La Medicina Tradicional es un tema supremamente diverso dentro del contexto multicultural del Estado Plurinacional de Bolivia. Debido a que cada Pueblo Indígena, y no olvidemos que oficialmente son 36 en el país, contiene su propio concepto de salud y enfermedad, nos vemos ante una amplia gama de Medicinas Tradicionales. Es por esto que la Organización Panamericana de la Salud tiene una mente abierta ante los criterios de salud y medicina que cada uno de los Pueblos Indígenas del país tienen como propios.

      Es factor común dentro de las Medicinas Tradicionales comprender las enfermedades del cuerpo en conexión con enfermedades de la mente. Desde el punto de vista occidental se comprendería esta dialéctica entre cuerpo y mente de la siguiente manera. El cuerpo humano es un sistema perfecto y, salvo la vejez como factor natural de la muerte, las enfermedades provienen de agentes externos. Estos agentes externos en la Medicina Natural se comprenden como desbalances de la dinámica natural del cuerpo. Hasta este punto la cuestión no varía significativamente de la Medicina Occidental pero es cuando se toma en cuenta la importancia de la mente dentro de la enfermedad que la Medicina Tradicional toma otro giro.  La Medicina Occidental trata los síntomas de las enfermedades con medicamentos eficaces haciendo énfasis en la enfermedad física ya que es inminente y la amenaza de muerte, inmediata. La Medicina Tradicional, aunque tiene repertorios de medicamentos de origen herbal y animal, se centra más que todo en los hábitos del enfermo. Los hábitos del paciente son algo que desde la Organización Panamericana de la Salud se busca corregir desde la Promoción de Salud, mostrando los correctos hábitos de vida para prevenir la enfermedad. Promocionar la salud puede sugerir la corrección de los hábitos, o crear buenos hábitos en las generaciones emergentes, pero en individuos donde los malos hábitos se han cristalizado debido a que los han tenido por mucho tiempo, se vuelve difícil combatir estas costumbres con solo mensajes.

      Los malos hábitos de toda índole tales como los alimenticios o las adicciones, están profundamente arraigados en la estructura psicológica del individuo. Cualquier acción que se lleve a cabo prolongadamente deja de requerir voluntad consciente y se convierte en un proceso automático el cual puede ser un buen hábito o un mal hábito. Estos automatismos son creaciones naturales de la mente (y no solo la humana) para promover la adaptación a una situación recurrente. Lastimosamente esta adaptación no tiene necesariamente una connotación positiva y cuando el acto repetitivo es dañino, en muchos casos puede asimilarse hacia los procesos involuntarios de la mente, generando de esta manera un automatismo de un mal hábito.

     Cualquier persona que haya sufrido enfermedades a causa de un mal hábito sabe lo difícil que es acabar con estos hábitos automáticos de la mente, los cuales con el tiempo se vuelven adicciones dentro del balance químico del cuerpo. En la Medicina Occidental hay un amplio repertorio de medicamentos para atacar los productos de estos automatismos dañinos pero difícilmente se trata el origen del problema que es la mala costumbre arraigada en el inconsciente del individuo. El médico le sugiere, y en casos es imperante con el paciente en cuanto a los malos hábitos que debe dejar, pero se requiere más que una amonestación para acabar con los automatismos del cerebro humano.

     Es aquí donde entra en juego el factor característico y único de la Medicina Tradicional que es el proceso ritual. Se crítica mucho a los procesos rituales de muchas Medicinas Tradicionales y Alternativas, pero estos procesos, y bien sea dicho —si son llevados a cabo a exactitud- son los únicos que pueden, mediante la sugestión, afectar directamente los procesos inconscientes del cerebro en donde se encuentran arraigados los automatismos. Toda acción que se hace por segunda naturaleza deja de ser hecha por la consciencia y se transforma en un proceso inconsciente de manera que el inconsciente es el blanco de los procesos rituales, los cuales con música y otros procesos de sugestión afectan directamente estas zonas. Claro está que es supremamente complicado saber qué tipo de sugestión ritual estimula cuál parte del cerebro en donde se encuentra tal o cual automatismo responsable de un mal hábito que a su vez causa una enfermedad, pero precisamente ha sido este conocimiento el que los Pueblos Indígenas han perfeccionado a través de los siglos.

      Este conocimiento debe ser protegido y estimulado para que los rituales que desde siglos atrás han sido capaces de corregir los automatismos de malos hábitos (los cuales en occidente son responsables de muchas enfermedades) no pasen a ser solamente rituales de índole cultural y de identidad. Es necesario salvar la esencia de este aspecto de la Medicina Tradicional así como las plantas y animales que usan para apoyar estos procesos.