índice

Sida, 25 años
Una conversación con Carol Vlassoff
Jefe de la Unidad de VIH/sida
Organización Panamericana de la Salud
"El uso de un condón es esencial para prevenir y protegerse contra el VIH"

Tiene más de 28 años de experiencia en trabajo y desarrollo de respuestas frente a la epidemia de VIH, población y salud reproductiva a nivel internacional, así como en otras disciplinas del campo de la salud pública. Ha tenido posiciones clave en dos grandes organizaciones de Canadá, su país natal. Ha sido profesora en el departamento de Medicina Comunitaria y Epidemiología de la Universidad de Ottawa. Y ha trabajado en la Organización Mundial de la Salud durante 10 años, sumando esfuerzos al Programa Especial de Investigación y Entrenamiento en Enfermedades Tropicales de la entidad mundial de la salud.

Durante los últimos 6 años, Carol Vlassoff, doctora en Economía y Demografía, ha servido en la Organización Panamericana de la Salud. Primero como representante de la oficina regional de la OMS para las Américas en Suriname, y desde julio del 2003 se ha desempeñado como jefe de la Unidad de VIH en la sede regional de la OPS en Washington, D.C.

Con su próximo retiro en agosto del 2006, la Dra. Vlassoff está a punto concluir oficialmente una densa carrera de más de más de un cuarto de siglo al servicio de la salud pública mundial que la ha llevado a un gran número de países en todas las regiones del mundo.

El retiro de la Dra. Vlassoff se produce coincidentemente con el 25 aniversario de la aparición en el mundo del virus de la inmunodeficiencia adquirida (VIH), una enfermedad que como en todo el mundo está causando serios estragos en América Latina y el Caribe, donde la están sufriendo directamente en estos momentos entre 3 y 5 millones de personas.

Dra. Vlassoff, un estudio publicado conjuntamente por el Banco Mundial y por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en el 2003 señalaba que aunque los patrones de riesgo que favorecen la expansión del HIV son muy generalizados, la mayor parte de los países de América Latina aún no han experimentado una epidemia de sida a gran escala como la que se registra en la mayoría de las naciones de áfrica y en varios países del Caribe. En base a la evidencia que usted tiene, ¿sigue esto siendo así tres años después de que se realizara el citado estudio?

Si, así es si comparamos los datos con los que se están registrando en áfrica. La mayor parte de América Latina ha sido capaz de mantener la epidemia concentrada en grupos particulares de población, habiendo logrado que no se expanda a la población en general. No obstante, en el Caribe, la mayoría de los países están confrontando lo que llamamos "epidemia generalizada".


La Dra. Vlassoff con el ex-Director de la OPS, el Dr. George Alleyne.

¿Qué quiere decir esto?

Lo que esto significa básicamente es que en la mayor parte de las naciones del Caribe, la enfermedad ya no se observa casi con exclusividad entre grupos vulnerables sino que ha llegado ya a expandirse a la población en general. Esto es, que ya no es algo que uno pueda controlar simplemente enfocando las estrategias en o hacia grupos de población específicos.

Y en los países de América Central. ¿Cuál es el momento de evolución de la enfermedad?

En Centroamérica también estamos frente a una epidemia generalizada ya que una gran parte de los programas enfocados a grupos vulnerables no han sido lo suficientemente robustos. Uno de los principales problemas que hemos observado en Centroamérica es la homofobia, y el hecho de que los hombres que tienen sexo con hombres no pueden expresar libremente su preferencia y orientación sexual sin riesgo de sufrir represalias en formas muy diversas y en ocasiones trágicas. Estas personas sienten un gran temor a ser señalados, a ser objeto de la burla y de la crítica, del aislamiento, y por eso no se expresan abiertamente tal y como son porque necesitan seguir siendo "aceptables" ante los ojos de la sociedad.

¿Cómo ha sido la respuesta de los gobiernos ante este fenómeno?

El problema de la homofobia no ha sido tratado cara a cara, directamente, por los gobiernos, que han exhibido un gran vacío legislativo al respecto. Lo anterior ha tenido un efecto similar en las percepciones y aptitudes de la sociedad en general. Tal y como ha dicho la actual directora de la OPS, Dra. Mirta Roses, el odio contra los hombres homosexuales no solo constituye una amenaza contra los derechos humanos (el derecho a expresar la orientación sexual), sino también un atentado contra la vida misma. La Dra. Roses ha sido muy clara en señalar que "la homofobia contribuye a la propagación del VIH y que el temor a la estigmatización suele disuadir a los hombres homosexuales a que soliciten pruebas de detección del VIH, consejería y tratamiento. En consecuencia, este odio y este rechazo disminuyen la probabilidad de que los afectados tomen medidas de protección contra el virus para sí mismos y para otros". En efecto, las percepciones y aptitudes son un gran obstáculo para una respuesta efectiva de salud pública contra todas las enfermedades, y muy en particular frente a esta del VIH y del sida. En el Caribe, por ejemplo, la tendencia general aún es pensar que el VIH y el sida es algo que se circunscribe única y exclusivamente a los trabajadores del sexo. Por lo tanto existe todavía hoy un enorme grado de negación y de falta de información adecuada. En Centroamérica también se observan muchos problemas de aceptación, pero yo creo que existe un mayor conocimiento y una perspectiva más balanceada.

Para resumir, desde la OPS observamos que la epidemia del VIH no llega a tener una prevalencia a gran escala en el hemisferio como la que existe en otras regiones como áfrica. Con todo, lo que sí vemos con mucha preocupación es que en algunos países esta prevalencia sí está aumentando más rápidamente que en otros.

¿Qué está realmente funcionando bien en materia de respuesta eficaz contra el VIH y dónde están teniendo estas intervenciones un impacto sobresaliente?

El impacto general de intervención contra el VIH no se puede medir en la Región de las Américas con la misma facilidad a como se hace en países como por ejemplo, Estados Unidos o Canadá. Sin embargo, lo que sí se pueden mencionar, en efecto, son casos concretos que a nivel nacional sí figuran como destacados. Tal es el caso de Haití. Algo muy bueno se está haciendo en este país. Los servicios, por ejemplo, están descentralizados, y están alcanzando a la población rural en cuanto a prevención, cuidado y tratamiento. En este momento estamos comprobando cómo la incidencia del VIH en Haití está declinando de manera importante. Hasta hace muy poco, la incidencia nacional de la enfermedad se cifraba allí en aproximadamente un 6%. Hoy, sin embargo, estamos manejando cifras de hasta un 3% en algunas zonas. Estos porcentajes aún son extraordinariamente altos, pero no por ello podemos dejar de advertir que se está produciendo una significativa mejora que hay que seguir fortaleciendo y apoyando con determinación. En algunos países africanos, la situación desde hace años es crítica, con índices de prevalencia que en algunos casos llegan al 20 y al 25%.

¿Y en el resto de América Latina?

De hecho, en varios países de nuestro hemisferio con una gran cantidad de población, el temor inicial al comienzo de la enfermedad hace ahora 25 años hizo a muchos predecir que la enfermedad tendría efectos totalmente devastadores. Así se pensaba en Brasil, por ejemplo, a comienzo de los años 80. Un temor similar se manifestaba abiertamente en otras naciones densamente pobladas también, como México. Pero el hecho de que en estos países enormemente poblados la prevalencia al día de hoy esté por debajo del 1% indica claramente que la respuesta institucional y de la sociedad ante en VIH ha sido muy eficaz de verdad. En el Caribe, lamentablemente, tomó demasiado tiempo asumir el peso de esta amenaza y hoy, el Caribe es la segunda región del mundo después de áfrica que registra una mayor prevalencia.

¿Cuál ha sido en su opinión la herramienta singular más eficaz de la que han hecho uso los países del hemisferio para responder al desafío de la prevención y tratamiento del VIH?

Esta no es una pregunta difícil de responder. Sin lugar a dudas, la herramienta fundamental ha sido el acceso a tratamiento con antirretrovirales.


La Dra. Vlassoff con la Dra. Mirta Roses, Directora de la OPS.

¿Por qué?

Por una sencilla razón que explicaré de la siguiente manera: cuando una persona afectada por el VIH piensa que no va a vivir, que la enfermedad no tiene posible solución, que no tiene esperanza, entonces las probabilidades son mucho más remotas para que esta persona acuda a un centro de salud para hacerse las pruebas e iniciar tratamiento. Llevar tratamiento a las personas es esencial. En lugares como Europa o Estados Unidos, la oferta y el acceso a tratamiento es algo que tiene ya muchos años. Pero en la región de América Latina, esto era algo inaudito apenas hace 3 ó 5 años, salvo en naciones específicas como Brasil o Costa Rica, donde tratamiento para todos los afectados ha estado generalmente disponible ya desde 1998 aproximadamente.

¿Qué ha pasado en estos últimos 3 ó 5 años en la Región para que se haya dado un giro tan pronunciado en materia de acceso a tratamientos y en particular, a las medicaciones antirretrovirales?

Estimo que la XIV Conferencia Internacional sobre el sida celebrada en Barcelona, España, en el año 2002, constituyó un momento crucial ya que en este foro, como en ningún otro antes, las personas afectadas demandaron enérgicamente acceder a tratamiento. El liderazgo en la Organización Mundial de la Salud, primero con la directora general Dra. G.H. Brundtland (1998-2003) y desde enero del 2003 con el recientemente fallecido Dr. LEE Jong-wook, ha sido extraordinariamente importante. Tanto Brundtland como LEE entendieron perfectamente que el tratamiento no es una cuestión aleatoria o accidental, sino que constituye un derecho de todo el que lo necesite. No olvidemos que fue el Dr. LEE quien inició la iniciativa 3 por 5, junto con ONUSIDA. Esto demostró al mundo el fuerte apoyo de la OMS al tratamiento del sida en todo el mundo. La iniciativa 3 por 5, además, realmente inyectó a todo el proceso en las Américas de una dinámica completamente diferente en relación a la accesibilidad y entrega de tratamientos antirretrovirales.

¿Hay otra herramienta que usted estime también como fundamental para el control y prevención de la enfermedad?

Claro que sí. Hay varias herramientas y su uso combinado es esencial, ya que esta es una enfermedad compleja cuyo abordaje requiere de intervenciones multidisciplinarias y multisectoriales. Pero uno de los recursos más importantes es el que todos conocemos por el nombre de condón. El uso de un condón es esencial para prevenir y protegerse contra el VIH y, por extensión, contra otras amenazas a la salud que se producen en el contexto de la salud sexual y reproductiva.

Estas son las herramientas que funcionan. Pero ¿qué es lo que en su opinión ha causado y está engendrando un mayor lastre para que los programas en curso, y en particular para que el Plan Regional de VIH/ITS para el Sector Salud 2006-2015 de la OPS se implemente y surta toda su eficacia?

El mayor lastre a todos nuestros esfuerzos radica en la negación de que la enfermedad es una realidad. En otras palabras: estigma y discriminación. No sólo en las Américas, sino en todo el mundo, la falta de información adecuada o una negativa a aceptar la realidad, estigma y la discriminación son los tres elementos que constituyen el gran enemigo de esta lucha universal por la salud pública y contra el VIH.

Recuerdo que tras convencer a la Organización Mundial de la Salud de que hiciera de los derechos humanos la columna vertebral de la estrategia del Programa Global contra sida, el Dr. Jonathan Mann advirtió y denunció el gran nivel de negativa institucional y en las sociedades de todo el mundo para aceptar siquiera la existencia, no ya la dimensión de su peligro y amenaza, que representaba el VIH/sida.

El Dr. Mann, figura histórica y emblemática, envió equipos de trabajo a muchos países en desarrollo para discutir el problema del sida y hacer ver a los oficiales de gobierno y a las instituciones que de no hacer nada a tiempo, estos países podrían estar ante un riesgo inminente de sufrir una gran epidemia en sus naciones y en sus regiones. Mann siempre insistió en la idea de que el VIH era una crisis global, donde ninguna persona o nación podía ser una isla.

En el año 1994 yo me encontraba en una nación africana trabajando en asuntos de enfermedades tropicales y pude observar cómo mis colegas de la OMS enviados por el Dr. Mann eran constante y persistentemente rechazados en sus solicitudes para obtener audiencias con el máximo liderazgo político de la nación, concretamente con el entonces vicepresidente de ese país. Muy lamentablemente, si en ese momento se hubiera puesto la atención debida a la amenaza real advertida por el Dr. Mann, ese país no hubiera visto una evolución tan extraordinariamente dramática en el índice de prevalencia nacional de VIH de 1994 a la actualidad.

¿Y dentro de su contexto en las Américas? ¿Cómo ha vivido usted y de qué manera ha influido la homofobia, la discriminación o la falta de entendimiento y aceptación sobre la existencia de la enfermedad y las necesidades específicas de todos los que la sufren directa e indirectamente?

En todos estos años, también he observado en muchos lugares reticencia, dificultades al trabajo de mi equipo e impedimentos velados, encubiertos o disfrazados. Incluso dentro de la propia OPS, he notado en ocasiones una cierta negatividad por colaborar y abrazar abiertamente los esfuerzos programáticos contra el VIH, especialmente en algunos países donde la falta de conocimiento y aceptación han llegado a la mayoría de los niveles institucionales, incluyendo a veces personas asociadas directa e indirectamente con la OPS. Por suerte, esto está cambiando rápidamente. No podía ser de otra manera. El liderazgo de la Dra. Roses y de otros máximos oficiales y funcionarios de la Organización Panamericana de la Salud suponen un fuerte y decisivo espaldarazo a nuestra misión, constituyendo un aliento inestimable para seguir adelante y para no dar ni un paso atrás.

Como ha dicho en varias ocasiones la Dra. Mirta Roses Periago, la OPS despliega sus esfuerzos en materia de VIH para lograr el fortalecimiento de la capacidad nacional y el máximo aprovechamiento de los recursos y las alianzas. ¿Cómo describiría usted, como jefa de la Unidad de VIH de la OPS, el balance actual de todos estos trabajos emprendidos en los últimos 25 años?

Para la OPS ha sido un verdadero desafío mantener una posición sólida y fortalecida. Hace años, la OPS logró tener un gran enfoque centrado en los países. Sin embargo, los programas en vigor sufrieron mucho por un notable descenso en los recursos financieros para mantener las actividades, resultando imposible retener en los países a personal capacitado y dedicado a tiempo completo. El programa del VIH de la OPS experimentó una decaída substancial. Con todo, el lado positivo de ello fue que la unidad se vio forzada a buscar apoyos y a trabajar con otras agencias y otros actores. Y eso, por sí mismo, fortaleció la estructura y la red de acción emprendida.

En estos momentos, los niveles de financiación están incrementando y es por ello que auguro un importante fortalecimiento de los logros cosechados hasta la fecha, que son muchos y muy importantes.

Un reciente trabajo que la revista Newsweek titulado "Cómo el sida Cambió a los Estados Unidos", pone un gran detalle en explicar los cambios que ha experimentado la actitud pública e institucional en los Estados Unidos frente al sida desde que la enfermedad hizo su aparición hace 25 años.

El periodista David Jefferson resume este comportamiento como uno que pasó de la indiferencia a la negativa, y de la hostilidad al conocimiento para, finalmente, pasar del entendimiento a la acción. En este ciclo, y resumiendo, la enfermedad trajo al principio lo peor de las personas, pero luego mostró la mejor cara de humanidad.

¿En qué momento de ese ciclo ve usted esta transformación en la sociedad y en las instituciones y gobiernos de los países de América Latina y el Caribe?

Como dije anteriormente, cuando hablamos de la Región de las Américas, el momento no se puede definir con tanta precisión como la que puede lograrse de un país en concreto. Lo que pienso es que en mayor o menor grado, lo que observamos es una combinación y diferentes niveles de implantación de estos comportamientos y actitudes en sociedades, instituciones y en gobiernos.

Creo que en cualquier caso, en términos generales los gobiernos de prácticamente todos los países están en una etapa de entendimiento, aceptación y de acción programática. Sin embargo, el contexto social tiene todavía un largo camino por recorrer respecto a temas de sexualidad, estigma, discriminación y educación en escuelas. Algo semejante ocurre a nivel institucional y de empresa.

En cualquier foro o conferencia que se realice en las Américas o en cualquier otra región del mundo, Brasil siempre aparece como el gran destacado y campeón en la respuesta gubernamental y dentro de la sociedad frente al VIH/sida. ¿Por qué ha llegado a tener Brasil este nivel de liderazgo? ¿Qué es lo más importante que hace del trabajo de Brasil contra el VIH ser un modelo en todo el mundo?

Desde un primer momento, Brasil reconoció la posibilidad de una epidemia de grandes proporciones. Este es un país muy abierto en materia de sexualidad, y sus oficiales y la sociedad en su conjunto supieron usar esta gran apertura como un aliado magistral contra el desarrollo y la extensión de la enfermedad. Brasil tiene una política y una visión muy clara, muy abierta, respecto al VIH, y hace gala de campañas de comunicación general muy francas y muy directas, lo mismo que las destinadas hacia los jóvenes, la población de las prisiones, los trabajadores del sexo o los usuarios de drogas inyectables.

Antes nos habló de la importancia de los antirretrovirales. En este sentido, Brasil también se ha destacado por dar la medicación y el tratamiento a todas las personas que padecen esta enfermedad. ¿Cómo se ha logrado este acceso universal a medicamentos y atención médica?

Como indiqué antes, Brasil es una nación que desde el principio se ha tomado muy en serio el VIH. Y la evidencia de ello salta a la vista de todos, dentro y fuera del país. Trataré de responder a la pregunta con una experiencia personal que viví el año 2004 en Río de Janeiro y que ilustra muy bien la idiosincrasia del pueblo brasileño ante lo que esperan de las autoridades públicas respecto a acceso y obtención de los medicamentos y el tratamiento que miles de personas necesitan.

En diciembre del 2004 fui a Río de Janeiro y tuve ocasión de visitar las oficinas del programa municipal de sida de Río. En una sala de espera observé que había muchas personas en una larga fila, como esperando algo. Le pregunté a una oficial del programa para qué estaban allí todas esas personas, y en forma muy natural me dijo que estaban allí para demandar al gobierno de la ciudad caso de no recibir sus dosis de medicación. Se trataba de medicamentos de segunda línea fuera del régimen estandarizado, muy costosos y no producidos por Brasil. En sus manos portaban copias de los edictos de las cortes de justicia informando de la obligatoriedad de las instituciones de gobierno de proveer estos medicamentos de segunda línea. En otras palabras y para resumir, la gente en Brasil es consciente hasta las últimas consecuencias de que obtener su medicación antirretroviral, más allá de una necesidad de salud, es un derecho consagrado por el que las instituciones deben velar.

El ejemplo pone de relieve dos cosas: por un lado, que también existen problemas y dificultades diversas aún en los países con los mejores programas en respuesta al sida, como Brasil. Pero lo más importante a destacar es, en segundo lugar, que en Brasil muchas personas son conscientes de que tiene un derecho a la salud, y por ello, todos ostentan también el derecho legítimo a demandar legalmente a sus autoridades si este derecho universal no es atendido como es debido.

Tras todos estos años en la OPS y en la Organización Mundial de la Salud, imagino que le vienen a la cabeza muchas ideas, muchas experiencias y muchos recuerdos, especialmente al aproximarse ya la fecha cuando ha decidido el inicio de su jubilación. ¿Qué se lleva con usted de estos años de trabajo? ¿qué deja aquí en la OPS? y ¿en qué piensa dedicar su tiempo en su nueva etapa de vida, ahora que no va a estar dedicada al 100% a liderar los esfuerzos panamericanos de la OPS contra el VIH?

Lo que me llevo es mucho y no puede resumirse fácilmente.

En estos años he viajado extensamente por casi todos los países de Asia, toda Europa, muchas naciones de áfrica y todos los países de América Latina, con la excepción de Cuba, país que tengo la intención de visitar y que ojala sea pronto. Lo que me llevo conmigo es la amistad y el cariño de innumerables colegas y amigos, repartidos por todo el mundo.

Lo que me llevo es un amplio conocimiento y experiencia sobre problemas de salud y sus soluciones; el conocimiento y la aceptación plena de que siempre habrá una agenda inconclusa en salud, y especialmente en VIH. Me voy de la OPS con una clara preocupación por la situación del mundo, por el estado de precariedad internacional existente en muchos lugares del planeta, por la guerra en Irak, por la devastación medioambiental y por la falta aparente de conciencia internacional sobre la "huella humana" que estamos dejando en este planeta. Esta preocupación se transforma además en un deseo porque la ciencia logre crear una vacuna contra el VIH. Y marcho con innumerables recuerdos alegres por todo lo que hemos logrado gracias a la oportunidad que nos dio la OPS.

¿Y lo que deja en la organización?

Bueno, espero dejar aquí un fuerte programa de VIH para la Región de las Américas; un programa claramente centrado en los países. Entre todos mis colegas confío en dejar un sentimiento de que sí se puede, de que los problemas pueden solucionarse, y que el entusiasmo, la tenacidad y la dedicación dan resultados extraordinarios. Creo dejar un programa con un singular componente de comunicación que está logrando avances substanciales para la obtención creciente de un imprescindible apoyo por parte de socios y actores muy diversos entregados a la causa del desarrollo y la mejora global de todos los pueblos, especialmente de los más vulnerables y de aquellos en desarrollo.

Finalmente, Dra. Vlassoff, ¿cuáles son sus planes a corto, medio plazo?

Pienso dividir mi tiempo entre Canadá y Costa Rica. Lo que más deseo es poder dedicarle tiempo a mi nuevo pasatiempo, la escritura creativa, esperando poder escribir libros para niños en español, y leérselos a los pequeños en mi barrio de Quepos. Llevo años dedicada a la observación amateur de aves y pájaros, y deseo ahora tener el tiempo para añadir más especies a mi lista. También quiero dedicar mi tiempo a actividades de voluntariado en organizaciones que realicen una gran labor. También renovaré mis actividades de enseñanza como profesora en el departamento de Medicina Comunitaria y Epidemiología de la Universidad de Ottawa, donde enseñaré y me dedicaré también a la investigación. En este sentido, espero poder retornar a la India para escribir un libro sobre tres décadas de cambio en una aldea del estado de Maharashtra, donde hice una investigación previa en 1975 y en 1987.

 

Para mayor información, b-roll y fotografías por favor comunicarse con , Area de Información Pública, tel. 202-974-3699, fax 202-974-3143.