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Desafíos sanitarios planteados por el envejecimiento de la población

La disminución de las tasas de fecundidad y la mayor esperanza de vida están alterando el panorama demográfico de los países en todo el mundo, cuestionando no solo nuestras ideas sobre la manera de financiar la asistencia a las personas mayores, sino también nuestras actitudes ante el envejecimiento.

Extraído del Boletín de la OMS correspondiente a febrero de 2012.-  La población de Tailandia está envejeciendo. Según Viroj Tangcharoensathien, asesor principal del Programa Internacional de Políticas Sanitarias de Tailandia, en la actualidad casi un 11% de la población tailandesa tiene más de 60 años, y ese porcentaje tiende a aumentar rápidamente. "Se prevé que la proporción de personas mayores respecto a la población total alcanzará el 14% en 2015, el 19,8% en 2025 y casi el 30% en 2050".

Contribuyen a esa tendencia la disminución de las tasas de fecundidad (en parte gracias a la provisión pública de servicios de planificación familiar) y las mejoras sanitarias logradas, especialmente entre las mujeres y los lactantes. "En cierto modo somos víctimas de nuestro propio éxito", dice Tangcharoensathien, quien observa que la prevalencia del uso de métodos anticonceptivos ha aumentado desde el 15% de 1970 hasta alrededor del 80% hoy día, mientras que la esperanza de vida ha aumentado desde 56,2 y 51,9 años en la mujer y el hombre, respectivamente, a mediados de 1960 hasta unos 75,7/69,9 años en la actualidad.

Entonces, ¿por qué preocuparse por Tailandia? Al fin y al cabo, como señala John Beard, Director del Departamento de Envejecimiento y ciclo de vida de la OMS, los logros de ese país han de ser motivo de celebración: "Fundamentalmente, estamos viendo una mayor supervivencia de los niños en la infancia y de las madres en los partos, y vemos también que las mujeres controlan mejor su fecundidad", dice. Pero, si bien eso es cierto, el envejecimiento de la población de Tailandia representa también un reto enorme.

Y este país no es la única víctima de esos logros, como confirma un reciente informe presentado al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, en el que se señala que la población de más de 60 años es el segmento demográfico que más rápidamente está creciendo. El informe, presentado el pasado mes de julio por Anand Grover, Relator Especial sobre el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental, advierte de que en 2050 una de cada cinco personas pertenecerá a ese segmento de la población, y de que a finales de esta década el grupo de mayores de 60 años totalizará alrededor de mil millones de personas.

 
Y aunque tendemos a pensar que la reducción de las tasas de natalidad y el envejecimiento de la población son sobre todo un problema de los países de altos ingresos, como se indica en el informe de las Naciones Unidas, esta transición demográfica se está manifestando ahora con especial intensidad en los países en desarrollo, particularmente en Asia, donde viven hoy más de la mitad de los mayores de 60 años que hay en el planeta (400 millones).

"Los cambios demográficos por los que atraviesan los países de ingresos bajos y medios se están produciendo mucho más rápidamente que en el caso de Europa y América del Norte", afirma Beard, quien añade que en los últimos diez años aproximadamente una serie de países asiáticos, entre ellos China, Indonesia, el Japón, Myanmar, la República de Corea, Singapur, Tailandia y Viet Nam, han visto caer sus tasas de fecundidad por debajo de las tasas totales de fecundidad registradas en los países europeos, y en muchos casos hasta niveles cercanos o inferiores al necesario para reemplazar la población.

Esa cifra cada vez mayor de personas mayores –60 años o más- depende por tanto de un recurso proporcionalmente cada vez más escaso, esto es, de la población joven y, en particular, de los familiares más jóvenes. En Tailandia, por ejemplo, como en muchos otros países en desarrollo, los hijos son con diferencia la fuente más común de ingresos para las personas mayores, y la idea de recibir apoyo filial en la vejez es una expectativa ampliamente compartida por la actual generación de adultos. Considerando la importancia de la familia para proporcionar atención crónica a los ancianos o ayudar a ello, y el hecho de que ese recurso se está reduciendo rápidamente, ¿qué pueden hacer los Gobiernos para evitar un deterioro catastrófico del cuidado de los ancianos en las próximas décadas?

En Tailandia el Gobierno ha tomado una serie de medidas de ámbito nacional para destinar más recursos al apoyo a las personas mayores, incluida la creación de un Fondo Nacional de Pensiones en marzo de 2011. Se espera que la ampliación de la pensión de jubilación entre los trabajadores afiliados al sistema de seguridad social y los ahorradores en el marco de un Plan Nacional de Ahorro sea suficiente para compensar la probable pérdida de apoyo filial. A juzgar por la experiencia de otros países, ese mecanismo podría no ser suficiente.

Entonces, ¿qué debemos hacer? Para Beard, tenemos que replantearnos radicalmente nuestra actitud ante las personas mayores, sobre todo la idea de que los ancianos constituyen una "carga social". Beard quisiera ver un cambio de rumbo que asegure la continuidad de la contribución de las personas de edad a la sociedad, como parte del "envejecimiento activo" que propone la OMS, uno de los componentes clave para mantener una buena salud después de los 60 años. Si el acceso a la atención primaria es crucial para conservar la salud en la ancianidad, la adopción de prácticas de vida saludables durante toda la vida es igualmente importante.

Lograr una vida sana para las personas mayores es un aspecto capital de la respuesta del Brasil al problema del envejecimiento de la población, según Jarbas Barbosa, Secretario de Vigilancia Sanitaria del Ministerio de Salud. Actualmente la población de edad avanzada del Brasil asciende a 14 millones de personas, poco menos del 8% del total de 195 millones, pero para 2050 se prevé que alcanzará los 49 millones, lo que supone un aumento del 300%, dice Barbosa. Una medida con la que el país espera afrontar la situación consiste en fomentar la actividad física entre los mayores.

El actual plan decenal de salud (2011-2021) comprende el apoyo a los municipios para poner en marcha 4000 ‘academias de salud’, gimnasios públicos donde todo el mundo, incluidas las personas mayores, puedan hacer ejercicio físico: "La idea es que en 2015, dentro de tres años, dispongamos de 4000 espacios de ese tipo, uno en cada municipio –desde los barrios pobres hasta las grandes ciudades- para garantizar que las personas mayores, y no solo ellas, dispongan de un lugar donde ejercer alguna actividad física bajo vigilancia", dice Barbosa, quien apunta también que este es un componente del plan nacional de lucha contra las enfermedades no transmisibles, que comprende asimismo la promoción de la salud y la atención sanitaria a las personas que sufren enfermedades crónicas, como diabetes, cáncer e hipertensión.

Pero, como explica Beard, el envejecimiento activo no se refiere solo a la actividad física y la salud, sino que abarca la continuidad de la participación de las personas en los ámbitos social, económico, cultural y cívico. Para lograr todo eso, los países tendrán que hacer mucho más aparte de animar a la gente a ir en bicicleta o acudir a un gimnasio: para hacerse realidad, el envejecimiento activo exige un replanteamiento global del papel de las personas mayores en la sociedad.

"Solemos concebir la vida en términos muy lineales: ir a la universidad, conseguir un trabajo y por último jubilarnos a los 60 años", explica Beard. "Eso podía estar justificado en el siglo XX, pero creo que esa forma de pensar es muy restrictiva. Las personas mayores quieren seguir participando en la sociedad. Aferrándonos a esas ideas obsoletas sobre el envejecimiento estamos limitando nuestra capacidad para crear el tipo de vida que querríamos para el siglo XXI. Los países poco desarrollados, en particular, quizá prefieran idear modelos totalmente nuevos."

Sin embargo, por más activas y sanas que se conserven después de los 60, llega un momento en el que las personas mayores comienzan a estar débiles y perder autonomía. Debe haber en marcha algún tipo de sistema asistencial, y ese sistema se ha de financiar. Cuando el deterioro cognitivo forma parte de esa pérdida de salud, la necesidad de atención y financiación se agudiza. El problema no es solo que la demencia sea más frecuente en las personas de edad avanzada, sino que esta dolencia se ha resistido hasta ahora a cualquier forma de prevención y tratamiento. "A menos que surjan nuevas ideas, sabemos que el envejecimiento de la población irá acompañado de un aumento del número de personas con deterioro cognitivo y demencia", subraya Beard, para quien la demencia es un "problema totalmente desatendido".

Martin Prince, profesor de psiquiatría epidemiológica en el King’s College de la Universidad de Londres, también lamenta la falta de investigaciones sobre la demencia. "En términos relativos, considerando la carga que supone, se invierte mucho menos en la investigación de la demencia que, por ejemplo, en la investigación del cáncer y las enfermedades cardiovasculares, y eso es una actitud miope", dice, señalando sin embargo que los nuevos conocimientos sobre la neurobiología de la enfermedad y las inversiones de las compañías farmacéuticas en el desarrollo de medicamentos contra la demencia son motivo de esperanza. Pero, a pesar de algunos avances alentadores, cabe prever que la demencia constituirá un grave problema en el futuro, sobre todo en los países de ingresos bajos y medios, que previsiblemente, según señala Prince, albergarán en 2050 al 75% de las personas con demencia.

Así pues, el envejecimiento plantea algunos retos importantes, sobre todo en relación con la forma de vivir nuestros últimos años, pero para Beard sería un error permitir que esos años postreros determinen el enfoque global ante este problema. "Sí, tenemos que asegurarnos de que la atención crónica y paliativa sea accesible para todos aquellos que la necesiten al final de su vida", dice.

"Pero también tenemos que reinventar nuestra manera de entender el envejecimiento. Queremos prolongar la vida en su tramo medio, no solo al final. Y eso significa mantener a las personas sanas durante el mayor tiempo posible, y darles la oportunidad de hacer las cosas que deseen hacer y que la sociedad necesita."


Boletín de la Organización Mundial de la Salud
Volumen 90, Número 2, febrero 2012, 77-156

 

 

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