del Ministerio de Salud;
sin embargo, se suspendió la vigilancia de ETS en las
trabajadoras sexuales, lo que ha producido un descenso de
51,6% del diagnóstico de infección gonocócica, que pasó de
39.089 casos en 1990 a 18.915 en 1995. Los diagnósticos de
herpes genital aumentaron 99,3% en estos mismos años, al
pasar de 2.231 a 4.446 casos.
La prevalencia de HBsAg para hepatitis B en los bancos de
sangre presentó un comportamiento estable, con valores de
0,73% para 1992, 0,87% para 1993 y 0,87% para 1994.
Estudios realizados en la década pasada encontraron una
prevalencia global de portadores de HBsAg cercana a 5%, con
transmisión intradomiciliaria y predominio en la población
indígena. En 1993 se puso en marcha el plan de control de
la hepatitis B, con la vacunación a la población menor de 5
años en las zonas endémicas y a los trabajadores de salud.
A partir de 1994 la vacuna contra la hepatitis B se incluyó
en el esquema regular de vacunación, aplicándose a todos
los menores de 1 año en todo el país, con lo que la
cobertura en este grupo de edad pasó de 36% en 1994 a 73
% en 1995 y a 94% en 1996.
Las enfermedades cardiovasculares constituyen la primera
causa de muerte en mujeres y la segunda en hombres, y la
primera en el grupo de 45 a 64 años de edad. En 1994, 44
% del total de muertes atribuidas a ellas se debieron a
enfermedades isquémicas del corazón, 93% de estas
ocurrieron en personas de 45 años y más, y 56% en hombres.
Las enfermedades cerebrovasculares representaron 28% del
total de muertes por afecciones cardiovasculares, 91
% ocurrieron en el grupo de 45 y más años y 54% en mujeres.
La hipertensión arterial constituye el factor de riesgo más
importante en relación con las enfermedades
cardiovasculares. Según el estudio nacional de salud de
1987, la prevalencia nacional de hipertensión arterial fue
de 11,6% para la población mayor de 15 años. Sin embargo,
el estudio realizado en la población de Quibdó en 1995
mostró una prevalencia total de 35% en las personas mayores
de 18 años y de 39% en la población colombiana de origen
africano, porcentajes significativamente mayores que los
observados en el resto de la población (21%). La
prevalencia presentó variaciones con la edad, al pasar de
10% en los jóvenes a 50% en las personas de 49 años y más.
No se observaron diferencias según el sexo.
Los tumores malignos constituyen la segunda causa de muerte
en el grupo de 45 y más años y en las mujeres. En 1994, el
cáncer de estómago fue el más frecuente tanto en hombres
(20,5% del total) como en mujeres (14,0% del total). El
segundo lugar para los varones lo ocupa el cáncer de pulmón
(13,4%), seguido por el de próstata (12,1%) y del sistema
linfático y hemático (10,3% del total) y para las mujeres,
el cáncer de cuello del útero (11,1%) seguido por el de
mama (9,9%) y pulmón (7,0%).
Según los registros correspondientes a los años
19891993 del Instituto Nacional de Cancerología,
alrededor de 70% de los diagnósticos se efectuaban en
estados avanzados III y IV. En el caso del cáncer de cuello
del útero, los estadios superiores a II representaron 80,9
% de los casos y en el del cáncer de mama los estadios III y
IV representaron 80,6% de los casos.
Una Encuesta realizada en 1994 mostró que 33% de la
población adulta había fumado alguna vez y 21,4% eran
fumadores actuales (29% en el caso de los varones y 14% en
el de las mujeres). De los fumadores actuales, 84% eran
consumidores diarios, con un promedio de 8,5 cigarrillos
por día. El tabaquismo aumenta con la edad hasta los 40
años, cuando comienza a disminuir. Los varones comienzan a
fumar a los 17,3 años y las mujeres a los 18,2 años. De los
adolescentes encuestados (1217 años), 19% había
fumado alguna vez, 13% eran fumadores actuales con un
promedio de 3,1 cigarrillos por día y la edad de inicio
había sido de 15,1 años para los varones y de 13,8 para las
mujeres.
La desnutrición global en los menores de 5 años pasó de
10,1% en 1986 a 8,4% en 1995. La región de la costa del
Pacífico es la más afectada, con 17% de desnutrición
global. La desnutrición crónica disminuyó de 16,6% a 15,0
% en el mismo período (19% en la zona rural y 13% en la
urbana). La disminución puede deberse, entre otros
factores, al fomento de la práctica de la lactancia
materna. La Encuesta Nacional de Demografía y Salud
encontró que 95% de los menores de 5 años habían recibido
en promedio lactancia materna durante 14 meses. A pesar de
que existe buena cobertura de la práctica de la lactancia
materna, la lactancia exclusiva al cuarto mes de vida es
menor que 10%.
LA RESPUESTA DEL SISTEMA DE SALUD
Políticas y planes nacionales de salud
En el decenio de 1980 se puso en marcha un activo proceso
de transformación institucional. La Ley 10 de
Municipalización de la Salud, elaborada por el sector
salud, impulsó una serie de cambios tendientes a fortalecer
los entes territoriales del sector. La nueva Carta Magna de
1991 incluye los ejes fundamentales que originaron la
reforma del sistema de seguridad social. Este mandato se
concretó en forma paulatina por medio de la Ley 60, que
rige lo relativo a las competencias y recursos de los
diferentes entes territoriales, y culminó con la sanción de
la Ley 100 de 1993, que creó el sistema general de
seguridad social. En él se incluyen normas sobre el sistema
general de pensiones, los riesgos profesionales, los
servicios sociales complementarios y el sistema de
seguridad social en salud.
La esencia de la reforma del sistema es la ampliación de la
cobertura para las personas cubiertas por los regímenes
contributivo y subsidiado, sobre la base de un esquema
solidario de redistribución del ingreso que permita la
universalización de los beneficios mediante la protección
al asegurado, el cónyuge y los hijos menores, incluidos los
padres y parientes hasta el tercer grado.
En el nuevo sistema ha sido asignado un papel importante a
la promoción y la prevención, se contempla un significativo
incremento de los aportes financieros del Estado a la
salud, y deberá existir mayor eficiencia en el gasto
derivada de los esquemas de competencia con una fuerte
contribución de los grupos de mayores ingresos garantizando
la solidaridad del sistema
Los servicios de salud están descentralizados en 17
departamentos y 4 distritos que manejan directamente el 70
% del situado fiscal nacional, y hay 104 municipios
certificados para el manejo autónomo del situado fiscal. Se
han destinado $2.567 millones a 26 hospitales, centros y
puestos de salud, para fortalecer la atención a la
población rural.
La reforma del sector enfrenta un importante problema
referido a la accesibilidad de la población, especialmente
de los más pobres y de los desempleados, a los recursos
para la recuperación de su salud. Uno de los planes de
beneficios que plantea la reforma es el POS-S, diseñado
fundamentalmente para responder a las necesidades de la
población más pobre y vulnerable. El POS-S contiene
acciones individuales, familiares y colectivas, de las
cuales seis corresponden al plan básico y una a las
enfermedades de alto costo, objeto de reaseguramiento.
Organización del sector salud
El nuevo sistema general de seguridad social establece
cuatro pilares fundamentales:
El Consejo Nacional de Seguridad Social en Salud, en
la órbita del Ministerio de Salud, cuya responsabilidad es
normar, regular, controlar y dirigir el sistema. Para
cumplir con sus funciones, el Ministerio de Salud cuenta
con los Servicios Seccionales de Salud, uno por
departamento.
El Fondo de Solidaridad y Garantía, encargado del
financiamiento del sistema. Las personas con ingresos
superiores a dos salarios mínimos deben aportar al régimen
contributivo, mientras que los pobres, desempleados o
campesinos se encuentran enmarcados en el régimen
subsidiado.
Las empresas promotoras de salud, que constituyen
los núcleos organizativos fundamentales del sistema. Ellas
realizan la movilización básica de los recursos
financieros, la promoción de la salud y la organización de
la prestación de los servicios médicos. Estas entidades
tienen como función conexa la administración de las
incapacidades y de los servicios de salud por accidentes de
trabajo y enfermedades profesionales y la organización de
planes complementarios de salud. Pueden ser públicas,
privadas, solidarias o mixtas y compiten por la afiliación
de la población.
Las instituciones prestadoras de servicios de salud,
es decir, los hospitales, consultorios, laboratorios,
centros de atención básica y demás centros de servicios de
salud, y todos los profesionales que, agrupados o
individualmente, ofrezcan sus servicios a través de las
empresas promotoras de salud.
La Ley 100 reafirma la autonomía administrativa, técnica y
financiera de los hospitales públicos sancionada en las
leyes 10 de 1990 y 60 de 1993; para ello, establece la
conversión de los hospitales públicos en empresas sociales
del Estado, como categoría especial de entidad pública
descentralizada, con el régimen de personal previsto en la
Ley 10 y regida por el derecho privado en materia
contractual. Hasta junio de 1997, 104 de los 142 hospitales
de segundo y tercer nivel habían sido transformados en
empresas sociales del Estado, existían 165 empresas
solidarias de salud, 67 cajas de compensación familiar, y
30 empresas promotoras de salud.
La Ley incluye dentro del Plan Obligatorio de Salud (POS)
acciones de promoción de la salud y prevención de la
enfermedad que, ejecutadas por el Gobierno local, deberán
llegar en forma gratuita al conjunto de la comunidad y
responder a las necesidades expresadas por ella. Todos los
inscritos en el sistema tienen derecho a recibir un Plan de
Atención Básica (PAB) que incluye servicios de urgencias,
hospitalización, consultas y medicamentos.
Servicios
de salud y recursos
La red de servicios del sector público está constituida por
3.340 puestos sanitarios, 904 centros de salud, 128 centros
de salud con camas y 555 hospitales. Del total de
hospitales, 397 son del primer nivel, 126 del segundo nivel
y 32 del tercer nivel. El sector privado posee 340
clínicas.
En el régimen contributivo, las 10 empresas promotoras de
salud públicas, las 20 privadas y las mixtas autorizadas
poseen una capacidad total de aseguramiento de 21,6
millones de personas. La cobertura lograda hasta diciembre
de 1996 era de 13,9 millones de colombianos, de los cuales,
en junio de 1996, 66,9% pertenecían al Instituto de Seguros
Sociales y 33,1% a las restantes empresas promotoras de
salud. En la administración del régimen subsidiado existen
actualmente 236 administradoras: 18 empresas promotoras de
salud, 49 cajas de compensación familiar y 169 empresas
solidarias de salud, que hasta diciembre de 1996 habían
afiliado a 5,9 millones de personas, de las cuales 33,1
% pertenecían a las empresas solidarias de salud, 53,2% a las
empresas promotoras de salud y 13,7% a las cajas de
compensación familiar.
Las acciones de promoción de la salud se enmarcan en el
Plan de Atención Básica y son de competencia
fundamentalmente del nivel municipal. En este marco, el
Plan de Ambiente y Saneamiento busca alcanzar para 1998 una
cobertura de 90% en acueductos y 77% en alcantarillado,
beneficiando adicionalmente a 6,1 millones de habitantes
con agua potable y a 6,2 millones con cisternas de
disposición de agua residual.
El Decreto 677 de 1995 establece el marco de referencia
para el uso y garantía de calidad de los productos
farmacéuticos. En el mismo año se fundó el Instituto
Nacional para la Vigilancia de Medicamentos y Alimentos
(INVIMA). En el Ministerio de Salud se creó la subdirección
de Servicios Farmacéuticos y Laboratorios encargada de
fijar las políticas del sector y promover el desarrollo de
los servicios de atención farmacéutica y uso racional de
medicamentos.
El Listado de Medicamentos Esenciales del Plan de Salud
Obligatorio (con cerca de 300 principios y 435
presentaciones) se convirtió en un importante elemento de
racionalización del sistema, tanto desde el punto de vista
terapéutico, al garantizar el uso del mejor medicamento
para cada enfermedad, como administrativo, al manejar una
cantidad razonable de temas a lo largo de toda la cadena de
la atención farmacéutica. Este listado cambió sensiblemente
la composición de la canasta farmacéutica del país,
consolidando la producción, venta y prescripción de
medicamentos esenciales y debilitando la participación de
otros productos (sobre todo "novedosos"), de
eficacia, seguridad y costos menos favorables. En noviembre
de 1995, dos años después de iniciada la reforma, en los
hospitales públicos la prescripción de medicamentos
esenciales llegaba a 70% de los medicamentos indicados y
más de 60% de las prescripciones se realizaba por nombre
genérico. En ese mismo año, Colombia adoptó las normas de
Buenas Prácticas de Manufactura (BPM) de la Organización
Mundial de la Salud. En su momento, los laboratorios
farmacéuticos debieron presentar al INVIMA un programa de
reconversión tecnológica que garantizaba, en un plazo no
mayor de cuatro años, el ajuste de sus procesos productivos
a las BPM. Los diferentes programas de control de calidad
de los productos del mercado arrojan todavía niveles de
rechazo cercanos a 4%.
En el campo de los alimentos, se elaboró el Plan de
Alimentación y Nutrición, que contempla acciones de
regulación sanitaria. Entre ellas se cuentan el Proyecto de
Modernización de la Legislación Sanitaria, el Programa de
Vigilancia Epidemiológica de Enfermedades Transmisibles por
los Alimentos, el fortalecimiento de la red de
laboratorios, la actualización de la tabla de composición
de los alimentos, la inocuidad alimentaria y los programas
de prevención y control de las deficiencias de
micronutrientes, especialmente vitamina A, hierro y yodo.
El Consejo Nacional para el Desarrollo de Recursos Humanos
en Salud, creado en 1977, está formado por representantes
de los Ministerios de Educación, Salud y Trabajo, y cuenta
con dos instancias operativas, el Comité Ejecutivo Nacional
y los Comités Departamentales, encargados de proponer
políticas sobre la formación, educación continua y dinámica
de los círculos del recurso humano en salud, así como de su
distribución. Se ha elaborado un Plan Nacional de
Desarrollo de los Recursos Humanos en el sector. Sin
embargo, a partir de la sanción de las leyes 30 y 115 de
1994 que autorizaron a las instituciones educativas a crear
programas, hay una desordenada proliferación de
establecimientos privados y de programas educativos del
nivel técnico y auxiliar, con los que se pretende dar
respuestas a las necesidades del sector. Algunos de los
programas nuevos, en especial los de carácter tecnológico y
no formal, tienen un diseño curricular poco claro y se han
creado sin que concomitantemente haya habido una
reglamentación del ejercicio de esos nuevos trabajadores.
En 1994 la distribución de los recursos humanos era la
siguiente: 35.640 médicos (9,4 por 10.000 habitantes),
enfermeros 16.560 (4,4), auxiliares de enfermería 41.760
(11,0), dentistas 21.240 (5,6), bacteriólogos 10.800 (2,9),
promotores de salud 8.699 (2,3), además de otras
categorías.
De acuerdo con la Ley 60 sancionada en 1993, las fuentes de
financiación del régimen subsidiado son: 15% de la
participación de los municipios en los ingresos corrientes
de la Nación, situado fiscal (remesas) a los departamentos,
rentas de la Nación cedidas a los departamentos, recursos
de ECOSALUD (impuesto a los juegos), aportes voluntarios de
municipios y departamentos, participación en las regalías
de los nuevos pozos petroleros, aportes de las cajas de
compensación, IVA social, impuesto a las armas y
municiones, y copagos y cuotas moderadoras de los afiliados
y sus familiares. Si se agregan los aportes del sector
privado al régimen contributivo de aseguramiento, la
participación de la salud en el producto interno bruto
(PIB), sin contar el gasto privado de los hogares, pasó de
2,07% en 1990 a 3,18% en 1994 y a 4,71% en 1996. El
conjunto del gasto social del Estado como porcentaje del
PIB aumentó de 8,59% en 1990, a 10,65% en 1992 y a 15,67
% en 1996.
Dos subcuentas más se han incorporado al sistema de
seguridad social, la del Seguro Obligatorio de Accidentes
de Tránsito, que recibe los aportes de todos los dueños de
automotores del país y cuyos recursos se destinan a la red
de urgencias y a la atención de víctimas de accidentes
provocados por vehículos desconocidos, y la de Accidentes
de Trabajo y Enfermedad Profesional, que se nutre de los
aportes patronales derivados del nivel de riesgo de la
actividad de sus trabajadores.
El gasto privado de los hogares en salud se calculó en 1993
en 3% del PIB, con lo cual para ese año se destinaba a la
salud algo más de 6% del PIB. Del gasto privado de los
hogares aproximadamente 40% corresponde a medicamentos, 14
% a consultas externas, 20% a hospitalización, 5% a exámenes
de diagnóstico y 20% a otros conceptos. Puesto que los
medicamentos esenciales están incluidos en el Plan
Obligatorio de Salud y deben ser manejados por su nombre
genérico, el mercado particular ha cedido importancia al
mercado institucional de las Empresas Promotoras de Salud y
de las instituciones prestadoras de servicios de salud, con
lo que los precios unitarios negociados han descendido en
forma significativa. Las cooperativas de hospitales, que
agrupan a alrededor de 80% de los hospitales públicos, han
mostrado gran eficacia y eficiencia en el montaje del
sistema de suministros esenciales para el sistema público
hospitalario, con niveles promedios de descuentos de 79% en
medicamentos y un control estricto de la calidad de los
productos.
La cooperación técnica y financiera externa no reembolsable
que recibió Colombia en el período 19901995 de
fuentes multilaterales y bilaterales para todos los
sectores fue relativamente inestable, ya que creció de US$
88 millones en 1990 a $180 millones en 1993 y retomó un
curso más moderado entre 1994 y 1995, con cifras de $70
millones y $81 millones, respectivamente. En este período,
la mayor proporción de recursos la recibió el sector
agropecuario (27%) para proyectos de cooperación para
erradicación de cultivos ilícitos; le siguieron en
importancia el sector de protección al medio ambiente
(18%), los sectores salud y saneamiento básico, educación,
cultura y deportes (12%), ciencia y tecnología (11%),
industria (9%), justicia (6%) y modernización del Estado
(5%). Del total de la cooperación técnica y financiera no
reembolsable que recibió el país en 1995, 56,6% provino de
fuentes multilaterales y el 43% restante de la cooperación
bilateral. A partir de 1995, las áreas correspondientes a
los programas sociales recibieron 47% del total de la
cooperación que ingresó al país en ese año. En cuanto a los
programas zonales, los aportes de cooperación se destinaron
en orden de importancia al sector educación (24,3%), las
etnias (24,2%), los programas y proyectos del Plan de
Desarrollo Alternativo (15,9%) y la atención de la niñez
(11,90%).
Para ver el capítulo completo de Salud en
las Américas 1998 para este país en formato PDF,
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