“Fortaleciendo las políticas públicas en salud para mejorar la calidad de vida de los jóvenes en Iberoamérica”. Cartagena, Colombia.

"Muy buenos días. Me es muy grato saludarles esta mañana.

Excelentísimo señor Ministro de Salud, doctor Alejandro Gaviria Uribe
Doctora Mariangela Rebuá de Andrade Simoes
Doctora Gina Magnolia
Excelentísimos señores ministros y viceministros de salud
Distinguidos representantes; señoras y señores.

En primer lugar me gustaría manifestar mi gratitud al señor Ministro por esta invitación. Es un placer para mí, así como para la Organización Panamericana de la Salud, poder formar parte de la decimoquinta Conferencia Iberoamericana de Ministros de Salud.

Debo reconocer lo certero que fue que usted, señor Ministro, en centrar la conferencia en los retos para mejorar la salud y la calidad de vida de los jóvenes. Estas generaciones jóvenes tendrán la oportunidad de llevar adelante su vida y de ejercer sus derechos en una Colombia consagrada a la paz.

El Acuerdo de Paz al que se ha llegado recientemente, señor Ministro, nos colma de alegría y entusiasmo. Esta nueva etapa será fundamental para alcanzar logros aún mayores en cuanto al acceso universal a la salud para todos los colombianos y cada uno de ellos.

Debemos asegurarnos de que se convoque a la juventud en nuestros países para que sea un actor clave en la paz y el desarrollo. Tenemos por delante la gran oportunidad de mejorar la calidad de vida de la población joven gracias al impulso considerable que ha cobrado recientemente la salud de los adolescentes y jóvenes en el ámbito mundial.

En los Objetivos de Desarrollo Sostenible se hace referencia varias veces a la importancia fundamental de las personas jóvenes —quizás no demasiadas como quisiéramos, pero las suficientes para nuestra labor— y los adolescentes han sido incluidos como un grupo destinatario clave en la Estrategia mundial para la salud de la mujer, el niño y el adolescente (2016-2030) (dos mil dieciséis al dos mil treinta).

En el prólogo a esta estrategia, el Secretario General de las Naciones Unidas afirmó que en ella se incluye a los adolescentes “porque son fundamentales para todo lo que deseamos lograr y para el éxito general de la Agenda 2030 (dos mil treinta)”.

En la Región de las Américas varios países están en un período de transición demográfica, pasando de tasas altas de nacimiento y mortalidad a tasas bajas de fecundidad y mortalidad y una esperanza de vida más larga.

Esto genera un posible dividendo demográfico para promover el rápido desarrollo por medio de inversiones estratégicas en la educación, el desarrollo social y el desarrollo de la fuerza laboral.

En la actualidad se estima que 37% (el treinta y siete por ciento) de la población de América Latina y el Caribe son adolescentes y jóvenes entre los 10 (diez) y los 24 (veinticuatro) años de edad, unos 237 (doscientos treinta y siete) millones en total, la mayor cohorte en la historia de América Latina y el Caribe.

Esta importante cohorte de adolescentes y jóvenes que tiene nuestra Región en la actualidad es un regalo, un potencial que debemos aprovechar al máximo y utilizar sabiamente.

El compromiso de la OPS de mejorar la salud y el bienestar de la población joven es de larga data, como se estableció en la estrategia y el plan de acción regionales sobre la salud de los adolescentes y jóvenes, adoptados por los Estados Miembros de la OPS en el 2008 (dos mil ocho) y 2009 (dos mil nueve), respectivamente, que sigue siendo un asunto prioritario en la Región.

El plan de acción del año 2009 (dos mil nueve) fue ambicioso y tuvo visión de futuro.

En él se promovió un enfoque multisectorial y se propusieron medidas concretas con metas e indicadores claramente definidos para evitar la muerte de adolescentes y jóvenes; reducir el consumo de alcohol, de tabaco y de sustancias ilícitas; promover la salud mental, y reducir los factores de riesgo de las ENT y fortalecer los factores de protección.

Sin embargo, si analizamos las metas y los indicadores de mayor impacto, el progreso ha sido limitado.

La tasa de mortalidad en adolescentes han empeorado en lugar de mejorar, y el homicidio, el suicidio y los traumatismos causados por el tránsito son las principales causas de muerte en la población joven, todas ellas prevenibles.

Hemos observado una leve tendencia descendente en cuanto a la fecundidad en las adolescentes. Sin embargo, esta reducción ha sido limitada y desigual entre los países y dentro de ellos. Nuestra Región es también la única con una tendencia ascendente con respecto al embarazo muy precoz, en niñas menores de 15 (quince) años de edad.

La nutrición sigue planteando retos importantes en nuestra Región. En los países que cuentan con datos hemos observado que la obesidad es un problema cada vez mayor con respecto a nuestros jóvenes, aunque, al mismo tiempo, también estamos viendo niveles significativos de anemia e incluso de hambre.

Nuestra población joven sigue teniendo que hacer frente a importantes barreras legales, de política y de la sociedad para acceder a los servicios de salud, incluidos los servicios de salud sexual y reproductiva.

Son muchos los retos que persisten para garantizar la salud y el bienestar de nuestros adolescentes y jóvenes.

Creo firmemente que todos los que estamos reunidos hoy aquí tenemos la oportunidad de aprovechar el reciente aumento de la atención y el impulso mundiales con respecto a la salud de la población joven, de redoblar nuestros esfuerzos y de aumentar nuestras inversiones.

Tenemos que asegurar que los adolescentes y jóvenes, en especial los que se encuentran en situación de vulnerabilidad, tengan acceso sin discriminación alguna a servicios de salud que sean integrales, apropiados, oportunos, receptivos a las cuestiones de género y de buena calidad, incluidos los servicios de salud sexual y reproductiva.

Además debemos forjar alianzas intersectoriales que incluyan al sector de la salud y de la educación, al sector privado, a los padres, a las organizaciones comunitarias y a los propios jóvenes a fin de llevar adelante estrategias integrales para promover la salud y el bienestar tanto de los adolescentes como de los jóvenes.

Nuestra fecunda trayectoria de colaboración entre la Cumbre Iberoamericana, esta Conferencia, la Secretaría General Iberoamericana y la OPS servirá sin duda alguna de plataforma para ejecutar gran parte de estas medidas y hacer frente a los retos pendientes en torno a la salud de la población joven.

Trabajemos juntos para cumplir las aspiraciones que tienen nuestros ciudadanos con respecto a la equidad en la salud, la dignidad humana y las oportunidades económicas y sociales.

Muchas gracias".