Perfil de Salud de País.
Resúmen del cápitulo de país de Salud en las Américas, 1998.
PERÚ
SITUACIÓN GENERAL Y TENDENCIAS
Contexto socioeconómico, político y
demográfico
El Perú se ubica en la parte central y occidental de
América del Sur y tiene una extensión territorial de
1.285.216 km2 divididos en tres grandes regiones
naturales: la costa, la sierra y la selva. La Constitución
de 1993 determinó la división de tipo departamental (24
departamentos subdivididos en 192 provincias y estas en
1.812 distritos, más una provincia constitucional).
La política del Estado está influenciada por dos elementos:
la liberalización de la economía y la presencia de demandas
sociales básicas, muchas de ellas insatisfechas. El
Gobierno ha decidido reformar las funciones del Estado y
reorientar el gasto público para lograr una mayor
eficiencia. Esto implica centrar las funciones públicas en
aquellas que no pueden ser asumidas por entidades privadas
por razones de seguridad, equidad social y regulación del
mercado. Los objetivos de la reforma del Estado son dos:
liberar recursos financieros desregulando el mercado,
privatizando empresas estatales y generando un marco
institucional favorable a la libre empresa, y reestructurar
las funciones del Estado. El contexto de la reforma es la
plena austeridad fiscal y monetaria, y el cumplimiento de
las obligaciones financieras externas. El alivio a la
pobreza extrema es una meta de mediano plazo, base de la
política social y dentro de la cual el sector salud define
su población objetivo mediante estrategias
descentralizadas.
A mediados de la
década del setenta se inició una prolongada crisis
económica que tuvo su pico en los años 1983 y 1989, con
disminuciones del producto interno bruto (PIB) del orden de
12,6% y 11,7%, respectivamente. A partir de 1988 se generó
un severo proceso recesivo acompañado de hiperinflación,
desorden social y violencia. La hiperinflación solo pudo
ser controlada a partir de agosto de 1990, en que el nuevo
gobierno tomó medidas estabilizadoras. A partir del cuarto
trimestre de dicho año la inflación ha mantenido una
tendencia decreciente, hasta 12,5% en 1994 y 10,4% en 1996.
Desde 1987 hasta 1992 la producción nacional disminuyó
23,5% y la producción per cápita, 28,9%, agudizando los
niveles de pobreza. Desde 1993 hasta 1995, el producto
nacional bruto (PNB) mostró una tendencia creciente que en
1995 permitió recuperar los niveles reales de producción
con que contaba el país en 1987. Esto se enmarcó en la
estabilización y reestructuración de la economía, y
acciones de pacificación y de reinserción en la comunidad
económica internacional.
De acuerdo con dos métodos de medición de la pobreza
línea de pobreza y necesidades básicas
insatisfechas alrededor de la mitad de las familias
del Perú se encontraban en situación de pobreza. Según las
Encuestas Nacionales de Niveles de Vida (ENNIV) de 1985,
1991, 1994 y 1996, la condición de pobreza disminuyó entre
los años 1991 y 1994 de 53,6% a 49,6%, y este último valor
(49%) se mantuvo en 1996. Se define como pobres a aquellos
hogares cuyo gasto total no alcanza a cubrir el costo de
una canasta mínima de consumo conformada por alimentos y
otros bienes y servicios, definición que ha sido aplicada
de manera consistente por las encuestas ENNIV desde 1985.
En 1994, 20% de la población nacional se encontraba en
pobreza extrema, y esta proporción era mayor en las zonas
rurales de la costa, la sierra o la selva (66%, 68% y 70%,
respectivamente). Son pobres extremos aquellas personas
cuyo gasto total no alcanza a cubrir el costo de una
canasta básica conformada solo por alimentos, la cual
satisface los requerimientos nutricionales mínimos. El área
metropolitana de Lima tiene los menores porcentajes de
población pobre y en pobreza extrema: 38% y 5%,
respectivamente. Según el censo de 1993, 53,9% de los
hogares peruanos tenían al menos una necesidad básica
insatisfecha. En las zonas rurales ello ocurría en 88,2% de
los hogares y en las zonas urbanas, en 39,2%. En 16 de los
25 departamentos, más de 60% de los hogares tenían al menos
una necesidad básica insatisfecha.
En 1995 el Ministerio de Trabajo y Promoción Social
redefinió la noción de subempleo, lo cual ha modificado su
serie histórica. Son subempleados visibles aquellos cuya
jornada semanal es inferior a 35 horas, desean trabajar más
y están en disposición de hacerlo. Son subempleados
invisibles aquellos cuya jornada es superior a las 35 horas
semanales pero sus ingresos son inferiores al ingreso
mínimo. Este ingreso se basa en una canasta mínima de
consumo de una familia de cinco miembros, donde dos son
perceptores de ingreso. Con datos referidos a fines de
1996, 7,1% de la población económicamente activa (personas
mayores de 15 años que están trabajando o buscan
activamente empleo) se encontraba desempleada, 42,4
% subempleada y solo 49,0% con empleo adecuado. El subempleo
por ingreso (subempleo invisible, 27%) era mayor que el
subempleo por horas (subempleo visible, 16%), debido a una
menor jornada laboral. El subempleo era más alto en el sexo
femenino (51%) que en el masculino (37%), y predominaba
entre quienes tenían solo educación primaria (50%), en
relación con la superior universitaria (29%).
Las tasas de analfabetismo disminuyeron de 18,1% a 12,8% en
el período intercensal 19811993, aunque subsisten
amplias diferencias entre hombres y mujeres. En 1993, el
analfabetismo fue de 7,1% entre los hombres y 18,3% entre
las mujeres; y en las zonas rurales fue 17,0% y 42,9%,
respectivamente.
Según el IX Censo
de Población y IV de Vivienda de 1993, la población total
del Perú ascendía a 22.639.443 habitantes. La tasa de
crecimiento anual promedio de la población entre 1981 y
1993 fue de 2,0%, manteniéndose la tendencia decreciente
observada en los últimos 30 años. Con base en esta tasa
intercensal, se estima que la población total del Perú al
30 de junio de 1996 era de 23.946.800 habitantes. La
población urbana en 1993 representó 70,1% de la población
nacional (15.870.250 habitantes). En ese mismo año, la
población femenina ascendió a 50,3% de la población total;
37,0% de la población era menor de 15 años y 4,6% era de 65
años y más.
La tasa bruta de natalidad descendió de 35 nacimientos por
1.000 habitantes en 1980 a 26 en 1996. La tasa global de
fecundidad (TGF), que hasta la década de los sesenta fue
superior a 6,5 hijos por mujer, disminuyó a 4,0 en 1991.
Según la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES)
de 1996 la TGF era de 3,5 hijos por mujer (2,8 en el área
urbana, 5,6 en la rural y 2,5 en el área metropolitana de
Lima).
La esperanza de vida aumentó de 53,6 a 66,3 años entre 1970
y 1993. En el censo de 1993, 22,3% de la población
(4.921.020 habitantes) declaró haber nacido en un lugar
diferente del de empadronamiento. Esta migración interna
fue captada principalmente por Lima (48,1%) y Callao
(7,8%). Los principales departamentos expulsores fueron
Cajamarca (9,9%) y Ancash (7,5%). Aunque no ha sido
evaluado cuantitativamente, una parte importante de la
migración interna se debió a los problemas derivados de la
violencia. En los últimos tres años se han intensificado
los movimientos migratorios internos por el retorno de las
poblaciones anteriormente desplazadas a sus lugares de
origen, como producto de la pacificación y la apertura de
nuevas áreas agrícolas y mineras. La emigración
internacional ha aumentado en las últimas décadas,
registrándose una pérdida de población de 36.000 personas
en el período 19751980 y de 370.000 en el período
19901995.
Mortalidad
En 1992 el subregistro a nivel nacional fue de 50,8%. Los
departamentos con niveles más altos de subregistro fueron
Ayacucho (99,4%), Amazonas (80,5%) y Loreto (79,7%); los
departamentos con menor subregistro fueron Ica (14,3%),
Tacna (19,6%) y Lima (22,6%). Asimismo, el subregistro es
de 27,1%, 36,0%, 53,0%, 74,9% y 75,1% para los estratos de
pobreza I al V, respectivamente. Del total de muertes
registradas, la proporción con certificación médica fue de
70,6%, con un rango según departamento desde 97,9% en el
Callao a 24,4% en Apurímac, y según estrato de pobreza
desde 90,6% en el estrato I a 33,0% en el V. La proporción
de muertes por causas mal definidas fue de 30,6%; en el
estrato I esta proporción fue de 9,9% y en el V alcanzó
69,8%.
El análisis de la mortalidad proporcional por los seis
grandes grupos de causas mostró que a nivel nacional las
enfermedades transmisibles fueron la primera causa de
muerte, seguidas por las enfermedades del aparato
circulatorio y los tumores, correspondiéndoles 27,5%, 19,4
% y 15,2% de todas las muertes, respectivamente.
En relación con la estructura de la mortalidad según grupos
de edad, del total de muertes del estrato I, 13,1% y 2,9
% correspondieron a niños menores de 1 año y de 1 a 4 años,
mientras que en el estrato V estos porcentajes fueron de
29,3% y 11,1%, respectivamente. El riesgo de morir fue
cinco veces más alto para los niños menores de 1 año en el
estrato V que en el estrato I (151,1 y 31,0 por 1.000 niños
menores de 1 año) y siete veces más alto para los niños de
1 a 4 años (13,9 en el estrato V y 1,8 en el I, por 1.000
niños de 1 a 4 años).
Las 10 principales causas de muerte fueron las infecciones
respiratorias agudas (16,3%), las enfermedades infecciosas
intestinales (7,7%), las enfermedades de la circulación
pulmonar y otras formas de enfermedades del corazón (5,4%),
la tuberculosis (5,0%), las enfermedades cerebrovasculares
(4,0%), las enfermedades del aparato urinario (3,5%), otras
enfermedades del aparato digestivo (3,2%), las deficiencias
de la nutrición y anemias (3,2%), la enfermedad isquémica
del corazón (3,2%) y la hipoxia, asfixia y otras afecciones
respiratorias del feto o el recién nacido (3,1%).
PROBLEMAS ESPECÍFICOS DE SALUD
Análisis por grupos de población
Según el censo de 1993, la mortalidad infantil fue de 59,0
por 1.000 nacidos vivos, y varió desde 22,9 por 1.000 en el
Callao hasta 113,9 por 1.000 en Huancavelica. Para el
período 19952000, este indicador se estimó en 45,0 y
la ENDES 1996 reveló una tasa de 42,8. En 1992 la principal
causa de mortalidad en los menores de 1 año fueron las
enfermedades transmisibles (39,8%), seguidas por las
afecciones originadas en el período perinatal (33,9%).
Dentro de las enfermedades transmisibles, las infecciones
respiratorias agudas (26,6%) y las enfermedades infecciosas
intestinales (11,1%) ocuparon los primeros lugares. En
niños de 1 a 4 años, las enfermedades transmisibles fueron
las principales causas de muerte (66,7%), seguidas de las
causas externas (7,3%). Entre las enfermedades
transmisibles, las infecciones respiratorias causaron 28,5
% del total de muertes y las infecciosas intestinales, 25,1%.
Según el primer censo nacional de talla en escolares del
primer grado de primaria (1993) 48,0% de los niños de 6 a 9
años sufría de desnutrición crónica, y esta situación era
más crítica en los varones (54%) y en el área rural (67%).
Según los datos de mortalidad de 1992, las principales
causas de muerte en este grupo de edad fueron las
enfermedades transmisibles (46,8%) y las causas externas
(20,2%).
Según el censo de 1993, los adolescentes representaban
23,0% de la población total. Las principales causas de
muerte en el grupo de 10 a 14 años fueron las enfermedades
transmisibles (40,2%) y las causas externas (21,7%); estas
proporciones se invierten en el grupo de 15 a 19 años,
donde fueron 25% y 39,0%, respectivamente. El 13,6% de los
niños de 10 a 14 años de edad y 26,7% del grupo de 15 a 17
años no asistían a la escuela. En el grupo de 10 a 14 años
de edad, 5,1% trabajaba, así como 17,9% en el grupo de 15 a
17 años. En las zonas urbanas, 69,0% de los adolescentes de
12 a 14 años ya había probado en alguna ocasión alcohol y
17,0% tabaco.
En 1993, 1,2% de las mujeres de 12 a 14 años y 6,0% de las
de 15 a 17 años ya eran madres o estaban embarazadas por
primera vez. Aunque 29,0% de las adolescentes con pareja
entre 15 y 19 años declaraban emplear algún método
anticonceptivo, solo 11,0% usaban métodos modernos. En
1993, el 15,0% de las muertes maternas corresponden a
adolescentes, y se estima que 20,0% de las muertes maternas
por aborto ocurrían en este grupo.
En 1996 usaron algún método anticonceptivo 64,0% de las
mujeres en unión. Los métodos más usados son el del ritmo
(18%), el dispositivo intrauterino (12,0%) y la
esterilización femenina (10,0%). El 66,2% de las
embarazadas recibieron atención prenatal por un profesional
en 1996 (44,5% de las del área rural y 87,4% en el área
metropolitana de Lima). Ese año, 55,1% de las embarazadas
recibieron atención profesional del parto. En áreas rurales
este porcentaje fue de 19,0%.
La tasa de mortalidad materna es de 265,0 por 100.000
nacidos vivos. Se estima que anualmente mueren alrededor de
1.670 mujeres como consecuencia de las complicaciones del
embarazo, parto y puerperio. En el área urbana la tasa es
de 200,0 por 100.000 nacidos vivos, y en el área rural de
448,0. Las principales causas obstétricas directas de
mortalidad materna son hemorragia (23,0%), aborto (22,0%),
infección (18,0%) y toxemia (17,0%); la principal causa
indirecta es la tuberculosis pulmonar.
En 1992 las principales causas de muerte en la población de
15 a 59 años de edad fueron las enfermedades infecciosas
(21,9%), las causas externas (20,8%) y los tumores (17,6%).
Entre los hombres las causas de muerte fueron tuberculosis
(10,0%), homicidios, lesiones por intervención legal y
resultantes de operaciones de guerra (8,4%), otros
accidentes, incluso los efectos tardíos (6,6%), infecciones
respiratorias agudas (6,4%) y accidentes de tráfico de
vehículos de motor (5,4%); entre las mujeres, tuberculosis
(9,6%), tumor maligno del cuello del útero (7,0%),
infecciones respiratorias agudas (6,1%), enfermedad
cerebrovascular (4,5%) y tumor maligno de mama (4,0%).
En la población de 60 años y más, las enfermedades del
aparato circulatorio ocuparon el primer lugar como causa de
muerte (30,2%), seguidas por las enfermedades infecciosas
(20,9%) y los tumores (19,1%).
El Instituto Peruano de Seguridad Social (IPSS) cuenta con
un Programa de Salud Ocupacional que cubre solo a 28,0% de
la población económicamente activa del país (7.814.809
personas). Desde 1997 el Ministerio de Salud cuenta también
con un Programa de Salud Ocupacional. Según el IPSS, de
1995 a 1996 la tasa de accidentes de trabajo aumentó de
12,0 a 20,0 por 1.000 trabajadores y la tasa de accidentes
mortales, de 0,7 a 1,9 por 10.000 trabajadores. El
incremento en los accidentes mortales se ha comprobado a
partir de información proporcionada por sindicatos y otros
ministerios. En el sector minero, en 1995 se registraron
102 accidentes mortales (68 en 1992). Los datos sobre
enfermedades ocupacionales son escasos. Existe falta de
acceso del sector informal (53,9%) a los servicios de salud
ocupacional. Con base en el censo nacional de 1991, el INEI
estimó en 175.022 el total de niños trabajadores de 6 a 14
años en 1993; la estimación del Ministerio de la
Presidencia para 1995 fue de 1.100.000 niños trabajadores
menores de 18 años. Trabajan principalmente en la minería,
la agricultura y los lavaderos de oro.
La población indígena del Perú puede considerarse según el
criterio lingüístico o el criterio de comunidades indígenas
nativas de la selva y ceja de selva. Según la lengua
materna (quechua, aymará u otro idioma nativo), en 1993
fueron censadas 4.035.300 personas, 52% mujeres y 48
% hombres, de las cuales 75,0% residía en la sierra, 9,0% en
la selva y 17% en la costa, incluida el área metropolitana
de Lima. De la población mayor de 6 años, 22,0% no tenía
ningún nivel de instrucción. De este grupo poblacional,
42,0% vivía en condiciones de pobreza extrema, cifra que
duplica el valor nacional. En una gran proporción eran
campesinos o trabajadores no calificados. Los residentes en
la sierra rural y en la selva tenían acceso limitado a los
servicios de educación y de salud, situación atribuible en
parte a las características del área geográfica donde viven
y a las barreras que les imponen los aspectos lingüístico y
cultural. El 54% de los quechuahablantes y 70% de los
hispanohablantes disponían de servicios de agua dentro de
los hogares; la cobertura de desagüe fue de 15% y 40%,
respectivamente. Entre los quechuahablantes, solo 32% de
los que informaron haber estado enfermos o accidentados en
las cuatro semanas previas a la entrevista realizaron
consulta médica, contra 46% de los hispanohablantes.
Según el criterio de comunidades indígenas nativas de la
selva, en 1993 existían en el Perú 13 familias lingüísticas
con 65 grupos étnicos. La población total era de 299.218
habitantes (48% femenina y 52% masculina) y los
departamentos más poblados eran Loreto, Junín, Amazonas y
Ucayali. De la población total censada, 49,7% tenía menos
de 14 años, 48,8% de 15 a 64 años y 1,5% tenía 65 años y
más. Según nivel de instrucción, 32% carecía de ella, 49
% tenía nivel primario, 16% secundario y 2,5% superior; los
programas de estudios eran propios de las áreas urbanas y
no consideraban los idiomas nativos ni las características
socioculturales. El 74% vivía en condiciones de pobreza y
más de la mitad en pobreza extrema. En el grupo
campa-ashaninka la fecundidad fue de 8,1 hijos por mujer y
la mortalidad infantil de 99 por 1.000 nacidos vivos, y
entre los machiguenga del Cuzco y Madre de Dios, la
fecundidad fue de 8,4 hijos por mujer y la mortalidad
infantil, de 100 por 1.000 nacidos vivos.
Análisis por tipo de enfermedad o daño
El número de casos de malaria aumentó de 30.814 en 1989 a
211.561 en 1996, con una tasa de incidencia de 885,0 por
100.000 habitantes. El índice parasitario anual (IPA)
aumentó de 2,4 por 1.000 en 1992 a 8,8 por 1.000 en 1996.
La proporción de casos por Plasmodium falciparum
se incrementó de 1,6% en 1992 a 28,3% en 1996. La malaria
está asociada a zonas tropicales y desérticas irrigadas de
la costa norte y a la selva montañosa nororiental, selva
centro suroriental y selva baja o llano amazónico. La
estacionalidad es evidente en la costa norte y vertiente
noroccidental del país (mayor incidencia en el primer
semestre del año), pero la transmisión es permanente en la
cuenca amazónica. En 1996 la población en áreas de alto
riesgo fue de 2.382.035 personas (9,9% del total del país).
Ese mismo año, 77,9% de los casos notificados se
concentraron en cinco regiones y subregiones de salud
(Loreto, Jaén, Luciano Castillo, Junín y San Martín), y
88,4% de los casos por P. falciparum en las tres
primeras; Loreto y Jaén notificaron 55,2% del total de los
casos. La incidencia tendió a estabilizarse en 1996, cuando
se observó un importante descenso en algunas áreas de alto
riesgo situadas en la costa norte, pero persistió un
comportamiento epidémico e inestable en la selva baja,
específicamente en la región de Loreto y en la subregión de
Jaén. Ese año se registraron 46 defunciones por malaria, 40
de las cuales ocurrieron en Loreto (87,0%). La resistencia
de P. falciparum a la cloroquina fue de 20% a 26%,
y a la sulfadoxina/pirimetamina, de 9,1%. La intensa
migración interna, la incorporación de nuevas áreas de
irrigación y de cultivo, la expansión del vector Aedes
darlingi y las dificultades de gestión del programa de
control en áreas de difícil accesibilidad contribuyeron a
esta situación epidemiológica.
En 1990 se produjo la primera epidemia de dengue clásico en
el país, con 9.623 casos notificados. La incidencia
disminuiyó a 714 casos en 1991 pero, desde entonces, la
tendencia ha sido creciente: 1.905 casos en 1992 y 2.837 en
1996. Los serotipos involucrados en el período
19901995 fueron el dengue 1 y, en menor medida, el
dengue 4; se agregó el dengue 2 en 1995. Las áreas
geográficas más afectadas son la costa norte y la selva
nororiental y central. En 1996 se estimó que la población
en riesgo era de 2.750.000 personas.
La leishmaniasis afecta 24 subregiones de salud, en
particular los departamentos de la sierra y de la selva.
Entre 1985 y 1994 las tasas de incidencia aumentaron desde
12,7 por 100.000 habitantes hasta 40,0. En 1995 se
notificaron 7.343 casos (31,9 por 100.000 habitantes) y
7.756 (32,4 por 100.000) en 1996. En 1996, 86,7% de los
casos correspondieron a la forma cutánea y 13,3% a la
mucocutánea. La forma cutánea andina afecta
prioritariamente a los menores de 15 años, asociada a la
rápida incorporación de este grupo de edad a las
actividades de desbroce y preparación de áreas de cultivo y
a la transmisión peridomiciliaria. La forma mucocutánea es
más frecuente en los mayores de 15 años, y está relacionada
con la migración temporal o colonización de la selva alta y
baja para actividades agrícolas y extractivas y trazado de
vías de comunicación y cacería.
En 1995 la fiebre amarilla selvática alcanzó proporciones
epidémicas con 503 casos notificados y una letalidad de
38,8%. Afectó predominantemente a agricultores de 15 a 44
años, de origen andino, en los departamentos de la selva
central. El gran incremento de la migración interna a
partir de 1994 y la apertura de zonas de explotación
agrícola e industrial en áreas enzoóticas han sido factores
decisivos en la presentación de los brotes. La
intensificación de las actividades de vacunación permitió
reducir la incidencia a 86 casos y 34 defunciones en 1996.
En abril de 1995 se incorporó la vacunación antiamarílica a
las actividades regulares del Programa Ampliado de
Inmunización.
En 1996 se estimó un total de 24.170 casos de enfermedad de
Chagas en áreas endémicas (1.209 con formas agudas u
oligosintomáticas y 22.961 con formas crónicas),
principalmente entre personas de 20 a 54 años de edad. El
área chagásica más importante se localiza al sur del país,
donde se ha detectado infestación intradomiciliaria por
Triatoma infestans en 21 provincias y 90
distritos. En esta área geográfica, que representa 9% del
territorio nacional y contiene 160.000 viviendas, habitan
473.918 personas (2% del país) expuestas a riesgo. Las
encuestas de seroprevalencia en estas áreas han revelado
tasas de infección de 0,7% a 12,0% en la población y de
3,0% a 12,0% en bancos de sangre.
La tasa de incidencia de bartonelosis ha aumentado
progresivamente desde 1974, cuando tenía un valor de 0,25
por 100.000 habitantes, hasta llegar a 3,34 en 1995.
En 1996 se alcanzó una cobertura de vacunación en los
menores de 1 año de 96,9% con la vacuna antisarampionosa,
99,6% con BCG y 100% con la vacuna antipoliomielítica y
DPT. La última epidemia de sarampión en el Perú ocurrió en
1992, cuando se registraron 22.605 casos con 263
defunciones (una letalidad de 1,8%). En 1995 se inició el
programa de eliminación del sarampión con la vigilancia de
las enfermedades febriles eruptivas y con actividades de
vacunación casa por casa que permitieron vacunar a 96,8% de
los niños de 9 meses a 4 años de edad. Se confirmaron 224
casos de sarampión en 1995 y 2 casos en 1996. Las acciones
para eliminar el tétanos neonatal se iniciaron en 1991
mediante la identificación de distritos de riesgo, en los
que se procedió a vacunar a las mujeres en edad fértil con
toxoide tetánico (TT) y a capacitar a las parteras
tradicionales y a los promotores de salud. Se notificaron
128 casos en 1994, 9 en 1995 y 46 en 1996. Todos los casos
eran hijos de madres que no habían recibido al menos dos
dosis de TT y solo en 5% de ellos el parto había recibido
atención institucional. El último caso confirmado de
poliomielitis de las Américas se presentó en el Perú en
1991. Se notificaron 10 o menos casos anuales de difteria
desde 1992 hasta 1996, a excepción de 1993 cuando se
notificaron 31 casos, la mayoría de ellos (24)
correspondientes a un brote ocurrido en una zona rural del
departamento del Cuzco. El Perú se ubica entre los países
de endemicidad intermedia para el virus de la hepatitis B.
En 1996 se inició la vacunación contra la hepatitis B en
los menores de 1 año de edad residentes en las provincias
de endemicidad alta y media (25% del total del país).
En 1996, la prevalencia puntual de diarrea quince
días previos a la encuesta en los niños menores de 5
años fue de 17,9%. La prevalencia fue mayor en los niños de
6 a 23 meses de edad (29,0%), en el área rural (20,3%) y en
la selva (25,6%). La gravedad de la enfermedad diarreica,
expresada por la proporción de casos con deshidratación y
deshidratación grave, disminuyó de 34% y 4% en 1994 a 25,5
% y 1,5% en 1996, respectivamente. Según la Encuesta Nacional
de Hogares del cuarto trimestre de 1995, 92% de los niños
menores de 5 años con diarrea recibieron la terapia de
hidratación oral.
Desde la aparición del cólera, a inicios de 1991, la
enfermedad ha mostrado una tendencia decreciente (322.562
casos sospechosos en 1991, 71.448 casos en 1993 y 4.369
casos en 1996) y se ha presentado preferentemente en
mayores de 15 años de edad. El departamento con la tasa más
alta de cólera en 1996 fue Ucayali, con 239 casos por
100.000 habitantes. La letalidad promedio se mantuvo desde
el inicio en 0,09%. La vigilancia nacional de cepas de
Vibrio cholerae indica la ausencia de la serovariedad
O139. En el Perú el cólera es endémico y se presentan casos
aislados de la enfermedad entre diciembre y marzo en la
costa y entre junio y octubre en la selva.
En 1996 se diagnosticaron y trataron 47.498 casos de
tuberculosis en todo el país; la tasa de prevalencia
descendió de 256,1 por 100.000 habitantes en 1992 a 198,4
en 1996. La tasa de incidencia descendió de 243,2 por
100.000 habitantes en 1992 a 162,1 en 1996. El grupo de
edad más afectado fue el de 15 a 44 años y la proporción de
casos bacilíferos detectados en menores de 15 años fue de
4,8%. La tasa de incidencia de meningoencefalitis
tuberculosa infantil disminuyó de 2,01 en 1993 a 1,57 en
1995. La mortalidad fue de 4,9 por 100.000 habitantes en
1995. Según el estudio de vigilancia de la resistencia a
los medicamentos antituberculosos en el Perú
19951996, la resistencia a una droga fue de 15,4% y
la resistencia a múltiples drogas, de 2,4%. En 1990 solo
25% de los servicios de salud llevaban a cabo actividades
de diagnóstico y tratamiento; en 1996, 96,0% garantizaban
el acceso gratuito a esa atención.
La tasa de prevalencia de lepra en áreas endémicas de la
selva en 1995 fue de 0,9 por 10.000 habitantes, y la de
incidencia, de 0,35 por 10.000 habitantes. De los 240 casos
registrados en 1995, 195 fueron multibacilares (81,3%) y 45
paucibacilares (18,8%). El 14,4% de los 90 casos nuevos
corresponde a menores de 15 años, lo que indica transmisión
reciente de la enfermedad.
Las infecciones respiratorias agudas son la principal causa
de mortalidad en la niñez; se estima que cada año producen
cerca de 12.000 defunciones de menores de 5 años, de las
cuales una alta proporción se debe a neumonía. Las
infecciones respiratorias agudas representan la primera
causa de demanda de atención en los servicios de salud, con
más de 40% del total de atenciones y 30% de las
hospitalizaciones en ese grupo de edad. La incidencia más
alta de neumonía se registra en la sierra y en la selva.
El número acumulado de casos de sida hasta agosto de 1997
fue de 6.443; el número estimado de casos es de 10.000 para
el sida y 70.000 para la infección por VIH. La presencia de
VIH/sida se constata en todo el país, aunque es más intensa
en las grandes ciudades, en particular Lima y Callao. La
transmisión sexual representa 95,4% del total acumulado de
casos; la transmisión sanguínea representa 2,4% y su
tendencia es descendente; la transmisión perinatal
representa 2,2% y su tendencia es ascendente. Cambios
relevantes en el patrón de transmisión son el incremento de
la transmisión heterosexual y la afectación creciente de
mujeres y jóvenes; la razón hombre/mujer fue de 20:1 en
1985 y 3:1 en 1997. En el mismo período, la edad mediana al
diagnóstico de sida pasó de 38 a 29 años. Desde 1994 el
Programa Nacional de Control de Enfermedades de Transmisión
Sexual y Sida ha puesto en práctica nuevas estrategias de
control dirigidas al mercadeo de preservativos, la
modificación de comportamientos de riesgo y el manejo
sindrómico de otras enfermedades. Asimismo, el Ministerio
de Salud instituyó un programa de administración gratuita
de AZT a gestantes infectadas y a sus recién nacidos, e
impulsó actividades para la eliminación de la sífilis
congénita y el tamizaje obligatorio en bancos de sangre.
En el cuadrienio 19931996 se notificaron 112
defunciones por rabia; en 65 (58%) la fuente de infección
fueron los perros y en 47 (42%) los murciélagos
hematófagos.
En 1992 se registraron 223 casos de carbunco (ántrax), en
1993 y 1994 no se notificaron casos, en 1995 se comunicaron
25 y en 1996, 12 casos.
La brucelosis se limita a ciertas regiones del país. En
19931995 se notificaron 3.606 casos.
El área endémica de peste está circunscripta a cuatro
departamentos: Piura, Cajamarca, Lambayeque y La Libertad.
En octubre de 1992 se inició un brote de peste bubónica que
se extendió a 122 localidades de 31 distritos de los cuatro
departamentos. De 1994 a 1996 se notificaron 1.288 casos y
54 defunciones.
La hidatidosis humana se presenta en la región andina. De
1993 a 1995 se diagnosticaron 4.829 casos de hidatidosis,
particularmente en sus formas pulmonar y hepática.
En 1996, 7,9% de los niños menores de 5 años presentaban
déficit de peso para la edad y 1,1% déficit de peso para la
talla. La insuficiencia de talla para la edad afectó a
25,9% de los niños menores de 5 años, pero en los niños
próximos a cumplir los 5 años llegó a 30,5%. En las áreas
rurales se encuentra el nivel más alto de desnutrición
crónica (40,6%); por el contrario, en el área metropolitana
de Lima la cifra alcanza a 10,1%. La prevalencia es de
17,1% en la costa, de 37,9% en la sierra y de 33,3% en la
selva. No existen datos actualizados sobre deficiencia de
vitamina A y hierro. En 1995, la Encuesta Nacional de
Hogares del cuarto trimestre reveló que 93,9% de la
población consumía sal yodada.
En el Perú existe una alta prevalencia de la práctica de la
lactancia materna. Sin embargo, el período de lactancia
materna exclusiva es muy limitado. En 1996, 38,9% de los
niños menores de 3 meses de edad ya recibían alimentos
suplementarios, y entre los 4 y 6 meses de edad solo 32,3
% continuaba con lactancia exclusiva, porcentaje que
disminuyó a 5,6% en los niños de 7 a 9 meses de edad.
Estudios realizados en tres zonas de la costa establecieron
la prevalencia de diabetes entre 7% y 8%, y la de
hipercolesterolemia, entre 14% y 42%.
La mortalidad por enfermedades del aparato circulatorio en
1992 fue de 19,4% del total de defunciones por causas
definidas; las tasas estimadas de mortalidad por estas
enfermedades para el período 19901992 fueron de 186 y
209 por 100.000 habitantes, en hombres y mujeres,
respectivamente. La prevalencia de la hipertensión arterial
en adultos se estimó en 17% en la costa y en alrededor de
5% en la sierra y en la selva; estudios efectuados en tres
zonas de la costa mostraron prevalencias de 15% a 34%.
No se dispone de datos sobre incidencia y prevalencia de
tumores malignos de nivel nacional, aunque se cuenta con
información proveniente de dos sistemas regionales de
registro, uno del área metropolitana de Lima y otro de la
ciudad de Trujillo. En Lima, la tasa de incidencia fue de
112,3 por 100.000 habitantes en 19901991. La tasa de
mortalidad por cáncer en 19901992 se estimó en 113 y
138 por 100.000 habitantes, en varones y mujeres,
respectivamente. Según los registros de cáncer de Trujillo
(19881989) y Lima (19901991), las neoplasias
malignas más frecuentes en los hombres son las de estómago,
próstata y pulmón; en las mujeres, las de útero, mama y
estómago.
Los homicidios (12 por 100.000 habitantes) y los accidentes
de tráfico constituyen un serio problema de salud pública.
En los adultos, los accidentes son la causa más frecuente
de hospitalización y consulta en los servicios de
emergencia de los hospitales.
En 1996, 95% de los niños de 3 a 14 años presentaron caries
dental, 85% enfermedad periodontal y 75% maloclusión. En
los niños de 6 a 14 años, el promedio de dientes afectados
en forma permanente por caries dental fue 6, con una
pérdida prematura de los primeros molares permanentes de
45% a 50%. En ese año, el Ministerio de Salud puso en
marcha un programa que promueve la aplicación tópica de
flúor como parte de la atención integral de salud al niño.
La prevalencia de ceguera en los adultos mayores de 60 años
se estima en 3,4%. Seis de cada 10.000 niños son ciegos por
causas prevenibles o curables como catarata y glaucoma
congénitos.
LA RESPUESTA DEL SISTEMA DE SALUD
Políticas y planes nacionales de salud
El objetivo general de la política social para el año 2000
es la focalización del gasto público y la meta operativa es
la reducción de los niveles de pobreza extrema en 50%. El
Programa de Gasto Social Básico desarrolla programas en
educación, salud, alimentación y justicia. En salud, el
Programa de Salud Básica para Todos (PSBPT) funciona desde
1994 y tiene como objetivo elevar la capacidad resolutiva
de los establecimientos del primer nivel de atención; en
1996, la ejecución presupuestaria del PSBPT representó 21
% del total de la ejecución del Ministerio de Salud. En 1995
el Ministerio definió los lineamientos políticos del sector
salud para el período 19952000, a saber: acceso
universal a los servicios de salud pública y a la atención
individual, dando prioridad a los más pobres; modernización
del sector; reestructuración de las funciones de
financiamiento, prestación y fiscalización; prevención y
control de los problemas urgentes de salud, y promoción de
condiciones y modos de vida saludables.
En 1997 se promulgó la Ley General de Salud, que asigna al
Estado la responsabilidad de proveer servicios de salud
pública y de promover las condiciones que garanticen una
adecuada cobertura de prestaciones a la población. Además,
el Estado debe vigilar y atender los problemas de
desnutrición, salud mental y salud ambiental, así como los
de salud del discapacitado, del niño, del adolescente, de
la madre y del anciano en situación de abandono social. El
financiamiento se orientará preferentemente a las acciones
de salud pública y a subsidiar la atención a las
poblaciones de menores recursos.
Desde 1995 se desarrolla un proceso de reestructuración
global del aparato del Estado. El Ministerio de Salud ha
explicitado las siguientes políticas para la reforma del
sector público de salud: mejorar la equidad en la atención
de salud a través de la reestructuración de la función
financiera; desarrollar el sistema de identificación de
usuarios y el paquete básico como instrumentos de
focalización del gasto; desarrollar la capacidad de
gobierno a nivel central y local, así como la función de
regulación del mercado de servicios de salud; mejorar la
administración, gestión y calidad de los servicios públicos
de salud mediante la organización en redes de los
establecimientos públicos del primero y segundo nivel;
implantar un programa de modernización de la gestión de los
hospitales públicos y de los institutos especializados.
Mientras que el Ministerio de Salud se concentrará en la
formulación de políticas, planeamiento estratégico,
regulación y control sanitario, se crearán organismos con
funciones especializadas para la administración financiera
de los recursos y para las redes de establecimientos
públicos de servicios de atención básica de salud, que
contarán con sus propias unidades de gerencia
descentralizada. En 1997 se promulgó la Ley de
Modernización de la Seguridad Social, que flexibiliza el
monopolio público en la atención médica de los asegurados
del Instituto Peruano de Seguridad Social (IPSS) y les
permite la libertad de afiliación a proveedores privados,
denominados empresas prestadoras de servicios de salud.
Organización del sector salud
El sector salud está conformado por instituciones del
sector público (Ministerio de Salud, Instituto Peruano de
Seguridad Social, Sanidad de las Fuerzas Armadas y
Policiales, Beneficencia), otras correspondientes a seguros
y prestadores privados y, finalmente, por instituciones que
no tienen fines de lucro. Según el II Censo de
Infraestructura Física y Recursos del Sector Salud, en 1995
el país contaba con 7.304 establecimientos de salud, de los
cuales 5.931 (81%) pertenecían al Ministerio de Salud; de
estos, 134 eran hospitales, 1.028 centros de salud y 4.762
puestos de salud.
En 1995 existía una cama por 767 habitantes. En Lima existe
una cama por 666 habitantes, y en el resto del país una por
1.250 habitantes.
Entre 1992 y 1996 la disponibilidad de médicos aumentó de
7,6 a 9,8 por 10.000 habitantes, del personal de enfermería
de 5,2 a 6,2 y los odontólogos de 0,7 a 1,1. Los
departamentos con mayor nivel de pobreza presentan la menor
disponibilidad de personal. Por ejemplo, en Huancavelica y
Apurímac la tasa de médicos es de 2,8, en tanto que en
Callao y Lima la tasa es de 22,9 y 17,3 respectivamente.
De la población cubierta por el Ministerio de Salud, 31,9
% utilizó los servicios en 1993 y cada usuario recibió 2,3
consultas; en el IPSS estos valores fueron de 35,9% y 4,3
en 1994. Un problema que afecta al Ministerio de Salud es
el llamado de "subsidios cruzados", ya que sus
escasos recursos se emplean en la atención de personas que
tienen acceso a otros sistemas de salud. En 1994 el
Ministerio atendió a 20% de los asegurados por la Sanidad
de las Fuerzas Armadas, a 13% de los asegurados por el IPSS
y a 9,8% de las personas que cuentan con seguro privado.
Servicios
de salud y recursos
El sistema nacional de vigilancia epidemiológica está
constituido por 2.690 establecimientos de salud (208
hospitales, 924 centros de salud, 1.504 puestos de salud y
54 de otro tipo), 33 Direcciones de Epidemiología y una
Oficina General de Epidemiología, en los tres niveles del
Ministerio de Salud: local, subregional y central. Este
sistema notifica, semanalmente, 15 enfermedades. Hay una
red de laboratorios de salud pública conformada por un
laboratorio de referencia nacional (Lima) y 11 de
referencia regional.
En 1995, el tamizaje serológico fue parcial para las
distintas enfermedades de riesgo transfusional. La
cobertura fue de 60% para VIH, AgHBs y sífilis, y de 4
% para la enfermedad de Chagas. En 1996 se estableció el
Programa Nacional de Hemoterapia y Bancos de Sangre en el
Ministerio de Salud.
El país no cuenta con un programa integrado de protección
de alimentos. Cada sector (agricultura, salud, comercio e
industria, y gobiernos locales) tiene normas sobre
protección de alimentos. Existen aproximadamente 60.000
vendedores callejeros de alimentos en Lima.
El modelo del sistema de manejo ambiental es sectorizado.
La ley define como organismo rector de la política nacional
al Consejo Nacional del Ambiente, organismo descentralizado
que tiene por finalidad planificar, coordinar, controlar y
velar por el ambiente y el Patrimonio Natural de la Nación.
La Dirección General de Salud Ambiental (DIGESA), del
Ministerio de Salud, es el órgano técnico de nivel nacional
encargado de dictar normas, evaluar y concertar con los
gobiernos locales y con los otros sectores los aspectos de
protección del medio ambiente, saneamiento básico, higiene
alimentaria, control de zoonosis y salud ocupacional. El
Instituto Nacional de Protección del Medio Ambiente para la
Salud tiene como función formular normas y políticas de
protección ambiental. La Superintendencia Nacional de Agua
y Saneamiento, del Ministerio de la Presidencia, tiene como
función garantizar a los usuarios la prestación de los
servicios de agua potable, alcantarillado sanitario y
pluvial y disposición de excretas, y está facultada para
promover el desarrollo, y fiscalizar y evaluar el desempeño
de las entidades prestadoras de servicio de saneamiento en
el país. Por otro lado, el Proyecto Especial Programa
Nacional de Agua Potable y Alcantarillado (PRONAP)
centraliza la mayor parte de las inversiones para agua y
saneamiento. En cuanto al área rural, no existe en el
Ministerio de la Presidencia un organismo que defina la
política ni los montos de inversión para saneamiento. En el
área rural actúan principalmente el Ministerio de Salud, el
Fondo Nacional de Compensación y Desarrollo Social, el
Programa de Apoyo al Repoblamiento y el PRONAP. Los
servicios de limpieza pública son manejados por los propios
municipios que contratan u otorgan la concesión de los
mismos a empresas privadas.
La pérdida de calidad del agua es crítica en algunas
regiones y se debe fundamentalmente a la contaminación por
efluentes provenientes de las actividades productivas de la
industria, sobre todo la industria minero-metalúrgica, y
por los desechos domésticos y agroquímicos.
La calidad del aire es deficiente en algunas zonas del
país. Mediciones realizadas durante todo el año 1996 en el
centro de Lima indican que la concentración promedio anual
de partículas totales en suspensión es de 270,48 mg/m3
(límite permisible: 150 mg/m3), y la concentración promedio
anual de dióxido de nitrógeno es de 142,9 mg/m3 (límite
permisible: 100 mg/m3). Las concentraciones de plomo y de
dióxido de azufre se encuentran dentro de los límites
permisibles, con 0,415 mg/m3 y 0,0424 ppm (límites
permisibles: 0,5 mg/m3 y 0,06 ppm, respectivamente).
La calidad ambiental del suelo presenta problemas. En la
costa se produjo un aumento de la superficie de tierra
salinizada por el uso deficiente del agua y el deterioro de
los bosques secos por la tala indiscriminada y el
sobrepastoreo. En la sierra el deterioro de las tierras
agrícolas se debe a prácticas de cultivo inapropiadas y la
consecuente destrucción de la capa de protección en las
laderas. En la selva la deforestación va en aumento debido
a la creciente explotación agrícola.
No existe un organismo encargado de la vigilancia de la
gestión de sustancias químicas en el país.
Los servicios de abastecimiento de agua potable tienen
limitaciones que inducen a que la población se abastezca de
diversas fuentes y a que almacene el agua en condiciones
inadecuadas. En el área urbana, 66,1% de la población es
servida por red pública dentro de la vivienda, 8% por red
pública fuera de la vivienda pero dentro del edificio, 7,7
% por pileta pública, 3,7% por pozo, 12,1% por camión
cisterna y 2,4% por cursos de agua. El abastecimiento es
intermitente en la mayor parte del país. Solo 8% del
abastecimiento es continuo, 73% de la población es
abastecida durante 16 a 20 horas al día, 18% durante 6 a 15
horas y 1% durante 0 a 5 horas. En el área rural, 13,2% de
la población es servida por pileta pública, 27,3% por pozo,
7,0% por camión cisterna y 52,5% por cursos de agua. Según
la ENAHO-IV95, 47,4% de la población cuenta con
alcantarillado y 21,95% con letrina. En el área urbana,
cerca de 66% está servida por alcantarillado y cerca de 20
% tiene letrina, mientras que en el área rural, cerca de 9
% de la población es servida por alcantarillado y 24% tiene
letrina.
A partir de algunos estudios se estima que entre 60% y 65
% de la población tiene cobertura de recolección de residuos.
Con excepción del área metropolitana de Lima, que dispone
de rellenos sanitarios, y de Piura y Trujillo que tienen
también algún tipo de relleno, las ciudades utilizan
vertederos sin ninguna condición sanitaria o arrojan los
residuos a los cursos de agua. El país no dispone de
sistemas adecuados de tratamiento de residuos hospitalarios
y no existen rellenos donde disponer dichos residuos
peligrosos en forma segura.
La Dirección General de Medicamentos, Insumos y Drogas
(DIGEMID), del Ministerio de Salud, es el organismo de
regulación y control de medicamentos. En 1994, el valor del
mercado farmacéutico (precios de fábrica) se estimó en US$
60 millones para el sector público y US$ 422 millones para
el privado. Según la DIGEMID, 43% de los 7.447 medicamentos
genéricos y de marca registrados en agosto de 1995
correspondían a productos nacionales. En 19921993, de
56 laboratorios inspeccionados (de 65 registrados), solo
25% cumplían las buenas prácticas de manufactura; de las
312 droguerías e importadoras visitadas, 33% presentaban
condiciones deficientes de almacenamiento. La venta
callejera de medicamentos constituye un problema creciente:
productos falsificados y adulterados llegan a veces a las
redes formales de distribución.
La Lista Básica de Medicamentos Esenciales fue revisada por
última vez en 1992 y se aplica hoy en forma limitada. Desde
1994 existe el Programa de Administración Compartida de
Farmacias, que provee un conjunto de 63 medicamentos
esenciales de bajo costo a cerca de 1.000 centros y 4.500
puestos de salud del primer nivel de atención. A fines de
1995 el programa se había establecido en 100% de las
subregiones, con una cobertura aproximada de 12 millones de
personas y con ventas anuales que alcanzaban US$ 12,6
millones. El IPSS, con un presupuesto anual de US$ 50
millones para medicamentos (1996) y unos 6 millones de
asegurados, cuenta con un sistema propio de abastecimiento
de medicamentos basado en un listado diferenciado por
niveles de atención.
El sector no cuenta con una política definida de
investigación..
En 1995 el gasto total en salud representó 3,6% del PIB,
manteniéndose estable desde 1992, y el gasto per cápita fue
de US$ 89. El gasto del Ministerio de Salud, los municipios
y el Fondo Nacional de Compensación y Desarrollo Social se
mantiene en alrededor de 1% del PIB (el gasto per cápita
fue de
US$ 38); el gasto del IPSS representó 1,3% del PIB (el
gasto per cápita fue de US$ 115). El gasto privado
representa un monto similar al del IPSS (1,2% del PIB) pero
con una tendencia decreciente (1,5% en 1992). La
participación del sector salud en el gasto del sector
público subió de 9,9% a 13,1% entre 1992 y 1995.
Existen diversas fuentes de financiamiento y presupuesto
para las subregiones de salud, debido a la pluralidad de
instituciones que remiten fondos (Ministerio de Salud,
Ministerio de Economía y Finanzas, cooperación externa). No
se cuenta con una política respecto a la generación de
ingresos propios, y existen criterios diferentes según los
establecimientos de salud. Algunos estudios demuestran
falta de ajuste entre la oferta y la demanda de servicios,
con una ocupación muy baja en muchos establecimientos.
En 1992, tomando como base el informe sobre la cooperación
para el desarrollo del PNUD, la asistencia externa al Perú
ascendió a US$ 875.871.000. Los cinco sectores beneficiados
con mayores asignaciones fueron los de gestión económica
(54,9%), comercio internacional de bienes y servicios
(10,8%), desarrollo regional (7,2%), transporte (4,8%) y
salud (3,9%). En el período 19921996 la cooperación
bilateral aportó 60% de los recursos, la cooperación
multilateral 35% y las organizaciones no gubernamentales
5%.
Para ver el capítulo completo de Salud en las
Américas 1998 para este país en formato PDF oprima aquí
Para ver el Informe de país sobre la Línea Basal
para el Seguimiento Evaluación de las Reformas del Sector
Salud
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