Esta opinión fue publicada originalmente por Devex
Autores: Dr. Anselm Hennis y Dr. Fabio Gomes

Los productos ultraprocesados son alimentos y bebidas que han pasado por tantas etapas de procesamiento industrial que el producto final contiene muy poco o nada de alimento real, por no hablar de su valor nutritivo. Estos productos ultraprocesados no solo contienen mucha azúcar, grasas y sodio, sino que también contienen abundantes aditivos creados para imitar y mejorar el sabor real de los alimentos, por lo que terminamos consumiendo aún más. Además, los productos ultraprocesados se crearon para permitir que uno los coma rápido y sin necesidad de sentarse para hacerlo, y los consumimos prestando atención a otras actividades, casi sin darnos cuenta de que estamos comiendo. La consecuencia es que transcurre menos tiempo entre comer y sentir hambre nuevamente, y se trastoca la tradición de sentarse con familiares y amigos a comer alimentos reales en horas específicas.

En el 2016, 1,9 millones de personas de América Latina y el Caribe murieron debido a complicaciones producidas por afecciones de salud relacionadas con la alimentación como la hipertensión, la hiperglucemia y la obesidad, las cuales pueden causar enfermedades cardiovasculares, diabetes y algunos tipos específicos de cáncer. El aumento del consumo de productos ultraprocesados y bebidas azucaradas en los últimos tres decenios ha deteriorado la salud de la población en toda América Latina y el Caribe; hoy en día, esta alimentación poco adecuada es un factor importante en más de la mitad de todas las defunciones. Además, se calcula que el consumo de productos procesados ha generado en total 46 millones de años de vida sana perdidos por enfermedades y muertes prematuras en esta subregión. En Chile, Ecuador y México, que representan una cuarta parte de la población que vive en la subregión, solo por la obesidad los costos anuales de atención de salud han llegado a 11.600 millones de dólares.

Algunos pueden alegar que el consumo de productos ultraprocesados es cuestión de opción personal y responsabilidad individual. Sin embargo, considerando el imparable avance de la mercadotecnia y la disponibilidad irrestricta de productos que se procesan a costos bajos y con ingredientes poco saludables, y tienen como objetivo generar un máximo de ganancias a expensas de la salud, no es difícil ver que, igual como ocurrió con el tabaquismo, los gobiernos deben hacer mucho más para proteger la salud de sus ciudadanos.

Algunos países de América Latina y el Caribe ya están allanando el camino en la lucha contra los productos ultraprocesados y las enfermedades no transmisibles (ENT) relacionadas con la alimentación, para que se respete el derecho humano básico a la salud y se le dé prioridad.

Por qué es importante tener reglas

La obesidad y otros trastornos de la nutrición son determinados por el entorno en el que viven las personas, tanto el entorno físico como el económico, y afectan desproporcionadamente a los grupos vulnerables, en particular a los de ingresos bajos. En general, los productos ultraprocesados están disponibles a un costo bajo y requieren poca o ninguna preparación: están listos para comer, listos para calentar o listos para mezclar, por lo que son atractivos para los grupos en riesgo. Por consiguiente, es esencial que se adopten las medidas apropiadas para brindar un mejor apoyo a las personas de manera que tomen las decisiones más sanas en cuanto a su alimentación.

En respuesta a la epidemia de obesidad en la niñez, los países están pasando a la acción al adoptar medidas normativas para reducir la oferta y demanda de productos que promueven el aumento de peso y la obesidad y las enfermedades relacionadas. Por ejemplo, México fue el primer país de la Región de las Américas en afrontar el problema de las bebidas azucaradas aumentando los impuestos a estos productos. Esto generó una reducción de 5,5% en las compras de los consumidores en el 2014 y de 9,7% en el 2015. Aunque todavía es demasiado pronto para analizar la repercusión de esta medida en las ENT, se proyecta que una reducción de 10% en el consumo de bebidas azucaradas en los adultos en México se traducirá en 189.300 casos menos de diabetes y 20.400 casos menos de accidentes cerebrovasculares, y salvará la vida de 18.900 personas entre los años 2013 y 2022.

Aumentar los precios por medio de políticas fiscales que puedan reducir de manera eficaz la asequibilidad de los productos poco saludables es una manera de lograr que los productos ultraprocesados y las bebidas azucaradas sean menos accesibles, pero la mercadotecnia masiva de estos productos, a menudo dirigida directamente a los niños, promueve su consumo.

En Chile, está prohibido que las empresas hagan publicidad de productos poco saludables ¾incluidos los que tienen un alto contenido de calorías, azúcar, grasas saturadas y sodio¾ dirigida a menores de 14 años. Desde junio del 2016, el país también está aplicando una ley para que todos los productos procesados poco saludables tengan en el frente del envase etiquetas de advertencia sobre los contenidos nutricionales. Se ha estimado que, en el primer año de aplicación, estas políticas tuvieron una influencia positiva en 92% de la población en lo que respecta a tomar decisiones saludables al hacer las compras. Además, la medida también alentó a las compañías a modificar sus productos: para diciembre del 2016, aproximadamente 18% de los productos habían sido reformulados, según informes suministrados por las propias empresas.

También es importante mejorar el entorno escolar. En Brasil, la política nacional de alimentación escolar ha prohibido la venta de bebidas azucaradas y restringido la compra de productos ultraprocesados en el programa nacional de comidas escolares del país. Esta política ha ayudado a que los niños seleccionen alternativas más saludables, y ahora hay 78%, 25% y 21% más probabilidades de que los estudiantes de las escuelas públicas consuman con regularidad frijoles, frutas y verduras, respectivamente, que los estudiantes que asisten a escuelas privadas.

Aunque estas medidas son apenas la punta del iceberg, muestran el enorme potencial que tienen los programas para abordar el efecto que el consumo de alimentos y bebidas poco saludables puede tener en la salud y el bienestar en la Región.

¿Qué podemos hacer?

Con el propósito de promover la buena salud y reducir el impacto negativo que tienen los productos ultraprocesados en la salud de quienes viven en la Región de las Américas, en el plan quinquenal de la Organización Panamericana de la Salud para prevenir la obesidad en la niñez y la adolescencia, aprobado por unanimidad por los gobiernos del continente, se presenta una serie de recomendaciones con el fin de alentar la promoción de una alimentación más sana. Entre esas recomendaciones se encuentran las siguientes:

  • aplicación de impuestos a las bebidas azucaradas y otros productos ultraprocesados para reducir su asequibilidad;
  • prohibición de la publicidad de las bebidas y los alimentos ultraprocesados que aumentan la carga de las enfermedades no transmisibles;
  • etiquetado en el frente de los envases para que los consumidores puedan reconocer con facilidad los productos no recomendados en una alimentación saludable;
  • reestructuración de los entornos alimentarios (incluidas las escuelas, los lugares de trabajo, las prisiones, las universidades y los establecimientos institucionales, entre otros) para que las compras se centren en alimentos mínimamente procesados que sean frescos y locales, y promuevan la salud pública, el medioambiente y un crecimiento socioeconómico equitativo.

La Organización Panamericana de la Salud brinda apoyo a los países en la formulación de políticas para abordar las ENT al redefinir el entorno alimentario, fortalecer la salud en la Región, contribuir al desarrollo sostenible y asegurar que todos puedan ejercer plenamente su derecho a la salud. Solo mediante la adopción de medidas claras para hacer frente a los productos ultraprocesados, la población de América Latina y el Caribe en particular y el mundo en general puede tener una vida más saludable.